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| Ludwik Margules |
viernes, 9 de agosto de 2019
Reflexiones ajenas por Rodolfo Usigli
Por: Emil Emilio Labrocha
Alrededor de los años 30 del siglo pasado, Siglo XX,
las vanguardias artísticas toman por asalto al teatro en México, tal como lo
habían hecho en el mundo occidental hacia ya unos cincuenta años atrás,
principalmente con la intervención del colectivo teatral denominado el Teatro
de Ulises que estaba integrado y liderado por importantes poetas y dramaturgos
mexicanos: Salvador Novo (1904-1974), Xavier Villaurrutia (1903-1950) y el
tabasqueño Celestino Gorostiza (1904-1967); todos ellos constituían un grupo
literario conocido como “Los Contemporáneos”.
El Teatro de Ulises (1928), trajo a la escena
mexicana las visiones de renovación teatral que se producía en otras partes del
mundo, desafiando el repertorio dramático español, los espacios teatrales y los
métodos de profesionalización al estilo de la vieja escuela. Introduciendo
autores como Eugene O’Neill, Jean Cocteatu, Luigi Pirandello, Jean Giroudoux o
Agust Strindberg; revelándose contra las formas convencionales de la sala
teatral y de las técnicas actorales; este teatro fue de los primeros en
establecer los que hoy se pudiera categorizar como el teatro de
experimentación. Sin embargo, el Teatro de Ulises tuvo una corta vida, su
continuidad se prolongó en lo que se conocería como el Teatro Orientación
(1932). Por su parte Salvador Novo fundó el Teatro La Capilla (1950) que
llevaría a escena a Samuel Beckett y Eugéne Ionesco.
Los herederos de está experimentación teatral serán
los jóvenes poetas y dramaturgos de la generación de los años cincuenta, entre
los que encontramos al veracruzano Emilio Carballido (1925-2008), al michoacano
Sergio Magaña (1924-1990), a Luisa Josefina Hernández (1928), a Rosario
Castellanos (1925-1974), a Rafael Solana (1915-1992), a Luis G. Basurto (1920-1990),
a Elena Garro (1920-1998), a Jorge Ibargüengoitia, (1928-1983); mismos que
vendrán a fortalecer enormemente la literatura dramática y la teoría teatral,
escribiendo y dirigiendo.
Sin embargo, la piedra angular de nuestro teatro
nacional desde la dramaturgia, teoría, formación, práctica y producción será
Rodolfo Usigli (1905-1979). Él fue un dramaturgo, poeta y escritor que a través
de su rigurosa escritura teatral fundó el teatro nacional moderno, mismo que
fue ocupado, operado y protagonizado por la generación formada por sus alumnos.
Emmanuel Carballo escribió sobre Rodolfo Usigli: “Para
comprender el pensamiento de Rodolfo Usigli, hay que recurrir a sus múltiples
ensayos, unos escritos como parte del género ensayístico y otros como apéndice
a obras dramáticas a manera de prólogos o epílogos; además, habría que incluir
los pensamientos de su autor permeados entre los diálogos de sus personajes y
en las acotaciones de sus obras. Usigli nunca pone palabras en la boca de sus
personajes sin ton ni son; no piensa por los personajes, sino que piensa en
ellos. No fue un filósofo que dejó constancia de su pensamiento creador; no fue
un sociólogo pero sí un reformador de su sociedad; tampoco un psicólogo pero
llevo a cabo -junto a Samuel Ramos y Octavio Paz- uno de los mejores análisis
del mexicano. Así que mientras recorría su itinerario de autor, vivía
preocupado por las ideas, por transformar su sociedad y por definir la
identidad de los mexicanos. Aledaño a su pensamiento humanista, está su poder
de objetivación; verse y vernos como objeto, no como sujeto; utilizar la
literatura para objetivarnos. Mira a México y a los mexicanos con ojos
externos, como si no fuera mexicano, mientras que en lo íntimo amaba tanto a su
país. Usigli fue mexicano por nacimiento y por propósito, aunque no por
herencia familiar: su madre había nacido como austro-húngara y su padre,
ítalo-africano”.
Así, Rodolfo Usigli ciudadano del teatro,
completísimo, emprendió varias empresas teóricas teatrales entre ellas, “México
en el teatro”, (1932), una relación biográfica del teatro realizado en México
durante los últimos cuatro siglos; “Itinerario de un autor dramático”, (1940);
también escribe “Anatomía del Teatro”, (1934), un ensayo teatral donde toma
como metáfora la analogía del cuerpo humano con el corpus teatral. “[…] la
anatomía del teatro se asemeja a la humana, y tienen sitio en la cabeza los
técnicos y el crítico que piensa; los oídos, los ojos y el estómago son el
público, y la nariz que olfatea, el empresario; la garganta y la lengua el
actor; los pies, el edificio asentado y móvil a la vez; y las manos, los
tramoyistas y utileros. Pero el autor es la sangre y la respiración […] A lado
de estas cábalas del universo teatral, Usigli presenta un ensayo denominado
“Las tres dimensiones del teatro” (1959); donde plantea que el teatro mexicano
requiere de expresión, pasión y fascinación, como medida correctiva al
silencio, la inercia y la fuga que caracterizan el teatro mexicano.
Definitivamente Rodolfo Usigli es el antecedente
teórico más relevante para el teatro mexicano de nuestros días. Es el fundador
de la idea de “mexicanidad” en la producción teatral y es un pensador profundo
del fenómeno de la escena que a través de estos ensayos, los prólogos a sus
obras dramáticas y las propias obras dramáticas modifico la manera de ver,
hacer y discutir la práctica teatral, sin embargo, como en muchas otras
ocasiones, no ha sido del todo reconocido ni estudiado suficientemente; padecer
no exclusivo de él sino del teatro en general, ante la narrativa, las artes
visuales y la música.
Usigli, trabajó durante un periodo que facultó al
director de la escena como el amo y señor del reino, es decir la llamada
“entronización del director”, esto quería decir que los dramaturgos se
convierten en directores desde el texto literario con el recurso de las
acotaciones o el texto dramático pasaba a un segundo plano, en la puesta en
escena. Durante la década de los años setenta, surgen varios dramaturgos
herederos de la escuela de Usigli y de la generación de las dos décadas
anteriores, para ser exacto dos generaciones anteriores: la Generación
Intermedia y la Nueva Dramaturgia Mexicana. Varios nombres encontramos aquí:
Óscar Villegas, Tomás Espinoza, Miguel Ángel Tenorio. También Luisa Josefina
Hernández o Hugo Argüelles influyeron en autores como Óscar Liera, Sabina
Berman o Víctor Hugo Rascón Banda, Gerardo Velásquez y Alejandro Licona.
Fue precisamente en esta décadas de los años sesenta
y setenta que a la par de un movimiento dramático joven, irreverente, donde la
dramaturgia ya se había condenado a la marginalidad y a la negación, surge una
generación de directores de escena, continua Emanuel Carballo: “como motor y
autor último del espectáculo. Era posible hacer una obra teatral con una novela
o con el directorio telefónico, o sin texto o sin estructura. La teatralidad
había al fin ganado la escena, entendiéndola como todo aquello que convierte a
cualquier escenario y acción humana en una caja de Pandora del asombro y la sorpresa.
La espectacularidad, cargada de alto voltaje, avasallo los teatros y se
extendió a espacios no convencionales para las artes escénicas como frontones y
demás. Se mataban pollitos o se rompían pianos sobre las tablas, ocurría el
primer desnudo teatral (primicia que se pelean Jodorowsky y de Tavira), el
lenguaje de calle se incorporaba sin ninguna censura, “hacer el amor en lugar
de la guerra”, la escena había cambiado definitivamente.
El retablo de directores que integran este movimiento
estaba integrado, entre otros, por: Héctor Mendoza, Juan José Gurrola, Julio
Castillo, Alejandro Jodorowsky (que con 20 años de residencia en México, aportó
un legado valioso y versátil para la escena mexicana), Ludwik Margules, Luis de
Tavira, Germán Castillo, José Caballero. Con esta experimentación radical en la
escena y con el alto perfil como creador artístico que adquiere el director de
escena, era evidente que la exigencia interpretativa y actoral tendría que
modificarse ampliamente. Muchos directores de escena se sumaron a proyectos conjuntos
de formación de actores como es el caso de Héctor Mendoza, Julio Castillo, Raúl
Cermeño, Ludwik Margules y Luis de Tavira.
