sábado, 18 de mayo de 2013

19 de mayo de 2013


Hace 23 años ya, un día como hoy pero de 1991, en la plaza de San Francisco –sitio de la fundación de Valladolid, hoy Morelia- celebramos con un espectáculo escénico el aniversario 450 de su fundación. Jamás, desde entonces, autoridad alguna municipal o estatal, ha tratado siquiera de retomarlo. Por lo tanto, fue único.




Habría que decir que fue un espectáculo complejo, en su estructura y maniobrabilidad interna de ejecución; tanto como complicado por las situaciones externas que arrastró desde el principio: a saber en ese momento en Morelia se dirimía una batalla política -¿cuándo no?-, a ratos silenciosa y otras perversa por su grilla intestina; el primer ayuntamiento perredista en México tenía un momento exaltado a consolidar –Samuel Maldonado era el Presidente-, y otro de los muchos gobiernos interinos priístas –Genovevo Figueroa era el interino- que trataba de detener la avalancha, en su terruño en formación en ese momento. No hablaré más de lo complejo de esa circunstancia pero se debe tener en cuenta cuando el talentoso, también ex rector de la casa de Hidalgo, programó a la misma hora, en el centro de la ciudad, frente a Palacio de Gobierno a los Bukis y asomado al balcón central mostró el menosprecio por todo lo demás.



Sin embargo la gente inundó la plaza y atiborró las graderías. El espectáculo inició con los rayos últimos de la tarde, desde un principio, en los días lejanos ahora de septiembre o octubre del año anterior, así se había determinado. Abrimos, con un silencio en la casi oscuridad sobre la plaza que la muchedumbre apiñada en las gradería que rodeaban el rectángulo sólo rompió con un aplauso breve cuando los primeros acordes de la Sinfónica y el coro monumental de las Rosas; fue una overtura del maestro Gerardo Cárdenas que también conducía al conjunto musical.

Quienes estábamos sobre los templetes frente a la plaza, viendo en dirección a la arquitectura de la Casa de las Artesanía y el Templo de San Francisco, quienes teníamos el control de la ejecución en ese momento, había una inmensa sensación de seguridad tamizada por el nervio natural del indecible inesperado. Pero cuando vimos el chisporroteo casi mágico de las pezuñas al impacto con las lozas del piso, bailando el penco, aquel caballito brioso que nos significaba la muerte que acompaña a la vida inexorable, y notamos el murmullo que corría de tribuna en tribuna, quiero decir que nuestro pecho se llenó de valor y placer, “estábamos por el camino correcto”.

Recuerdo con mucho gusto aquello. El trabajo ante todo fue muy aleccionador y lleno de experiencias. Yo participé como Jefe de la Producción, bajo las ordenes del maestro Roberto Briceño, quien fue el Director General del evento. El papel principal lo realizó Manuel Guiza. La dirección escénica fue de Alfredo Durán, la escenografía del maestro Octavio Vázquez, la parte coreográfica correspondió a la maestro Dalia Próspero y un gran numero de personas –todos con mucho talento-, pusieron su manota de arena para lograr dicho resultado. Yo también escribí, estructuré y rehice gran parte del texto escenificado ese día adjudicado a Neftalí Coria; si alguien dudara de esta afirmación se le puede preguntar a el maestro Briceño que aún vive.



Para Gustavo López Jiménez, hoy sobresaliente escenógrafo, escribí un texto. Fue la representación del emperador Itrubide, nuestro único personaje histórico que se recreó en ese espectáculo a pesar de existir tanto pro hombres. A Pepe Ortiz, sobre le templete armado encima de la pila y rodeado de hermosas y rubicundas cortesanas vallisoletanas, se le construyó un texto recreativo, jocoso y lúdico que realmente provocó hilaridad por su fraseo preciso.

