domingo, 5 de enero de 2014

¡¡Trinchen… Reyes!!


“¡Móndrigos! ¡¡Y siempre móndrigos… inches hermanos Reyes!!”

Entran a hurtadillas, de puntitas, ocultándose con el entorno de la noche espesa y las luces de la calle… Meneándose en sigilo, cual camaleones en avanzada, cambiando de forma y camuflaje: deteniendo el paso, mirando de soslayo, retrocediendo un poco, respirando por los poros, redirigiendo la mirada a otro sitio, midiendo el paso, avanzando... Reptando como sierpes... Silencitos como gatos con guantes al acecho… “¡¡¡Fuuuuuuaaaaahh!!!” Botaron los cerrojos de puertas y ventanas: y tentando acá, manoseando allá, picoteando ahí, pellizcando a cuya, palpando meneito; olisqueando, soplando, lengüeteando, mirando, atisbando, escudriñando, probando… en fin, metiendo la nariz –literalmente-, en todo a mano… La táctica, la usual de siempre dirán los enterados en asuntos de guerras, asaltos, robos, espionaje, sedición belicosa, vigilancia de personalidades… En formación Diamante: Melchor, Raspar y Basaltár en la vanguardia; el Caballo, el Camello y el Gordofante sus compinches, en la retaguardia. Listos a responder, desaparecer, transformarse, mimetizarse; a ocultarse en resquicios, muebles, cortinajes, lo que esté a mano... ¡Cual ninjas tortugonas!

Cuatro inviernos hace ya que hasta la primavera del siguiente año la Nenuca y éste Emilio la pasamos en las Europas. Deleitándonos de los manjares de la estación sombría que no gusta a muchas personas, por tanto, nos ocupa poco las anuales visitas a nuestra casa residencia de la horda de los hermanitos Reyes y su secuacería de gañañunflas. Como he dicho, semanas antes del solsticio, antes de comenzar el maratón Guadalupe-Reyes, andamos por aquellas áridas regiones primer mundistas tirando galanura: guantes, abrigo, bufanda y mochila en ristre; deleitando alegrías en paseos, vinos, quesos, potajes, cobertores de plumas de ganso, chocolate, brandy y brindis, castañas en fuegos de chimeneas chispeantes; abetos, renos, muérdago, enanos, adiposos mofletudos timbones de atuendos colorados. Por ello, ¿quién se puede ocupar con seriedad de estos tristes gatos desaliñados de barrio que a hurtadillas, de imperceptible manera, entran en busca de migas a las casas residencias acaso una vez al año, corriendo el riesgo inminente de ser sorprendidos, atrapados, vapuleados, sometidos y remitidos a la justa justicia que al año siguiente habrá de soltarles el hilito, cual mayates atados de una pata, para atarantarles y atraparles nuevamente? Nuestro país y el sistema tan recurrente en repetir los errores históricos, lo consiente y lo consentimos…

Este año sin embargo, endurecidos los timbres migratorios primer mundistas: “Sepa la razón: ¿o por qué?” Siendo muy claros para la chocolatina media africana y muy oscuros para la colorante blanquiruches nórdica nos echaron, cual centroamericanos apaleados en buque, ingreso ominoso a las calidas fronteras trasatlánticas mexicas: “sin Bestia… a pesar del “Rey” de José Alfredo y de aquello “de que de piedra a de ser la cama” de Cuco Sánchez”. Mochilas, gorras, sacos, guantes… arrastrados por pasarelas y galpones... “¡Unos inches caminantes del éxodo nahuatlaco: de los andurriales de Aztlán a los “caminos de Michoacán” el bonito!”.

Así, de esa manera, maltrechos y en ayunas, desembarcamos de éste sueño soñador en la ciudad de canteras rosadas y calles abiertas en canal, antes de navidades y fines de año… “!!!Bubububuuuuuu!!!!” La tristeza dibujada como pegote, marchita de tanto usarse: con la alegría extinta en la mirada, con el fuego apagado, con la fiesta interna solitaria; desolada, ajena al gozo, la dicha, la sensualidad, ausente del rumor de la algaraza… “¿Quién quiere visitar amigos? ¿Familia? ¿Quién busca el consuelo en otros y otras? ¿Quién puede alzar la copa que no sea de hiel amarga y sabor a centavo? ¿Cómo no partir en trizas la dicha con el filo filudo del velo de la obsidiana?”.