Probablemente de ahí surgieron las principales
Escuelas de Teatro en México, mismas que han formado a estos que somos hoy y a
los que todavía no vienen pero que ya marchan en la intuición de hacer una
carrera en la actividad teatral. Lo que resulta complejo es que toda está
herencia cultural, literaria y teatral, tan escuetamente mencionada, jamás es
asumida cabalmente, mucho menos conocida como el patrimonio cultural
invaluable. Todos los diagnósticos, reflexiones, críticas y aportaciones a la historia
del teatro mexicano, siempre parten de la idea que venimos de la nada y que por
tal razón, hoy por hoy, no hay nada.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Acrostico
Sabia virtud ha sido
amarte apasionadamente
raro todavía
ahora cuando
interiormente callo al
torbellino tumultuoso de
historias de otros ayeres
Retardatarios, tormentosos
uraños, volubles
baldía y yerma fue entonces mi
alma rescatada por tu
lealtad
cariño
amor a prueba de
balas cargadas de purulencias
amorosa siempre
Levantaste el rostro
enfrentando la
desdicha campeante
esperanza atenta
sostuviste mi ánimo
maltrecho y azorado con
amor, sinceridad solidaria
apego invicto
que te nombra y describe
viernes, 21 de noviembre de 2014
El abismo de la noche
El abismo de la noche,
no es como otros abismos,
tiene fondo:
susurros,
besos amorosos,
gritos desgarrados,
silencios interminables,
risotadas;
maullidos placenteros de gatos en los tejados.
El dolor es también un ilustre apellido
que acompaña al insomnio,
continuo,
sistemático,
exhaustivo, voraz…
Estamos desarmados como sueño en andrajos
los dos;
las cuatro piernas,
las dos caderas,
las manos.
Insomnios con los ojos
y los dientes apretados:
y me aferro a tu cuerpo
turgente,
sinuoso,
cálido.
Tal y como asevera Brecht:
“Cargo el tabique para
que se vea el tamaño de la casa”.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Veo a través de la ventana
Veo a través de la ventana
el mar llevándose la arena:
arena que en otro vida
fue duna, castillo, muralla, trinchera;
morada…
La vida se extingue,
lo sabemos,
la novedad es que la mía
tiene fecha de caducidad.
Me muero cada amanecida,
cada mediodía,
cada atardecer.
Ni el mar con su espuma
de canción de Cri Crí
lava mis huesos mordidos
por un fantasma en forma de
coyote.
Hubiera deseado llegar
a éste ahogo con menos aire
en los pulmones;
menos tinta para el papel;
menos esperanzas, deseos;
anhelos incumplidos.
Hubiera deseado menos
cosas jamás concluidas:
no canto mi epitafio;
tengo mi caneca propia
esperando en el dintel
de la puerta sonriendo.
Traspaso con ironía la
frase aquella de Cervantes:
“”os hacen merecedora
del merecimiento que merece
la vuestra grandeza”
Señora mía.
Miro mi cara y pómulos
en el espejo
y reconozco la esperanza,
mi fe,
mis sueños de saltimbanqui,
mis búsquedas de escriba,
mis conocencias de amigos.
Hay tanto por esculcarme
en la faldriquera...
Tanto por hacer
y tan poco tiempo.
Me reprocho tantas cosas;
pero no me arrepiento.
El pasado es una nostalgia;
ineludible camino al olvido.
El futuro une certezas
con el grito desesperado
de un mutante.
Veo por la ventana
y la arena sigue luchando
con el agua salada:
como estas lágrimas
resbalando por mis mejillas
resecas.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Me pregunto
Me
pregunto como con palabras claras, literales frases, oraciones precisas
responder la pregunta recurrente: “¿Por qué me amas?”.
Primera
aclaración: Quisiera tener la verbalidad florida de un poeta; sintetizar este
cúmulo de sentimientos, ilusiones, anhelos que me provocan el excitante roce de tus dedos tibios; el
chispoteante fulgor de inteligencia que chispotea en el fondo de tus pupilas;
el embravecido mar aventurero de tu sonrisa al verme; la calidez de tus labios,
que sin ser carnosos y abrasadores, me rompen el centro del equilibrio; las mil
y un carretadas de ilusiones y anhelos comunes que nos unen y ponen tan
cercanos; el silbante rumor de tu timbre de voz que me envuelve; el
burbugueante sentido del humor que me seduce con sus salidas ocurrentes e
inesperadas; me atrapa tu sabiduría de mujer. Quiero encontrar la definición
exacta. Pero el hecho sólo de intentar develar este misticismo exótico es en sí
mismo ya una profanación.
¿Qué
por qué te amo?
Porque
eres tu.
Segunda
aclaración: sólo sé que es una certeza que se refuerza cada vez que me pierdo
en la dimensión universal de tus pequeños brazos amoroso y cálidos.
Te
amo, porque me has enseñado a creer que confiar en ti es posible. He sido un
descreído sin fe. Y porque mi voluntad esta puesta en el sentido, interés y
certeza de que puedo ofrecer las confiables evidencias de que tu puedes confiar
en mi; entiendo por lo tanto, que cualquier claroscuro no clarado
suficientemente es como esa letra chiquita de los contratos bancarios que en
cualquier momento pueden estallar irremediablemente.
¿Qué
cómo sé que te amo?
Porque
no hallo los conceptos precisos para decírtelo.
Porque
llenas todos y cada uno de los rincones de mis esperanzas y espectativas.
domingo, 9 de noviembre de 2014
...
Toda relación humana
es una construcción.
¿Cómo se cimenta?:
En ilusiones, anhelos, intereses.
De ahí que
sin vínculos las personas
se extinguen; desaparecen.
Vivimos en el presente:
el pasado es sólo recuerdo,
nostalgia; y el futuro,
no existe.
El aquí y ahora es el presente,
tan efímero que se evapora
tan rápidamente que de
inmediato se transforma
en pasado; y no es cierto
que se construya el futuro,
ciertamente si no existe,
no puede haber construcción.
Para el pragmatismo,
sencillo es construir relaciones
simples, poco complicadas.
Habría que aclarar que,
las arquitecturas monumentales,
verdaderamente complejas;
mientras más inmensa y grande
la estructura,
mayores son los cimientos.
Viviendo en un momento
(siglo XXI) donde el individualismo
extremo que atenta contra todo
-hoy todavía me pregunto
si no siempre fue así-,
desarticula las construcciones o
simplemente, no les permite
germinar, nacer, hacer raíz.
Pero es obvio que
los vínculos entre las personas
viven el momento más crítico,
trágico de su historia.
Aunque el poeta de Parácuaro
tenga la razón: “y todo
¿para qué?”.
Miserias y mentiras
La
ultima vez que me dijo con sinceridad: “No sabes lo que me importas”. Fue un
par de días antes de iniciar la embestida: “Necesito espacio, tiempo para mi…
Siento que eres demasiado intoxicante, posesivo, controlador, obsesivo, asfixiante…
Si tenemos otra casa podré tener tiempo… Espacio… Otra casa que yo, por
supuesto, compraré para estar más tranquila”. Pensé que tal vez sí, tenia
razón. No me importó mucho, en realidad el amor estaba estancado por la
costumbre, el trabajo y la familia creciendo: la casa que construimos era
suficientemente grande, espaciosa y cómoda para nosotros y los hijos pero,
ella, decía necesitar espacio.
No
más de dos o tres meses después nos vimos en una fiestecilla, mientras que yo
jugaba con mis hijos, con un muy mi compadre que luego de dos tragos me dijo:
“En verdad que me siento mal, compadre… Pero, te falle… Hace tiempo quería
hablar… Como amigo te no hice lo que debía y lo sé… ¡Amigos del alma siempre
cabrón! Entiendo que un fallo es un fallo… Compadre, tu entiendes: uno no es
siempre la fortaleza que debiera… Pero de verse, de estar juntos tantas horas y
ella… Tan frágil y necesitada de comprensión con tanta indiferencia de tu
parte… Monotonía. Incomprensión; tanta que ni juntos están, siempre. Y sabes,
comprendes, ¿verdad? Todo es empezar y luego lo que le sigue es natural… La
pena me quema la cara, compadre…”
Sentí
que me ahogaba, sólo un necio no comprende… Y ella me miró con la cándida
expresión similar a “necesito espacio y mi propio tiempo..” En serio que en ese
momento, moviendo la cabeza para salir del entumecimiento, pensé en darles un
par de balazos, justificada estaba mi cólera pero al mismo tiempo, con uno de
mis hijos en los brazos, el pensamiento de mandar todo al diablo y aguantar el
ridículo –los cachos es lo de menos-, la indignación, las burlas del circulo de
amistades que seguramente ya reían a mis espaldas; la presencia de mis hijos
pudo más. No proferí maldiciones como la ira mandaba. No hice aspavientos. Y me
quedé quieto, secándome por dentro. Con la puerta abierta de mi casa a mis
hijos y muchas veces a ella, que venía a buscar algo faltante en su alacena.