Una anécdota recurrente de esos recuerdos, es cuando al pasar de la gente en el transporte público o caminando en torno de la plaza, en los días previos al evento, liberada de los toldos y lonas de los muchos comerciantes que por años la habían tupido, las personas decían: “Mira si es una plaza. Que grande… ¿Qué irán hacer? Y esa gente ha de ser bien pudiente que hasta una pila con agua ya le pusieron en el centro”.



martes, 7 de mayo de 2013

CONFESION DE UN ROTITO.. 2



A Rules Mejía, a su magnifica crónica culinaria

He de señalar que no me gusta el mole. No soy afecto a ese pesado platillo dulce o picoso ni oaxaqueño, ni poblano, ni guanajuatense. Tampoco me gusta la comida japonesa exuberante en sus formas y colores, pero insípida -para mi gusto-. Y sé de que hablo, porque mi familia paterna fue, es y será molera por los días de los días de la primera aurora, hasta la eternidad.

Como he dicho en otros momentos nací horneado en casa, con doctor y comadrona junto a la cama, en la calle de Manuel Muñiz. Ahí entre el mercado de Carrillo, la Ciudad Perdida y la calle Cuautla; entre las glamorosas Zamora y Guerrero. Lo aclaro porque en los años cincuenta, sesenta, setenta y ochenta vivió, guisó y comerció la molera más famosa del orbe vallisoletano de quien se tenga memoria en esas décadas aún no cargadas de chilanga presencia: Doña Cata; cuyo mole fue y es objeto de culto y recuerdo memorable a tal sazón. Y al cual, por supuesto, mi familia paterna fue asiduo comensal con motivos celebratórios o sin ellos, por mero placer de celebrarse la tragona angustia del gusto dominical acallado con un muslo de pollo o una pierna de guajolote…

Ya he mencionado que no soy afecto al mole, prefiero otro tipo de cocina mexicana, menos barroca, aunque no desprecio los pipianes o exóticos platillos con reminiscencias peninsulares. Entiendo que en gustos se rompen géneros. También comprendo que hay una suerte de memoria de sabores que todos guardamos y llevamos en la faldriquera, dispuesta siempre a brotar a la menor provocación, trayendo a las papilas gustativas la remembranza de placeres idos. En ese sentido prefiero, hablando de cocina michoacana, unos chiles capones de la región de Acámbaro con su respectivo queso Cotija, la delicadeza de la sopa fría de aguacate al tequila, unos trozos de carne de puerco con un molito de olla con ciruelas de la región lacustre, el sabor delicado del consomé –que me recuerda la tradicional cabeza en caldo moreliana que se vendía junto a la estación de guajolo-flechas en el Carmen- de cabeza de res que sin tanto orégano venden los domingos a la entrada del mercado en Pátzcuaro, o aquel sabor nunca imitado y crujiente del chivo adobado de Don Felix, hecho en horno de ladrillo.

Tampoco soy muy afecto a los pozoles. Sin embargo lo prefiero puerco puerco, blanco sin mucho caldo, con cebolla picada, chile perón y limón; más chunches -me parece- verduras y acompañamientos, son superfluos.

Por supuesto, hablando de sopa de arroz, estoy de acuerdo totalmente con Rules Mejía, de ninguna manera, nunca, jamás los ingredientes deshidratados de un sobrecito globalizado -por más rápido que ello fuera- imitaran el sabor asado de jitomates, ajos y cebolla en cazuela de barro indispensables para la hechura de una sopa de arroz tradicional; cuando una sopa deshidratada podrá sustituir el sabor del ajo asado y la cremosa aportación de la leche, en un arroz blanco. Siguiendo con estos ejemplos, jamás, nunca, no pensable me resulta suponer que una sopa Maruchan –o cualquier producto similar- pueda siquiera alentar la vaga idea del parecido con un spaghetti al dente: ¿quién puede suponer que una pasta deshidratada al aceite pueda recuperarse con sólo un poco de agua caliente? ¿quién –sólo atrofiadas las papilas gustativas- puede suponer que un saborizante globalizado en polvo puede suplantar algún sabor?