“Cerrad cortinajes. Echad cerrojos. Apagad luces. Ahogad y callad ruidos… Sentaos el culete en algún rincón ominoso de la casa residencia, tumbad los codos sobre las rodillas suspirando, gimoteando en imperceptible bisbiseo, chapoteando en el indecible y la torturante melodía del silencio por los siglos de los siglos…”

El tiempo no tiene historia, va delineando su perfil a golpe de cincel. Seis contornos extraños. Seis figurantes en gris intenso y blanco platino deambulando por las aristas de una cosa que se deshace en la efímera línea imperceptible de una realidad inconsistente. Irreal. Zigzagueante.  La vigilia, la desolación, la zozobra hace que todo se vea acuoso… Seis vahos que se desahogan con parsimonia en la bruma de la noche espesa, helada. Doce manos que tentalean, apachurran, acarician, frotan y repiten el apretón, el tentaleo, el agarrón… Seis intenciones, dos desconsuelos desorientados, un pensamiento rector… “¡Déjate de mamaaa..rrachadas, ése! ¡Afloja, Nenuca! ¿Qué tanto es tantito, ésa? ¡Abre las orejas que no oyen! ¡El tiempo es una raíz agarrada! ¡Garra que aprieta y no se desgarra con una hamburguesa desdentada! ¡¡Entiende lo que es entendible!! ¡¡¡Están acá!!! ¡¡Montados en el tobogán!! ¡¡Parados en el hollín y el flotante polvo cósmico!! ¡Polvo de estrellas! ¡Picos, piñatas y colores de papel picado! ¡Sabores a caña, tejocote, mandarina! ¡Confeti! ¡Espanta suegras! ¡¡Presta pa´ la orquesta…!! ¡¡Saca petaca!! ¡¡Saca que apesta!! ¡¡¡Saca muelas y poninas dijo popochas!!!   ¡¡¡Jajajajajajajajajajajajaja!!!”

Una lata de frijoles refritos en aceite, cebolla y chile picado. Ocho pedazos tristes de queso. Mendrugos y petadazos duros de bolillo sin lama de alguna noche sin fecha. Unos tragos de Sidra en vasos desechables, oculta y resguardada por el polvo, las telarañas y libros caídos por accidente hace meses, años. La santiguada promesa de que el Hulefante y el Raspar pagaran los tamales por sacar al Niño de la rosca que el Caballo hurtó de la panadería… Lagrimas de risa, bailongo y la noche que se extingue melancólica con las luces de la amanecida y el rumor de los primeros escuincles en los triciclos y los patines...

Los contornos de la Nenuca me abrazan desnudos, se frotan contra mi carne cálidos, bajo las sábanas que usamos para tapar los muebles del polvo...



Morelia. Enero, 2014.

viernes, 27 de diciembre de 2013






A TODOS LOS LECTORES:

SE LES AGRADECE SINCERAMENTE LA COMPAÑIA DURANTE EL AÑO QUE TERMINA, SE LES DESEA QUE SUS LOGROS Y DESEOS SE CUMPLAN AMPLIAMENTE EN 2014. 

UN ABRAZO. VALGA PUES.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Visando el camino

 

“Cartagena de Indias” le llamaron los españoles. Aunque Pedro de Heredia al fundarla en 1533 le llamara San Sebastián de Calamar, ubicándola en la costa norte de Mar Caribe colombiano y con el pasar del tiempo el puerto tomó el nombre actual, convirtiéndose después, en la capital del departamento de Bolívar.

Los españoles le llamaron Cartagena de Indias para diferenciarla de “Cartagena de Levante” que los cartagineses en sus guerras púnicas con los romanos fundaron en la costa ibérica de Murcia.

En tiempos de la colonia española con el puerto colombiano, Portobello y Veracruz, formaron el trampolín de lanzamientos de grandes fortunas en lingotes y especies que nutrían las arcas de los países europeos: ya de manera legitima, gracias a los buques españoles y ordenanzas de la Corona, o de forma mañosa, gracias al contrabando, saqueos, abordajes y rapiñas navales piratas. Constancia de esa forja calamitosa, se conservan parte de la fortificación amurallada, los castillos de San Felipe y San Fernando, los fuertes de San Lorenzo y Pastelillo, el Convento de la Popa, el Palacio de la Inquisición.