Mi
buen compadre no tomó posesión de la casa nueva por dos razones definitivas:
Que su “dichosa” relación duro poco y porque su propia mujer no fue tan
condescendiente como yo. Pasaron volando cinco años de puertas abiertas a mis
vástagos, de despelucadas a la alacena, almohadas, cobijas y una que otra
exigencia. Por mi parte, como los armadillos, me enconché en el silencio, las lecturas
y mi vida pública que nunca mostró desdoro –bueno, eso creo-.
Al
final de esos cinco años: los milagros existen. Inicie una relación propia, con
todos los resabias y conflictos que un mal sabor siempre deja; pero bajo el
anhelo de encontrar un poco de luz, felicidad y alegría. Avanzando a tientas,
sin prisas, midiendo de a poquito cuanto te entregas y vas reconociendo el
mundo de las expectativas.
Sin
embargo, la reacción de aquella que me “pidió espacio y tiempo” fue furibunda,
explosiva, inexplicable, como lo son las conductas femeninas alocadas y
coléricas… Nunca hice ningún movimiento legal en el pasado: hoy me arrepiento.
La casa –según yo-, la construimos para los hijos… La primera reacción fue
valerse de la ley que protege indiscriminadamente a las mujeres, ayudarse de la
jauría de género que pulula en los juzgados y de cuanta artimaña “legal” a
diestra y siniestra…
En
síntesis: me despojó de la casa familiar, del grueso de mi sueldo que la
empresa para la cual trabajo le deposita como pensión; siendo lo que más me
duele, el secuestro de mi familia, a base de la abducción parental de la
conciencia infantil que poco sabe, entiende y se defiende ante la mentira.
¿Por
qué quiero recordar?
Porque
hoy como ayer la herida sangra, por motivos no tan diferentes. Y me arrastro, y
me consumo… Y no deja de supurar la herida.
miércoles, 29 de octubre de 2014
México celebra a la huesuda
¡Qué prueba de la existencia
habrá mayor que la suerte
de estar viviendo sin verte
y muriendo en tu presencia!
Esta lúcida conciencia
de
amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto;
este caer sin llegar
es la angustia de pensar
que puesto que muero existo.
Si en todas partes estás,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz;
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida
¿no serás, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento?
En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¡Qué puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera;
si en la vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora en que yo no muera!
viernes, 24 de octubre de 2014
Sigfrido, el erguido
Con
el advenimiento del neo salinismo disfrazado de priísmo reformador, ha sido más
que evidente el desprecio que los hombrecitos enquistados en la cátedra
universitaria, los títulos, la lisonja heredada de heroicas simulaciones
pasadas (o nuevas, al amparo de la complicidad partidaria), las incapacidades
disfrazadas y el oropel de la notoriedad sienten por las artes; sus sacerdotes,
sus novicios, sus diletantes, sus correligionarios de bregas.
¿En
qué baso mi argumento?: se preguntará el hipotético lector.
Es
evidente que, el neo salinismo enmascarado, explusador de mano de obra e
inteligencias baratas, por décadas no hizo nada por revertir esto.., ¿Por qué
tendría que hacerlo hoy? ¿En el tiempo de las reformas estructurales que habrán
de rendir sólo utilidad, utilidad y sólo eso? La vanagloria ha sido siempre que
el partido fue y será el gran acuñador de las instituciones. El gran papá hace
todo; proveedor de retrasos, miseria, promesas incumplidas, ignorancias
cabalgantes sin coto ni escrúpulo. Compuesto por cuadros (familias), cortes
poseedoras de la todología y remediadores de todas aquellas insufribles
limitaciones que la maza; bullanguera e ignorante, futbolera y televiadicta;
puso en sus manos; destino signado por “el dedo de Dios” en el inexorable libro
del futuro mexicano y que con prontitud reza el mismísimo Himno Nacional.
Pero,
la realidad es y ha sido diferente. Distinta porque los hombrecitos
enmascarados en el boato y la pompa (parásitos ajenos a generar algo que no sea
papelpiedra, complicidad y cinismo), no han podido borrar la evidencia
incuestionable: hombres ignorantes, la gran mayoría sin escuela, desprovisto de
algún futuro, agarrados con pies, manos y garras a la ilusión endeble del
“American dream” heredado de sus abuelos y padres. Expulsados a fuerza del
paraíso han ido a nutrir otras economías, otras ensoñaciones, otros anhelos,
cargando a cuestas la otredad de su color de piel, de sus ignorancias, sus
complejos, sus esclavitudes y sometimientos también herencia de un pasado no
muy lejano. Pero esa inmensa humanidad, ese cúmulo de sueños y anhelos; esa
enorme maza de personas abismadas al olvido y los malos tratos;
discriminaciones, corredizas, miedos a deportaciones y acusaciones hijas del
temor y el miedo del otro. Esos mismo no olvidan: pues cargan en su faldriquera
la nostalgia por la tierra, la herencia de la fe, el idioma (en muchos casos el
dialecto) y el deseo de la vuelta, aunque sea a ver la construcción jamás
terminada de un país inexistente, depredado; jamás abrigador; jamás cariñoso
con el hijo ausente que nunca olvido donde está enterrado su ombligo, dónde el
pomito que guarda sus anhelos, dónde su sonrisa, dónde sus suspiros…
Así
fue para Sigfrido Aguilar. Nacido en un pueblito de la geografía michoacana,
luego de un pasaje muy nutritivo en las inmediaciones del teatro vallisoletano
de la Escuela Popular de Bellas Artes se marchó, como tantos otros; miles,
millones; a buscar el sueño americano sólo llevando a cuestas una maleta
exigua, el rumor de viejas canciones, el rostro de la marca de origen, la
herencia de múltiples voces, susurros, consejas, cuentos… Y se vio sólo, parado
en una empinada y larga culebra cubierta de nieve que ayudaba a limpiar para
que los esquiadores pudieran transitarla. En esos días y noches de soledad, de
trasiego y faenas interminables es que descubrió una riqueza, un tesoro, una
joya que él había exportado y que llevaba sin saberlo: la pantomima. El arte
del gesto; de la comunicación sin palabras; la vía de acceso a corazones y
entendimientos ajenos por todos los medios in imaginados.
Se
debe decir que no fue un descubrimiento sencillo. Que los primeros balbuceos y
pasos nacieron en mitad de los escuincles que consentían una manualidad
mientras esperaban a sus padres esquiadores. Posesionarse del gusto, romper con
el ridículo, desarrollar el hambre por saber, atrapar y ser atrapado por el
oficio, no es ni será cosa fácil. Existen muchos escollos: la desinformación,
los pocos estudios, el que los libros sobre esas materias estén escritos en
otros idiomas, los pocos maestros dispuestos a compartir, el éxito aparente que
se extingue como el efímero espectáculo, la autocomplacencia, la carencia de
humildad, la comprensión de que el común denominador será y es la nula paga…
Todo eso y más.
Pero
Sigfrido se abrazó a su descubrimiento. Se aventuró como quien quema las naves
-ya las había quemado antes-, lanzándose al vacío… Arrastrando detrás de sí la
carreta del destino; los bueyes, el carretero, el camino... Hasta ahí la
historia parece ser convencional de nuevo. Más lo que hace gracia, es que sin
ninguna ostentación, sin buscar la gloria y el reconocimiento Sigfrido ha ido
por el mundo –literal-, por décadas y décadas –ya olvide cuantas-, llevando a
cuestas su rostro, su cultura mexicana, su herencia michoacana… Sin importar
que aquí, en México y en Michoacán, pocos le conozcan y sepan quien es, que ha
hecho, que persigue teniendo en alto sus propias banderas y símbolos que
comparten miles y millones de co nacionales obligados a partirse el lomo y enjugar el sudor en otros
confines porque aquí, en su propia tierra, donde esta enterrado su ombligo,
donde duermen sus sueños y habitan sus anhelos, los hombrecitos desletrados
enquistados en el aula, los cargos burocráticos, la todología alivia todo y la
exhibición de la incapacidad le desprecian, porque no conocen su trayecto,
historia y generosidad.