Como he dicho sé de cuanto hablo. En mi infancia y adolescencia aprecie, comí, gusté y observé cuanto guiso fuera posible de degustar de la fauna silvestre terrestre, acuífera y marina que estas tierras mexicas pudieran albergar en la segunda mitad del siglo XX. Mi padre fue cazador y lo mismo cazo cimarrón, venado, jabalí, ardillas, conejos, patos, gansos, huilotas, codornices, márlin, atún, crustáseos, etc. etc. Toda fauna que se moviera o reptara ante la mira de su escopeta, trampa o red. Pero de nada sirve lo cazado sin unas buenas cocineras que pongan sazón y punto a guisos, potajes y menjures cuyo ingrediente principal es el placer y orgullo que causa la satisfacción de los comensales que se chupan –literalmente- los dedos. No hay secretos en la cocina: hay técnica, tradición, productos; un gusto y un placer que se origina en el cocinero(a) que sabe que sólo se aprecia lo que se quiere, se ama lo que se conoce y se disfrutan las cosas ricas.

Gracias Rules por tu hermoso texto.


viernes, 12 de abril de 2013

Reflexiones del Perro




Nadie puede negar que en la última década, tal vez quince años, hemos sido testigos de cómo el cine norteamericano –ya de por sí avasallante- ha perfeccionado ”la gran caja de los sueños”, vendiendo maravillosos viajes a territorios jamás vistos sin el desarrollo de la tecnología.




Desde el tiempo en que Spielberg con sus monstruos y George Lucas con su saga de la Guerra de las Galaxias irrumpieran, el cine nunca más fue el mismo. La enorme posibilidad escenográfica que la grabación sobre pantallas azules o verdes, a más del incomparable desarrollo técnico de cámaras, lentes y programas de audio y computo, hicieron del cine lo que alguna vez Mellièr soñara en sus más autenticas pesadillas.




James Cameron posesionó como ninguno en la actualidad la figura cinematográfica del viaje fantástico: ¿pero qué es el cine si no eso? Una aventura que congela el tiempo y sólo es posible de contar a través de los recursos que el cine poderosamente posee ahora. Viajes a territorios jamás vistos fuera de la sala del cinematógrafo, cercanías gracias a la tecnología 3D y 4D, imágenes, velocidades y estrépitos posibles exclusivamente disponibles ahí. El cine es un arte bizarro en muchos sentidos, atiborra en su orden múltiples técnicas y tecnologías subordinadas al campo de la progresión de la historia, una y otra vez, y tantas veces como sea necesario, editada.



Ante el avasallamiento de la industria norteamericana en todos los medios, de la tecnología y de los inmensos recursos económicos destinados a su producción y operación, ¿qué hacen otros cines?: porque el cine es un oficio artístico que se produce en todas partes del orbe. Ante todo los cines modestos buscan contar una historia interesante dentro de los alcances de una narrativa cinematográfica que suele recuperar aquellos territorios imaginativos y creativos no necesariamente construidos por los miles de dólares que hacen de un bíceps, un triceps o una mueca repetitiva, sinónimos de excelencia actoral. Esa es la antiquísima batalla de la industria y el arte: sin que esto quiera decir que esté diciendo qué arte es el que se produce fuera del cine americano, no, también se producen unos bodrios allá como fuera de ese coto.







miércoles, 20 de marzo de 2013

ESTUVE DE VISITA



Estuve en Morelia este fin de semana. Se celebraba la expropiación petrolera y siendo de por aquél terruño quien eso realizó, pues debíamos festejar y convivir además de que es el fin de semana largo antes de la Semana Mayor.

Todo transitó en los términos deseados: visitas y jolgorios con parientes, amigos, conocidos, hermanos, amores… Dormir en la tranquila afabilidad familiar. Me sacrifiqué –atascadamente- en los sabores de los guisos de tías, primas y por supuesto, la sazón de mi ama –al leer esta ultima línea alguien podrá suponer: “sí… tengo el gen del síndrome de Pedro Infante.. ¿y qué?”-. Así como todo mexicano carga a cuestas al “Jamaicón” Villegas, yo cargo a cuestas, a Pedrito Infante…

Como ya he dicho “todo transitó dentro de los términos deseados”, sin embargo en conversaciones diversas de sobremesa me cuentan cosas perturbadoras por la naturaleza misma de los hechos de los cuales, poco o nada, dan noticia diarios y noticieros locales haciendo complicidad al cerco informativo creado a partir de la irrupción –nuevamente- del priísmo fascista que gobierna la casi totalidad del país. El caso es que en Morelia -específicamente-, los robos a casa habitación se han incrementado a exorbitantes cifras sin que exista acción o acto de la autoridad –que se supone mantenemos para que cuide y prevenga- poniendo coto a ese latrocinio. Y desafortunadamente, no hablo de oídas, hay varios casos dentro de mi familia.