Añado
diciendo que, Sigfrido Aguilar, “el mejor mimo mexicano y michoacano de los
últimos tiempos”; pienso que el mote más adecuado es: “el mimo emigrado
exportador de la cultura mexicana”, nunca en su estado natal y país le hemos
realizado un reconocimiento del calado de su dimensión.
Nunca
es tarde. Los honores deberían ser en vida, aún es tiempo.
* Imñagenes de los archivos personales del maestro Águilar.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Mi nueva amiguis
No es verdad que con las ventanas abiertas, los oídos atentos, los ojos pendientes y el ánimo bullendo, buscando algo, se espante la depresión. ¡Eso no es cierto!
Cuando te deprimes, no sabes en qué momento llegó eso a tu existencia. No entiendes el por qué debes rascar hondo. No te queda claro cuál o cuáles han sido los motivos. Simplemente, vas comprendiendo, casi sin enterarte, que vas descendiendo por una escalera interminable e imperceptible. Tu eres el paso, el cuerpo, el impulso…
Los ayudantes no son otra cosa que muletas que momento a momento te demuestran tus imposibilidades. Y el tiempo camina sin detenerse.
Para quien observa desde adentro, la distancia del abismo, es kilométrica. Para quien lo ve desde afuera, un simple instante que se soluciona con un “viva viva”, un abrazo amoroso, una palmadita en la espalda, una monserga de palabras fútiles y buenos, muy buenos, deseos… Lo peor que le puedes decir al moribundo in extremis es si quiere una carroza con caballos blancos o negros para su cortejo. La lástima es un gesto humano tan simplón que por lo mismo es mortal.
Cuando la depresión te carcome los sentidos, te tritura los huesos, te va dejando indefenso y vacío, no hay defensa posible. Te bamboleas en una cuerda de hilo muy delgado donde, sin ni siquiera darte cuenta, vas cayendo y cayendo a lo profundo negro, sin misericordia ni la más mínima intensión de defensa. Es patético saberte indefenso, anulado e incapaz de hacer algo por ti mismo. Cuando menos escribir algo como triste alternativa…
Uno no decide morirse cuando se desea. Uno no se muere cuando quiere. Y morirse no es un sentimiento, una decisión, una voluntad que uno quiera ejercer; siempre existen motivos para no tomar tal decisión. El principal, la muerte es la ausencia efectiva de voluntad, la no posibilidad de la autonomía, la putrefacción, la inexistencia… Pero cuando la depresión te abraza con sus tentáculos, el pensamiento te ronda, te lame, te acaricia, se frota en tu entrecejo, se acicala ronroneando como gato en brama, es la muerte. ¿Para qué seguir vivo? ¿Para qué ver la amanecida si el nuevo día no trae nada y es igual al anterior? ¿Para qué la noche tan plagada de fantasmas, sueños irrealizables, furtivos anhelos, mortales elucubraciones..?
Un sujeto normal, ajeno al flagelo, quizá poco entienda, tal vez nada…
Luego faltará quien te dirá: no deja de haber buenas razones para salir de eso y seguir adelante... Sí, seguro. Menciona una que valga tanto como esta inche depresión.
El pasado 11 de octubre
In Memoria don Jesús Pérez Gallardo
La noticia me sobrecogió. Recién el jueves anterior departí con él en el Palacio Clavijero en el acto celebratorio de la X entrega del premio Erendira. En donde -entiendo-, él fungió como jurado del mismo. Antes que nada, un abrazo sincero y doliente para Iván,,Claudia y Chuche.
Muchos recuerdos se me agolpan ahora, muchas palabras que quisiera escribir en el mismo instante en que elaboro éstas líneas: conocí y traté a Jesús Pérez Gallardo -ya ni sé cuando-, desde aquellos lejanos años del Baúl de Oxido y Oro, Cuanícutti, Turátame, el José María (dónde él hacía uno de los Morelos de la representación que diseñó José Manuel Álvares al texto del maestro López Alanis), El Arca de Noé, Pastores de la ciudad y otras muchas..; por supuesto, en los inicios de las casi 40 temporadas del don Juan Tenorio, donde él siendo actor del grupo michoacano Compañía Estatal del Teatro, se convirtió en el decano y vivió los albores y avatares del proyecto encabezado por el maestro Älvarez y Margarita Gallegos; precisando que fue una política cultural michoacana que posteriormente y ahora vemos consolidada en la no poca rentable "Noche de muertos" que tanto pregona Turismo y en el reconocimiento de la arquitectura vallisoleta; pero que en aquellos lejanos años sólo era un sueño guajiro. De ahí la idea elemental de que se representara en el patio de la Casa de la Cultura o en el Palacio Calvijero de Morelia y no, como los ígnaros no ha mucho, la programaron alguna vez en el Teatro Ocampo.
A don Jesús siempre le he de reconocer su entrega, su apego -al igual que el de Guilberto-, por un hacer un teatro mejor. Seguro ya anda trepado en el tablado donde otros adelantados le esperan para escenificar algo bajo la dirección del maestro Álvares.
Descanse en paz; actor.
miércoles, 23 de julio de 2014
Revisando el mundial 2014
Durante el mes de junio y hasta el 13 de julio de 2014, un puñado de amigos que de formas distintas tenemos afición por la escritura y los matices pensantes que esto produce, nos unimos con el ánimo prendido de realizar una tarea a través del internet cuyo objetivo central era el movimiento social y cultural que cada cuatro años genera un mundial de fútbol. El objetivo se cristalizó en una publicación llamada: La Cámara Húngara.
En mi caso, participe con seis colaboraciones y una más de conclusiones. Aquí lo publicado, en ese espacio, con la intención manifiesta de que al hipotético lector de este blog le agrade.
Regate.06
I. Francia v.s Honduras
Baguette de gallo con tres pepinillos
Domingo
15. Estoy como dice José Alfredo: “En el rincón de una cantina, orita ya no sé
si tengo fe”. Puño de cacahuates japoneses en la siniestra tamborileando una
sambiña. Cazuelilla de barro sobre la mesa, dos trozos de patitas de puerco en
vinagre en espera al tiempo que exijo el dos por uno de cerbatanas bien muertas
para empezar: “Trae de una vez la cubeta… ¡Menos discurso y más glu glu!”.
Afuera,
aquí, hace calor pero no sufrimos tanta humedad como sobre la cancha del
estadio de Porto Alegre, capital de la provincia de Río Grande du Sul, recién
antes del partido rociada con fuertes chorros de agua.
Se
trata del grupo E. Ya Suiza despachó a Ecuador 2-1.
Pita
Sandro Ricci, acompañado en las bandas por Carvalho y Van Gasse; tripleta
brasileña.
Me
gusta el preámbulo. Esa parte cuando de la mano de la televisión vemos el túnel
de entrada a la cancha: los silbantes tratando de ahuyentar el temor que
despierta las pifias mundialistas que les precede; las miradillas de recelo,
seriedad, displicencia, confianza, miedo, pánico de los jugadores que se van
formando encabezados por su capitán en línea, y se saludan entre sí o se
ignoran indiferentes. Me gusta ese momento anterior, segundos previos de que
ambos equipos avancen y crucen el pequeña franja antes de la raya que acota la
cancha bajo la granizada de gritos del respetable: ofensas, porras y vítores.
La cábala. Entonces como condenados al cadalso, al patíbulo existencial, cada
cual hace su rito: un saltito, un cambio de paso para caer dentro del límite
con el pie correcto, un brizna de césped en los dedos; no falta quien se
persigne y ore, quien apunte con el índice al cielo pidiendo luces a los
estelares en la gradería del éter… La telera lo desnuda todo y provoca el
dramatismo extra previo al silbatazo inicial.
Pero
todavía falta más protocolo, Sigue esa línea recta que forman los silbantes
rodeados a ambos extremos por los equipos al tiempo que la gradería chilla
delirante, expectante... Los himnos nacionales: “Allons enfants de la Patrie.
Le jour de glorie est arrivé”. Seguido de: “Tu bandera. Tu bandera. Es un lampo
de cielo”…
“¡¿Qué, cómo, cuándo… ?!”. Silencio, sorpresa, inquietud: y nos viene a la
mente ese último cotejo oficial de los franceses en Argentina cuando tuvieron
que salir al campo con camisetas prestadas por error de la FIFA… Segundos que
apremian y apuntan: “Ave César. Los que van a morir, te saludan”.
Pero
la nota de color no la pierde en la cámara: inserta, discordante, absurda y ya
común. Los buscadores de cinco o seis segundos de eternidad: jactanciosos,
exuberantes, estrafalarios, exóticos, mórbidos, bizarros, grotescos; pintados,
maquillados, disfrazados, fanfarrones… Esa cosa que no es propiamente del juego
pero que llena segundos de televisivos, da motivos a los locutores y cortes a
los patrocinadores.
Se
pita nerviosamente e inicia la hostilidad.
Desde
los primer segundos sobre el rectángulo verde -analogía boxística-, queda claro
que se dibuja una confrontación entre técnico y pica piedra. No es un fajador
centroamericano que sabe meter las manos aunque reciba más de lo que da, sino
un pica piedra que enfrenta a un técnico que se defiende con esgrima
pugilística: moviendo el cuerpo, lanzando combinaciones y manteniendo la
distancia conveniente.
Minutos
de tanteo. No recuerdo ver más de una o dos veces al portero de los azules, por
su lado Valladares, el guardameta hondureño, empieza a ser el mejor de su
equipo, lance tras lance. Ya en el minuto 15 del primer tiempo el resultado es
previsible: Benzema corona en el 42, rompe la quinielas (4.40 euros por su
primer gol en el torneo) con un penal realizado a Pogba y dan arrastre lento a
Palacios rumbo a las regaderas. Se pita para el intermedio.
Viene
el complemento y al segundo minuto, Benzema, mete un tiro seco al segundo palo
que rebota en la humanidad de Valladares y gracias a las siete cámaras en la
portería se reconfirma la anotación. 2-0. Sigue la marea azul. 36 del tiempo
complementario, Benzema liquida la cuenta, 3-0.
Lo
que le sigue son minutos largos, eternos para los hondureños, porque la falange
del pequeño Bonaparte Deschamps mueve el Brazuca, baila, ofende, busca otra
anotación como si estuviera en un entrenamiento playero.
Con
la desigualdad del encuentro hasta me siento fastidiado… Harto.
En
resumen, los gallitos azules pudieron meter cinco o seis. Honduras, simple, no
tuvo argumentos. El partido más disparejo del torneo.
II. Inglaterra v.s Uruguay
Goodbye… Chicken Tikka Massala
Grupo
D. Segunda ronda.
Dos
históricos del torneo mundialista, en problemas. Juego de perdedores obligados
ha lanzarse por una posibilidad dentro de la clasificación de la primera ronda.
Un dato curioso campea sobre la gradería de la Arena de Sao Paulo, en las dos
ocasiones que la escuadra charrúa se ha enfrentado a los británicos, en torneos
mundialista, los celestes han logrado un triunfo y un empate. Inglaterra no ha
podido derrotarles.
Especulación
botanera previa al silbatazo inicial.
Dos
ingredientes auguran un buen juego y goles. Por su lado, Roy Hodgson timonel
del “Equipo de la Rosa”, soltara a Rooney quien en el partido anterior se veía
incómodo en la parcela izquierda, tratando de abastecer la línea de adelante y,
Oscar Tabarez comandante de “La garra charrúa”, remplazará a Diego Forlán por
el “Pistolero” Luís Suárez, esperanza de los celestes y de su país.
“Si
quieren compararlo con jugadores como Maradona, Pelé, Beckenbauer, Cruyff y
Pirlo es este el momento para que él demuestre lo que puede hacer”: han dicho
los tabloides británicos hablando de Luís Suárez, sabedores del poder definidor
del uruguayo que juega en la Premier League. Aclarando que Suárez regresa de
una lesión de meniscos y el juego no lo ganará solo.
La
ocarina a cargo del español Velasco Carballo, quien en la Eurocopa 2002 tuvo en
sus manos el partido inaugural, tiene buena reputación y experiencia en torneos
europeos.
“¡Orientales,
la Patria ó la tumba!
¡Libertad ó con gloria morir! (...) ¡Sabremos cumplir!
¡Sabremos cumplir!”.
“Good
save our gracious Queen”: interpretan con convicción flemática.
Silbatazo
inicial y arrancan las hostilidades. A saber, éste es un juego de rompe y rasga.
Ambos cuadros traen el cuchillo entre los dientes.
Analogía
boxística: desde los primeros segundos se nota que ambas escuadras son dilectos
practicantes, hábiles púgiles, bien adiestrados, técnicos, conocedores de los
terrenos de la esgrima y el arte de esquivar y golpear a modo. No hay mejor
forma de describir lo bien jugado, lo magníficamente balanceado del ir y venir
en la grama, mostrándose, en un devenir de norte a sur; abierto y sin pausas.
Egidio
Arévalo es una lapa pegajosa que va rondando a Wayne Rooney maniatándolo en sus
dotes de perstigitador. En el 36, pase violento tras un amague monumental en la
esquina del área, de Cavani al “Pistolero” Suárez que cabecea, imposible para
Hart el portero inglés…. ¡Y fish and chips oriental!
Segunda
parte.
Los
charrúas, empezando, van por todas las canicas pero, las rosas, tienen cardos…
Si
el fútbol soccer tiene un lugar reservado para los grandes momentos épicos, las
hazañas de los héroes, hoy día 19, he sido testigo de una.
La
parte complementaria es jugada a un ritmo frenético sin importar la humedad que
es alta.
Los
ingleses adelante, siempre al frente, buscando la meta sudamericana, lanzando
dentelladas furibundas que Musiera, el portero celeste, ataja convirtiéndose
factor para su causa.
Minuto
74 y Wayne Rooney hace la gran anotación, oxigeno puro: esperanza que retorna
al cuerpo y fortifica el alma.
Diez
minutos adelante: zapataso de Musiera desde su área, salta Cavani y Gerrard,
leve roce del defensor que envía el Brazuca al área inglesa, Luís Suárez no
perdona y mata.
Minutos
postreros de traca traca. Ocarina final… Uno no quisiera que se acaben partidos
de este calibre.
III. Japón v.s Grecia
Roscas de reyes con azúcar glas
Grupo
C. Segunda ronda. Juego definitorio.
Enfrentamiento
fantástico de las hinchadas en las tribunas. Por un lado coreutas, ditirambos;
juegos Dionisiacos; máscaras, coturnos, ropajes, túnicas; el carro de Téspis,
Aristófanes, Sófocles, Esquilo; Orestes, Edipo, Antigona; toda la parafernalia
de ese trozo de cultura, referente de occidente que carga a cuestas unos
seiscientos años A.C.… Topeteado, agarrado por la barba de maquillajes extravagantes,
samurai, ninjas o ronin; iguanodontes con aliento atómico Godzilla; el Noh, el
Kabuki, el Bunrraku; imaginería y referentes de oriente, sobre todo llevando en
ristre a la influyente Manga cuya tradición data de poco más o menos treinta o
cuarenta años atrás con el New Pi o el New Team: Bruce Harper, Benjí Price,
Steve Hyuga y el asombroso Oliver Atom, como punta del iceberg nipon.
Pero
volvamos por un instante al territorio donde la tradición se hace en el
presente. Juego en la Arena das Dunas de Natal. Ambos equipos con la necesidad
imperiosa de ganar, si quieren tener alguna esperanza de clasificar y no irse a
casa, porque el tercer jugo será de compromiso. En el otro frente, Colombia y
Costa de Marfil, se juegan la clasificación o una oportunidad para el ganador
de este cotejo.
Soplan
la ocarina y arranca el partido. “Los samurai azules”, sacan.
El
juego es obvio: los muchachos comandados por el portugués Fernando Santos
esperan las arremetidas de los orientales que bullen, buscan, intentan, machacan
por todos los rincones de la cancha mientras, los helenos, gracias a un
pressing feroz en mitad de la cancha, esperan pacientes el momento favorable de
una descolgada.
“¡No
vaya siendo se queme la leche con tanta parsimonia!”.
La
chamacada de “Supercampeones”, capitaneada por el Italiano Alberto Zacheroni
insiste, prosigue, presiona, muerde, desgasta imparable en cada centímetro del
campo verde del Arena das Dunas.