A las modalidades conocidas se le une ahora otra de cuño nuevo: llegan a la casa –normalmente habitadas por personas solas, de la tercera edad o solas en ese momento- dos jovencitas dicharacheras, agradables, simpáticas promotoras de los programas de ayuda a la población, identificadas con credencial, uniforme y cuanta papelería es necesaria. Se identifican y le hablan a la persona por su nombre, ofreciendo datos personales muchas veces sabidos por su propietario únicamente, y teniendo el pretexto de integrar el expediente y observar la vivienda penetran –con permiso de la persona- al interior. Ahí, después de una observación bajo pretexto de ver goteras, humedades y grietas una de las jóvenes que toma video o fotos lleva a la victima a un lugar aparte mientras la otra delincuente, esculca y vacía de dineros, alhajas y cuanto bien puedan atracar. En algunos casos, si la pareja es de hombre o mujer, o compuesta de dos hombres, encierran a la victima en alguna habitación mientras ellos vacían –literalmente- la casa, y hay casos en los cuales las victimas son golpeados también.

Como se observa, detrás de este tipo de atraco novedoso, debe existir una organización que analiza horarios, informes personales de la futura víctima y posee algún tipo de respaldo que permite maniobrar libremente a los perpetradores. No se entiende sin ello que los atracos sucedan a cualquier hora y lugar de la ciudad. Las victimas están indefensas: primero, por la edad e ignorancia con respecto a las supuestas acciones de beneficio que los programas sociales en cuestión y que se ofrecen a la población en general; segundo, ellas mismas permiten el paso a los victimarios; en la mayoría de los casos no existe la violencia evidente, aunque ya de suyo el atraco, el robo, sea una forma de violencia específica.

Desde el gobierno de Cárdenas Batel, después seguido por Godoy Rangel y ahora por “el ardiente “ Fausto, el incremento de todo tipo de robos, atracos, secuestros ha ido en crecendo sin que exista un asomo de la autoridad para proteger a la ciudadanía: fuera de los discursos, los buenos propósitos y las bendiciones de los curas...

Desde mi punto de vista la solución preventiva, como sucedió durante el gobierno del sexenio anterior, no es la nota roja a toro pasado que sólo origina temor, si no que valiéndose de la penetración de los medios masivos y periodísticos locales, deberían de existir estrategias de información veraces a la población, a más de una eficiente y pronta respuesta de la autoridad: una llamada a la policía significa espera de cuarenta o cincuenta minutos en el mejor de los casos. La aparición de grupos de autodefensa vecinal o comunal –como el costo de vidas que eso ha implicado-, el enrejado de cuadras y manzanas enteras en ciudades y poblados, es la respuesta de una sociedad menospreciada, cansada, vapuleada por la criminalidad y harta de un Estado incapaz de cumplir con el principio básico de su existencia: proteger y cuidar a la población que paga con sus impuestos su trabajo, sus vidas regaladas, su francachelas y todo aquello que implica los goces del nimio poder.


ROGELIO LUEVANO


REALMENTE POCOS MAESTROS TAN COMPETENTES COMO EL MASTER LUEVANO. AHORA CUMPLE CINCO AÑOS DE ADELANTARSE EN EL CAMINO. UN PROFESOR ATENTO, PREOCUPADO POR EL SABER, CONOCIMIENTO Y DESARROLLO DE TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE TOCABA CON SU INMENSA PERSONALIDAD Y SABIDURÍA.




jueves, 7 de marzo de 2013

Confesión de un rotito



Nunca como ahora he estado más convencido que mi determinación de finales de los años ochenta fue la correcta. Nunca como ahora que ya he sobrepasado los cincuenta años de mi edad, que he alcanzado mi primer atado, sé que tomé la decisión correcta. Y probablemente, hipotético lector, se pregunte: ¿de qué habla este Emilio? ¿Quién es ese hipotético lector? ¿Por qué tanta alharaca? ¿A dónde pretende ir con tanto barullo?