Ya
para el minuto 30, van dos tiros peligrosos al marco de Karmezis, el arquero
griego. Al 38, se va a las regaderas en arrastre lento, el capitán Katsouranis
de los griegos. Sin embargo, siguiendo la misma tónica de esperar y ofender, en
un desdoble violentísimo, el portero Kawashima que juega en el Standard de
Lieja, apurado, salva a su equipo tras el magnifico remate de Torosidis.
Termina
la primera mitad.
El
arbitro salvadoreño Joel Aguilar y sus abanderados van realizando un trabajo
decoroso, marcando lo que se debe y tratando de hacer fluir el juego. Queda sin
embargo, la duda razonable. Con el ritmo y la presión impuesta a lo largo y
ancho de la cancha griega por parte de los japoneses: ¿tendrán los amarillos,
arrestos suficientes para mantenerse igual, los minutos restantes?
Arranca
el tiempo complementario.
El
planteamiento inicial de “los samurai azules” es el mismo, morder, roer,
desgastar, presionar y con diez hombre en el campo, los griegos, intentaran
aguantar buscando un rápido contraataque definitivo. La estrategia de ambos
timoneles está pintada sobre el césped del campo mundialista.
A
pesar del bombardeo incesante sobre el área de Karnezis, el hombre de menos y
el agobio tenaz, vigoroso, sin tregua y de circulación constante del Barzuca
por los hijos del New Pi, los diez helenos lanzan dentelladas groseras con uñas
y dientes, defendiendo como gato boca arriba su terreno.
El
juego se hace monótono, cansino, repetitivo… Un largo, largísimo bostezo que me
recuerda que en casi 23 partidos, sólo van tres empates.
“No
vaya siendo que hoy me toque el cuarto”.
Pita
el silbante salvadoreño. Roscas con azúcar… Nomás me queda decir: “Que les
jalen unos mariachis y les vayan tocando: “La que se fue”.
IV. México v.s Croacia
Mi caballo, mi perro y mi rifle… ¡Lotería!
Desde
que supe de la asignación en el sorteo -mano non santa incluida-, de Croacia
versus México, intuyendo que se trataría del partido definidor.
“Sentí
una punzadilla en la barriga, las manos me sudaron y corrió un escalofrío por
el pellejo”… Y la historia me da la razón: “¡Ay, “decepción nacional”, me haz
decepcionado tantas, tantas y tantas veces!”.
La
primera ocasión, quizá la más dolorosa, fue esa en cuartos de final de México
70. Los genios de “pantalón largo” decidieron que la altura y la cercanía de la
muchedumbre vociferante de La Bombonera serían suficiente argumento para
amedrentar a los europeos. Y el tanto anotado por José Luís “La Calaca”
González parecía otorgarles la razón pero, Luigi Riva y sus dos tantos
disentían a las claras de aquellos dichos, el autogol de “El Kalimán” Guzmán lo
confirmaron y la anotación de Giani Rivera con reburujamiento del “Cuate”
Calderón pusieron el clavo final regalándole al país, ante la sorpresa de
Fernando Luéngas y Fernando Marcos, el maracanazo toluqueño. Semanas después,
participando en el XIII. Internationaler Kongress Pueri Cantores caminábamos en
formación cerrada, a paso redoblado, cruzando el puente y subiendo el camino
que nos separaba del castillo que señorea la bella ciudad de Würzbur, bajo la
granizada de silbatinas, burlas, ofensas y el infamante “¡4-1, 4-1, 4-1!” que
nos obsequiaban a granel, en vanguardia y retaguardia, los itálicos rejijos, de
coros de Roma, Milán, Turín, Florencia y cuanto burlón españolote se sumaba
acompañándolo del clásico: “¡Indios, pata rajada!”. Nosotros aguantadores, sin
chistar, masticando madres, tratando de mostrarnos estoicos, tragábamos saliva
gritando: “!México¡ ¡México¡ ¡México!”.
“Ay,
“decepción nacional”, me debes tanto... ¡Así, ¿cómo te voy a creer?!”.
Diván
del terapeuta: round de sombra previo al tercer enfrentamiento del grupo A. El
timonel mexicano, Miguel “Piojo” Herrera -recién confirmado ya para el mundial
2018-, declaraba a la prensa: “Importa meter el gol y mantener el cero atrás”.
“¡Válgame
el cielo…! ¿Con esa mentalidad mediana y negociadora se puede aspirar a algo?.
Ayayay, “decepción”, ¡¿cómo te voy a creer?!”.
El
cotejo es definidor. No hay vuelta de hoja. La ventaja aparente de un empate es
vacua ilusión. El juego ante Brasil fue más ruido que nueces. Sin mentalidad
ganadora, difícilmente se puede aspirar a pasar al tan cacaraqueado cuarto
partido. Pero hoy, aquí y ahora, el tercero es el bueno… Y los terribles
relámpagos y nubarrones de aquellos pasajes oscuros en Argentina 78, cuando
sólo un gol acompañó a la “decepción” que tuvo que hacer sus maletitas tras el
6-0 de Alemania y el 3-1 de Polonia, campea sobre las cabezas, las esperanzas,
los anhelos, las aspiraciones más sublimes de miles o millones.
Por
su lado, los croatas, sabedores de que México no tiene gol, afirmaban con
diplomacia, claridad y mesura, sin descartar sus posibilidades: "Es
evidente que se trata de un ataque muy poderoso. México es un excelente equipo.
Muy agresivo, lleno de energía y muy vertical. Han sido capaces de resistir y
amenazar a Brasil".
“Ja,
Ja, Ja… Si el portero de tu equipo es el mejor hombre del partido… mmmm… ¿Cómo
estará la cosa?”. No quiero ser ave de mal agüero… ¡Ojala me callen el
hocico!”.
La
FIFA designó al arbitro uzbeco Ravshan Irmatov, quien ya dirigió el Suiza
Ecuador con triunfo de los europeos 2-1, como el dueño de la ocarina para este
cotejo que se realiza en la Arena Pernambuco, en la ciudad de Recife, capital
del Estado de Pernambuco. Ojala no sea tendencioso.
“Lijepa
naša domovino,
Oj
junačka zemljo mila,
Stare
slave djedovino,
da
bi vazda sretna bila!”
(Nuestra
patria hermosa,
oh,
querida patria heroica,
patria
de la gloria antigua,
¡sé
siempre feliz!).
“Mexicanos,
al grito de guerra. El acero aprestad y el bridón. Y retiemble en sus centros
la tierra. Al sonoro rugir del cañón. Y retiemble en sus centros la tierra. Al
sonoro rugir del cañón”.
Silbatazo
inicial. Arranca la neta del planeta si se busca pasar.
La
calma antes de la tormenta. Minutos de estrategia y cambio de ofensiva a
defensiva, ambivalentes. No se nota un lado superior, nervio, búsqueda
constante por la ventaja. Ir y venir. Héctor Herrera zangolotea la orquilla del
poste europeo y cimbra a los aztecas. Dos elementos que van sumando: la humedad
y el desgaste que va prevaleciendo del forcejeo.
Ocarina
cantarina, terminando el primer lapso.
Arranca
el complemento con las mismas piezas en el tablero por los dos cuadros.
Forcejeo, Croacia toma la iniciativa y casi casi adelanta. Entra el Chicharito
y la ofensiva mexicana se dinamiza.
El
arbitro se traga un penal claro a favor de México. Márquez marca al 71 de
cabeza. Al 74, Guardado cañonea el marco croata a pase de Oribe y jalón táctico
de Hernández. 81 minutos, al mejor estilo del Chicharito, cabecea a la red tras
peinada de Márquez apareciendo por detrás de los defensores. Minuto 86,
Rakitic, anota el de la honrilla.
Termina
el juego. México sigue a octavos contra Holanda.
El
triunfo tiene mil padres y el fracaso es huérfano. “Hoy, decepción nacional”,
me pagaste una de las mil y una que nos debes”.
V. Brasil v.s Chile
Arepas en Santiago
Ahora
inicia la etapa de matar o morir.
El
fútbol soccer no se define, a diferencia de otros espectáculos deportivos a
través de estadísticas, recuentos, especulaciones, expectativas, anhelos o
corazonadas. El resultado se consigue de manera sencilla, simple, categórica,
mortalmente efectiva, con goles mientras que la pelotita, en el tiempo
contenido entre la pitada inicial y pitada final, corre de un lado a otro
proyectada por los jugadores investidos en guerreros. Y finalmente, en el
volado que significan los penales.
Es
éste el primer cruce mortal: Brasil como primero del grupo A versus Chile,
segundo del grupo B. Los partidos entre estos sudamericanos tienen historia
mundialista. La estadística marca tres juegos: 1962 Santiago de Chile
(semifinales) Brasil 4-2, 1998 Paris (octavos) Brasil 4-1 y Johannesburg 2010
(octavos) Brasil 3-0. El Scratch tres juegos ganados de 3, once goles a favor
por 3 en contra. Resultado contundente. Para este cotejo, los amazónicos suman
además el cartel de máximo favorito en el torneo, los de “la roja”, vienen de
ganarle a España (0-2), Australia (1-3) y perder ante Holanda (2-0).
Para
el cotejo de octavos de final, la ocarina recae en el inglés Howard Webb (42
años), quien tiene amplia trayectoria en la Premier League y en la Champions
League También, como antecedente previo, ya dirigió un choque entre ambas
escuadras sudamericanas en el Mundial de Sudáfrica 2010, además de haber pitado
el encuentro Colombia versus Costa de Marfil (2-1), en el actual torneo.
El
partido se celebra en el Estadio Mineirao de Belo Horizonte. De aquí saldrá un
ganador: si en el tiempo oficial hubiera empate, habrá tiempo extra, de seguir
empatados, se pasará a los penales. Pero hoy, sobrevive un ganador que seguirá
adelante mientras el perdedor se despide del torneo.
Puro
Chile es tu cielo azulado,
Puras
brisas te cruzan también,
Y
tu campo de flores bordado,
Es
la copia feliz del Edén.
Ouviram
do Ipiranga às margens plácidas
De
um povo heróico o brado retumbante,
E
o sol da liberdade, em raios fúlgidos,
Brilhou
no céu da Pátrianesse instante,
Se
o penhor dessa igualdade.
Conseguimos
conquistar com braço forte,
Em
teu seio, ó, Liberdade,
Desafia
o nosso peito a própria morte!
Ó
Pátria amada, Idolatrada, Salve! Salve!
(Allí
fue oído, en los márgenes apacibles de Ipiranga,
el
grito resonando de una gente heroica,
y
el sol de la libertad, en los rayos brillantes,
brillando
en este momento en los cielos de la patria.
La
promesa de esta igualdad fue asegurada por
nuestros
brazos fuertes, en su pecho
libertad,
estamos listos para morir.
¡Oh
querida, idolatrada patria, viva, viva!).
En
la tribuna atestada: detrás de sus cinco o seis segundos de inmortalidad
televisiva global, garotas y chilenas de todas las modas, edades,
voluptuosidades, desfiguros, disfraces, portes y apetitos se muestran en verde,
amarillo, rojo, plumas en su desinhibida algaraza mundialista. Lastimándose
sonoramente con los himnos tal que si aquello fuera un exorcismo a los
fantasmas y la catástrofe.
Soplando
la ocarina arranca la partida.
Un
Scratch du Oro sin Brasil. Un juego sin chispa, sin fútbol, sin magia. Partido
tijereteado a un toque por quien se supone sabe jugar. La historia del buen
trato al balón, de la gambeta, la pared, el pase filtrado, el sobar y sobar la
bocha, son sólo eso, historias de viejos y añoranzas de un pasado esplendoroso.
Sobre la grama del Mineirao de Belo Horizonte, se ven once luchadores en
amarillo, de boxeo mixto, lanzando cocos al por mayor; triste metáfora a una
historia que se escapa como arena entre los dedos. Los mejores son los
porteros. Y el tiempo normal termina uno por uno.
Arbitraje
comodito, complaciente, cansino, mediano. Pitazo que invita al tiempo de
compensación.
La
fuerza de la mano izquierda se le va acabando a Chile. Y la catástrofe
amazónica se campea sobre las cabezas, bamboleándose con parsimonia, cual
espada de Damocles.
Cuatro
minutos finales del segundo tiempo extra, donde la roja esta más cerca, barzucazo
al travesaño de Julio César y calambres de Neymar.
Se
van a la rueda de la fortuna. Los penales a once pasos de la meta, jugando al
dramatismo que nunca jamás tuvieron los ciento veinte minutos anteriores. La
suerte de la fea la bonita la desea.
En
síntesis: un partido sebo, donde Brasil saca el pase a la siguiente etapa y no
convence.
VI. Alemania v.s Francia
Ein Traum für die Deutscher
Final
anticipada en cuartos de final.
Elucubraciones
preliminares: Lo que va quedando claro, - siempre en todos los mundiales o
torneos futboleros-, luego de la fase de octavos, es algo obvio, evidente,
contundente, aplastante: que quien sabe matar, y lo sabe hacer, elimina a su
adversario sin complejos, sin miramientos, titubeos ni escrúpulos. Que los
equipos grandes esperan, pacientemente, durante setenta o setenta y cinco
minutos jugando sin el balón, administrando el esfuerzo por apurados que se
puedan ver, desgastando física y sicológicamente a un rival ansioso, proclive a
los giros abruptos de ánimo a lo largo del tiempo del partido. Calmos, serenos
y al acecho, los indudables vencedores, apuran el trámite anotando en los
minutos finales, cuando ya el adversario no tiene piernas, ni ideas, ni
reacción… Y las bancas rebasadas, por el casi rozar de la dicha que se
desvanece y traduce en obcecada necedad, carencia de recursos y cambios. En
otras palabras, han sido llevados a su límite, y el ocaso de sus anhelos y
aspiraciones está escrito y finiquitado, aún antes de que se escuche la ocarina
final.
No
es el caso de los equipos y jugadores europeos en ligas, competiciones y
torneos, acostumbrados a esta clase de exigencias en etapas finales, donde el
control, el oficio, la serenidad, la administración del esfuerzo, la
tranquilidad y la sobriedad imperan y que, seguramente pronto, ofrecerá una
nueva oportunidad en otras competiciones, si todo lo anterior falla o no
alcanza para lograr el objetivo.
La
historia de los mundiales dice que este enfrentamiento tiene tres capítulos
anteriores a saber: Suiza (1958), triunfo de los galos (6-1) con cuatro goles
de Just Fontaine, empate en España (82) ganando los germanos en penales y,
finalmente, triunfo alemán en semifinales (2-0) en México (86).
Para
este cotejo la ocarina recae en el argentino Néstor Pitana, quien ya fue juez
central en el Rusia-Corea del Sur, el Portugal-Estados Unidos y el
Honduras-Suiza. Lo acompañan en las bandas sus compatriotas Hernán Maidana y
Juan Pablo Belatti. Jonas Eriksson, de Suecia, es el cuarto árbitro.
La
de hoy no será una campal, similar a tiempos de beligerancia épica guerrera
(Verdún o Marne) ni tendrá nada que ver con Alsacia o Lorena, simplemente, será
un partido de fútbol que ya en sí mismo es una final anticipada. Esta vez,
sobre la grama del célebre Maracaná, el flemático, frío y disciplinado
estratega germano Joachim Löw, enfrenta al pequeño “Bonaparte” Didier
Deschamps, temperamental e imaginativo. El partido entre germanos y galos
anticipa ser de clase mundial y realmente de exigencia extrema. Estratégico:
ofensivo, defensivo; de férreo control físico y mental en la media cancha donde
los dos equipos disputaran gran parte del juego; quizá sólo desquiciado por la
técnica y enjundia de Valbuena, el petizo “blue”.
Ya
la belleza de la inchada europea empieza a dorarse bajo el sol ardiente de los
26 grados y la humedad de 85%; el nervio tatema la grada del centenario
inmueble. Minutos previos… Y a la manera más ramplona de la liga MX, Lahm y
Lloris, capitanes de las escuadras, echan un choremón sebo en contra de la
discriminación y el racismo: paradojas de los hombres de pantalón largo.
Allons
enfants de la Patrie.
Le
jour de gloire est arrivé.
Contre
nous de la tyranie,
L'étendard
sanglant est levé (bis)
Entendez
vous dans les campagnes
mugir
ces féroces soldats
Ils
viennent jusque dans vos bras,
égorger
vos fils, vos compagnes
Aux
armes citoyens!
Formez
vos bataillons!
Marchons,
marchons,
qu'un
sang impur abreuve nos sillons.
Deutschland,
Deutschland
über alles,
Über
alles in der Welt,
Wenn
es stets zu Schutz
und
Trutze
Brüderlich
zusammenhält.
Von
der Maas bis an die
Memel,
Von
der Etsch bis an den
Belt,
Deutschland,
Deutschland
über alles,
Über
alles in der Welt!.