En la década de los años ochenta tomé la determinación de negarme a hablar y pensar en otro idioma que no fuera el castellano. No fue una decisión tomada sin pensar. Durante un buen de tiempo el pensamiento fue armándose y tomando forma. La gota que derramó el vaso fue el escándalo Irán Contras: no sé si se recuerda a Ronald Reagan –un actor mediano- Presidente de EUA que financió con dineros norteamericanos y truculentas maniobras corruptas la contra versus la revolución nicaragüense. El costo a la población y al pueblo centroamericano en sangre, sudor y lagrimas después de los Somoza, fue terrible. Y la Contra fue algo patéticamente más horroroso, retardante y mísero para esa nación.

El Imperialismo y su hambre insaciable son objeto de críticas y observaciones continuadas, nadie puede entender el pensamiento reinante de que el armamentismo es el camino idóneo para la paz, la depredación inmisericorde de recursos naturales es justificable, el enriquecimiento monopólico de bienes es natural, la injusticia fomentada en gobiernitos a modo, la corrupción como herramienta, el empobrecimiento como táctica y el fomento a la procreación de costumbres destructivas justificadas en la libre autodeterminación de salvaguardarse como quien tiene un patio trasero donde tiliches, árboles, aves, perros y gatos perviven con ratas y alimañas toleradas sólo como elementos del “bien común” y la “orgullosa nación del norte”. En este cuadro, todo lo otro del lado sur del río Bravo, somos traspatio.

La decisión tantas veces rumiada se convirtió en imperativo. Troné para siempre y nunca más el 100% de ingles perfeccionado a lo largo de esa década con innumerables cursos y viajes a la gringa nación, el alemán que siendo el idioma que realmente me gusta tuve que sacrificar en aras de una determinación no negociable y el poco francés que ya había empezado a estudiar tirando mensualidades ya invertidas. Por tanto, puesto en marcha mi objetivo irrevocable, desentendí todo aquello que no fuera el castellano y me preocupé verdaderamente por valorar, entender, usar y saborear con más placer mi lengua materna en sus distintas gamas. No creo que sea una persona digna de un homenaje o cosa que se le parezca, soy sí, alguien que ha tomado la decisión de asumirse como propietario de una voluntad, un tipo a contracorriente, un ejercicio que enfrenta irreductible y con firmeza la esclavitud que muchas veces tiene como origen y principio buscar con tesón la impostura de parecerse “a alguien que jamás serás” vendiendo a cómo de lugar la misma simiente desconociéndola.

Por que ahora me atrevo a escribir este pasaje personalísimo: bueno he leído con placer que después del mandarín que le sigue al inglés por poco, nuestro castellano, es el idioma más empleado por personas en el Internet y los hispano hablantes crecen y se difunden por el orbe. Mezcla de lenguas grecolatinas, árabe, ibéricas y enormes aportaciones autóctonas indígenas continentales de América, nuestro castellano del Siglo XXI es un poderoso, potente y exuberante gama viva y maravillosa que exige inmersiones profundas a su ortografía, gramática, vocabulario, sintaxis…

Hoy, la decisión personalísima, tomada a más de veinte años me tiene satisfecho. En el 96 tomé la determinación de gastar mis dólares -siendo la única lengua que la gringa gente comprende- en otro sitio que no fuera allende sus fronteras, por tanto, desde entonces no he regresado a esas latitudes ni regresaré. Aún Hawai –que tanto me ilusiona- siendo una estrella de esa bandera habrá de esperar…


PASABA POR AQUI

http://youtu.be/O0HCgYAZajw

jueves, 28 de febrero de 2013

EL CASO DE ELBA ESTHER



 La desgracia del caso de la "maestra" Elba Esther Gordillo, famosa lidereza del SNTE, no es un suceso aislado de la lucha épica del estado mexicano en contra de los feudos y del enrriquecimiento explicable sólo a través de la corrupción, discrecionalidad en el manejo de los recursos de agremiados, los manejos turbios y la complicidad con otros muchos implicados. El servilismo, el rentismo, la función clientelar de los personajes a los partidos políticos que ocupan carteras de liderazgo -vaya ud a saber cómo lo logran- es porverbial. Salirse del huacal, cometer una imprudencia, moverse en el momento de la foto, es causa de represalias funestas del Estado tlatoánico en Mexico.