(Alemania,
Alemania sobre todo,
sobre
todo en el mundo,
así
será si en la protección
y
la defensa.
siempre nos unimos como hermanos.
Desde
el Mosa hasta el Niermen,
Desde
el Adigio hasta el Belt,
Alemania,
Alemania sobre todo,
¡sobre
todo en el mundo!)
Fuerte
ocarina inicial. Arrancan las hostilidades, se acabó la especulación, ahora
viene la hora de la verdad.
Los
primeros minutos son blancos,: los vehementes germanos ofenden y los azules
capotean la andanada de mandobles, estocadas, empellones y cachetadas
furibundas sin descanso que les envían a diestra y siniestra. La batalla en la
media cancha es recia, esforzada, sin descanso; sin tregua ni cuartel. Largos
minutos de forcejeo, con salidas por las bandas de ambos cuadros que mantienen
la refriega sin parar ni ceder. Al minuto 12 la táctica germana da fruto: gol
de Hummels.
Pita
el argentino. Descanso reparador para la garganta que no ha cesado de expresar
el jubilo y el gran fucho que presencia.
El
segundo tiempo es la calca del primero: los alemanes son como una piedra de
molino que aprieta, estruja, tritura, pulveriza, hace astillas y añicos hasta
la médula las semillas del trigo y la cebada. Y el pequeño “Bonaparte” y su
tropa dignos, como en Marengo, Austerlitz, Wagram, en otra época y tiempo; bajo
cañoneo, asediado, copado, rodeado por el adversario y la naturaleza pero
bullidor y mostrando los dientes.
Desde
el minuto 70, el juego se trasforma en un tira tira, un zumbar de matraca
ensordecedor, un traca traca, un vértigo de ir y venir, un remolino en acenso a
golpe y contra golpe; sin descanso, mortal, furibundo.
“¡Cuatro
minutos de alargue y estoy en la orilla del sillón”.
Ocarina
final. Pita el argentino y me congratulo –parafraseando a Ängel Fernández- con
“los Dioses del estadio” que han de estar abullonados por ahí. La Blitzkrieg es
un remedo nostálgico de lo que aquí hemos sido testigos.
Hoy sentencio:
¡Alemania en la final!
A modo de colofón
El
primer partido de un mundial de fútbol que tuve la oportunidad de ver, fue la
final Inglaterra versus Alemania en el 66, en el famoso Wembley Stadium.
Teníamos una televisión en blanco y negro marca Singer. La vimos con mi papá
muy de mañana, en vivo, gracias al “pájaro madrugador” que por entonces era el
satélite de transmisiones que cubría el norte de América. Aquello fue “una
verbena”, según decían los comentaristas –Fernando Marcos y no recuerdo quién
más-, pues Inglaterra en casa, ganaba la copa Jules Riment con un gol fantasma
que el arbitro ruso dio por bueno, creando una polémica que hoy en día sigue
viva.
De
ese entonces a la fecha, he sido testigo de muchos, muchos mundiales. Unos
buenos, maravilloso; y otros malos, medianos.., de chile, de dulce y de sal.
¿Cómo
juzgar el actual torneo mundial que recién acaba y de deja a Alemania como
poseedor de la copa? ¿Bueno? ¿Malo? ¿Regular..?
Si
nos basamos exclusivamente en las estadísticas simples, fue un torneo de pocos
empates y buena cantidad de goles. Superior, en este rubro al anterior, el de
Sudáfrica. De 64 partidos en total, sólo se consiguieron 14 empates, de los
cuales nada más 4 fueron a cero goles. Eso señala un mundial cargado de emociones
para la tribuna. Sin embargo, tal vez como ninguno, las pifias arbitrales
quedaron ampliamente desnudas a lo largo y ancho del torneo, lo que produjo
gran descontento e insatisfacción –en muchos casos con razón y justa encomia de
la inchada- al respecto, poniendo un acento urgente, en la necesidad de
reformar las reglas y formas de impartir justicia durante el juego. Un partido
en el mundial de 66, entre naciones de distinta habla y cultura, produjo la
gran reforma de las tarjetas amarilla y roja implementada para el mundial de
México 70; lo mismo las fuertes agresiones que sufrió Pele ante Portugal y que
originaron la posibilidad de cambios a la oncena inicial que hasta entonces era
nada más un sueño. Ahora, es evidente que será necesario el uso de la tecnología
para dirimir desde afuera, en lapsos muy breves de tiempo, las decisiones
controversiales de los silbantes.
Obviamente,
los siguientes cuatro años, hasta el mundial de Rusia seguirá la polémica
discusión si fue o no penal el de Robben… Los mercachifles de la palabra ya
tienen y tendrán materia para seguir y seguir hablando al respecto. Habrá
razones para juzgar el “ejemplar mundial de la Selección mexicana”, los
blasones obtenidos en esta contienda, los arrestos de su enjundia, los muchos
atributos de una inchada precoz y majadera, las muchísimas muestras de
“rebelde.., silvestre cinismo”, las manifestaciones congruentes de un grito
bárbaro que nos define misóginos a ultranza, a inicios del siglo XXI… En fin,
toda esa parafernalia autocomplaciente, bruta, maléfica que el maestro más
popular de México –la televisión-, exuda impunemente, día con día, hora con
hora.
Durante
los siguientes cuatro años, mientras convenga a los intereses comerciales, nos
intoxicaremos hasta la nausea y el hastío de la figura y los razonamientos más
sesudos, contundentes y abstractos del Piojo. Hace días escuche a Raúl
Orbañanos, hablar en la radio, de la decisión “¡ilógica!” del estratega
holandés, la de usar a los largo del torneo a los 23 jugadores disponibles en
su banca. Cuando lo que nosotros vimos, en cuatro juegos fue un estratega
escandaloso, alocado, exaltado, necio, obcecado y nublado por una tozudez
mental que tomo decisiones sí, ilógicas, y que fue incapaz de entender en el
partido ante Holanda –por ejemplo-, que se le venía encima la “naranja
mecánica” con cáscara y sumo, que su problema estaba en la línea media,
desbaratada por cansancio y exceso de presión, que el terreno se achicaba en
dirección de su defensa ahogada y que en lugar de cambiar a un extremo inoperante
en un terreno aislado, debió reforzar su línea media cuidando la estrategia y
manteniendo el marcador favorable a minutos del final. De eso escucharemos
cientos, miles, millones de palabras y razones: lo que pudo ser y jamás será.
El
mundial Brasil 2014 llegó a su final y ganó, cuando menos en éste, quien lo
merecía. Ya en el partido entre Alemania y Francia, auguré: los germanos en la
final.
Yo
no creo que los campeones sean una selección con rasgos de Guardiola, ni siquiera creo
que se parezca en algo al fútbol que desarrolla el técnico español en la actual
liga germana y deslumbró en el Barcelona, en su momento. Creo sí, que subyace
una tradición germana de buen trato a la bocha, condición física y mental,
perseverancia, constancia y pundonor que ha significado a la emblemática
escuadra europea por siempre. No en vano han sido 4 veces campeona del torneo,
4 subcampeonatos, 4 terceros lugares y 1 cuarto lugar desde el mundial de 1936
a la fecha. Desde entonces han contado con sólo 8 estrategas al frente de su
banca, entre ellos, Sepp Herberger, Helmut Schön, Franz Beckerbauer y el actual
Joachim Lów. Hay una continuidad estratégica en su desempeño como equipo, en
todos los aspectos del término. Cuando observamos a una selección alemana
sabemos que ahí, enfrente, está una escuadra teutona –sin importar la
categoría- que juega a lo mismo: tozuda, tenaz, constante, de buen trato al
balón y capaz a la máxima potencia.
Creo
que la final con Argentina fue una buena final. Entretenida, perruna y emotiva.
Los albicelestes dieron lo que llevaban, pero Messí no podía solo, la ausencia
de Di Maria resultó vital para el resultado. Nadie sabrá nunca si esto hubiera
cambiado, pero lo que sí sé, es que fue un gran partido digno de una final de
torneo, donde ganó el fútbol.
Hasta
dentro de cuatro años. Alzaremos nuevas expectativas, ilusiones y ya nos
dejaremos seducir por el canto de las sirenas y los alegatos de la televisión
de paga. La bocha sigue y seguirá rodando para nosotros y para millones más.
Gracias,
A La Cámara Húngara por el espacio. Y al hipotético lector por la paciencia.
Hasta otra... Vale.
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