El caso más recordado en la reciente historia de nuestro país fue, cuando "el padrino" Carlos Salinas imperaba, el de la Kina. También prominente líder petrolero. Tuvo que pagar su cuota al poder y tras pasar por el susto de que le bazuquearan su casa, lo enviaron al reclusorio sin derecho a fianza. Las similitudes con el hoy son obvias, una presidencia manchada por la duda y la ilegitimidad de unas elecciones fraudulentas y la necesidad obvia de hacer sentir la mano dura del poder encapotado, legitimador y habitante de los Pinos.

Calderón, en su momento, quiso hacer lo mismo. Un golpe publicitario, una artimaña telenovelesca, pero le fallo. El "michoacanazo" a la postre se desinfló, como otras muchas de las boberas que ese mandatario provocó en su irreductible afán de guerra y odio.

Ni modo mi Elba Esther, hay que pagar por los años de gustos y placeres jamás nunca imaginados. Al cabo que sobre el pasmo y la inmovilidad social impera, como siempre, la ley de la zanahoria y el camino.



miércoles, 20 de febrero de 2013

VACACIONES 2012


III.

Lancé una botella de vidrio, con un tapón de corcho, con todas mis fuerzas a las agua azules. Antes de cerrarlo puse en su interior una hoja del libro que leo con fervor. Una hoja al azar. Tengo esa sensación intuitiva de que algún día, en algún mar, volverá y regresará para formar parte de mi Ulises de Joyce.

Trescientas sesenta y cinco islas tiene este archipiélago panameño. Una isla para cada día del año. Islas grandes con aldeas y montes, con parcelas y animales en majadas; otras diminutas de escasos centímetros arenosos sobre el nivel del agua salada saltando sobre el arrecife; y aquellas otras irregulares o medianas donde los nativos crearon reservas que igualan al paraíso.

2.

La playa arenosa es un muladar: desperdicios, pedacera, escombros; cosas ahora inútiles, naufragio de utensilios, jirones, retazos… todo cuanto sea imaginable está regado a siniestra y diestra, en ovillos de trizas, en disparatados montículos, en irregulares montones por la costa sobre esta playita de olas calmas, junto a los riscos de piedra calcárea e impasible; paseando de lado a lado…

Sobre el viento, en las cumbres de los farallones, se columpian las gaviotas y el sol se bambolea entre las nubes grises de un largo medio día nubloso.

No alcanzo a entender cuanto tiempo ha pasado, tirado como estoy, echo un ovillo cuasi mortuorio tragando agua salada, masticando de a puños granos de arena fina. No sé siquiera sí aún estoy con vida. Perdido en la inconciencia más profunda por tiempo indefinido. Alcanzo sí, en lo profundo del sueño, a ver las olas elevándose, tragando a mordiscos feroces la cubierta del buque, balanceando el sólido mástil hasta el límite de su resistencia, quebrando las voluntades de marinos profesionales y echando al agua fría, negra, violentamente agitada los despojos de aquello que va arrancando a la fuerza del barco que cruje y se estremece a cada embate. Me veo aterrizando en las olas, como simplísima cáscara de nuez echada a esas fauces por el poder del viento que me levanta de la cubierta cual papalote y me estrella en las furibundas fauces negras.
Lamentos, gritos desesperados, cuchicheos que parecen bisbiseos ansiosos de golpecitos repetidos cual picos de aves graznando. No sé, algo me saca del sopor más profundo, de la inconciencia más devastadora: ¿mi sentido de conservación? Lo primero que miro son los cuervos que ya tratan de picotear mi carne, luego las gaviotas y los colmoranes que brincan lejos con mis bruscos y agitados gestos, guturales sonidos surgiendo de una garganta en colapso; no muy potentes pues me siento fatal, pero suficientes para que lo piensen un momento y se pongan a resguardo… Puedo parecer un platillo gourmet, exánime, semidesnudo para esta parvada de forajidos playeros: el banquete, al menos ahora, esperará para mejores tiempos… El esfuerzo me tumba pero me ha reactivado los sentidos.

Estoy rodeado de escombros desperdigados por una playa de arenas diminutas, aguas calmas, profundas, farallones colosales y una selva espesa y profunda que se extiende al fondo. No se ve salida pues rocas inmensas flanquean ambos costados. Y el sol campea en lo alto pasando el cenit por arriba de los riscos.

Estoy a punto de caer en la fase dos del miedo.


jueves, 7 de febrero de 2013

MIS VACACIONES 2012


II.

Trescientas sesenta y cinco islas tiene este archipiélago en los linderos de Colombia y Panamá. Una por cada día del año. Las hay grandes donde se albergan villas, pueblos, caseríos y ranchos con su infaltable asociación de acémilas, gallinas, perros, conejos, puercos... Las hay también diminutas, cuyas arenas y salientes coralinos se ocultan con cada marea nueva. Otras ni grandes ni pequeñas con palmeras, esteros y parcelas con cultivos donde los nativos han logrado implementar industrias rentables poco agresivas para el ambiente. Y dicen los naturales de estas latitudes que sobresalen de cuando en cuando de las aguas unos macizos de coral, formando una breve islita en los años bisiestos que luego del paso de las semanas y los meses vuelve a desaparecer, lo que origina trescientas sesenta y seis islas: una por cada día del año.

Perdido en el anchuroso mar de aguas azules, cristalinas y profundas. Pasajero de un esquife esbelto y dotado de un motor poderoso, viajo en cuclillas, amonado padeciendo los tumbos del golpe de las aguas en la proa. No doy crédito, si no lo estuviera viendo, de cómo las aguas cristalinas se parten de golpe en mitad de la travesía con otras aguas turbias casi negras que avanzan en sentido contrario rompiendo y trocando lo cristalino y prístino. La fetidez del yodo se torna entonces más picante, es como si al cambio de color le siguiera una nube de aromas potentes, penetrantes, insólitos. El esquife entra sesgado dando una machincuepa antes de asentarse en el nuevo torrente que lucha en sordina oponiendo una resistencia potente y novedosa. Pues no ha de ser tan malo, dado que nadan ahí mismo una mancha de toninas de largos hocicos y complexión más estilizada persiguiendo cardúmenes de sardinas.

Perdí la cuenta del tiempo en que viajamos por estas turbiedades. El sol está en el cenit y he perdido también mi sentido de orientación, si no fuera por el piloto… Ya ni los golpes siento cuando la barca zarandea mi esqueleto, ya los músculos los tengo entumecidos y los ojos cansados de mirar estas agua grises que lo rodean todo hasta el horizonte. ¿Quién mencionó al trópico como un recurso invaluable y prometedor? Ya también dejé de sentir la picazón del yodo. Sin embargo, luego de no sé que tiempo y de apartar la palabra “dolor” de mi diccionario, veo a la distancia una rayita en el horizonte que alguien llama marisma y de súbito, unida al vocablo, la aparición de una franja de reconocibles aguas azules: azules como la de todos los mares del orbe; azules como las aguas del mar de mi imaginación, de la imaginación de cualquiera.

Agarrado a la baranda todavía tardamos un mundo en saltar dentro de las azules esperanzadoras aguas del mar océano de mis recuerdos. De a poco, es como si recuperara el gusto de la mar y sus aromas a salina, algas, yodo, pescado, podredumbre… Otra vez saltamos al entrar en las azules aguas y una mancha de delfines nos recibe con sus cantos de sirenas seductores de marinos curtidos. Veo hacia la popa y bendigo en silencio que las turbiedades se vayan quedando lejos, atrás, a la distancia con mi cobardía y eso que podemos llamar pasmo.

La marisma si es una raya que va creciendo aceleradamente con los contornos de una isla frente al bote.