Me gusta este Emilio nuevo, el que camina por las callejuelas y los recovecos respirando los yodos ácidos y salobres de este mar caribe tantas veces transitado por buques, galeones y fragatas de todos los calados y naciones. Me gusta este Emilio a mitad del tercer lustro del milenio nuevo: sin adicciones, sin grandes tempestades humanitarias a cuestas, sin amistades oscuras; sin tablas, credos, misterios; tres quintos en la faldriquera, un libro de viajes, una matraca arrítmica en el pecho, unos huesos carcomidos, una pluma y la respectiva barra de tinta china. Me encanta el Emilio, por escalinatas que suben y bajan en barriadas coloridas, cual juego de serpientes y escaleras.

También me seduce esta batalla momentánea con el “cartañol” pegajoso, grosero, picante, hilarante… A ratos, inexpugnable en esa jerga caribeña sin traducción pero que igual embarra, estruja, conmueve y logra articular un discurso de salves y quien vives trepidantes, gozosos, mareantes. Estoy en el vórtice de otro hito del gran castellano. Parado, haciendo equilibrio. Articulando alguna parte que no busca ser “el manito”, la jerga hibrida e histórica del cine mexicano de los años cuarenta y cincuenta que en estas latitudes adquirió naturalidad y etiqueta, o el intragable lenguaje dizque mexica de Viruta y Capulina, achacable en su totalidad al Chespiro del Chavo, el Chapulín, el Botija… Me disculpo, busco urgente una letrina para vomitar a mis anchas.

Una arepa de huevo para abrir. Sancocho de sábalo, arroz con coco, plátano freído. Dos cervezas Aguila y un ron oscuro. El café es innegociable. Siguiendo con la escritura de la opípara comilona me preguntarán: ¿qué es una arepa de huevo? El platillo es muy simple si tenemos gusto por la cocina y sus secretos: una gordita de masa de maíz freída, doblemente freída, porque la fritura lleva un huevo o doblemente azada si esa es la forma del cocimiento. Freída una vez para que la masa cruda adquiera la forma de una gordita consistente, partida por mitad donde se inserta un huevo crudo que habrá de freírse en un segundo paso, antes de consumirlo.

Casi tres millones de personas se disputan un trozo de Cartagena. La diversidad cultural de las razas se mira a simple vista en la fisonomía de los habitantes: rasgos indígenas caribeños, europeos, africanos costeros mediterráneos, mulatos y mulatas que guardan las características y rasgos de un pasado esclavista no tan distante, donde el puerto fungió de paso obligado. Subyace sin embargo, un hilo invisible, homogéneo, perceptible que se mezcla y une las cosas en los bundes, fandangos y cumbiambas donde el tambor, las gaitas y demás instrumentos recuerdan un antiquísimo crisol donde se baten a fuego lento culturas tan diversas como sólidas melazas albaricoqueadas.

Esta mexicanidad se pone a prueba, como diría un sabio vallisoletano, no soy humilde. Veo desde un balcón el puerto en la amanecida y pienso en la contaminación de centurias. Escribo dos o tres líneas tratando de hallar un poco de esencia, de ambrosía, de polvo de musas en estos garabatos. Nada… Se tragan mis sentidos en el paisaje, la temperatura, la melodía lejana de la bachata. la flaquita morocha que sin disgusto de desviste frente a la ventana abierta… Nada… Cartagena de Indias le llamaron los españoles.


2.

“Cuando pases por Medellín me saludas a Pablo Escobar”.

Abordamos el bus en la tarde noche. Mochilas en el maletero, itacate surtido, suculento, agua embotellada, un termo inflado de “tintito” para consumir a sorbos cortos y lo mínimo en el bolso de viaje personal (documentos, diario, pluma y dinero). El trayecto a Medellín es de poco más de doce horas a riñón, monotonía y dormir a ratos mientras el paisaje de playas y marisma tropicales del Caribe cambia a los altiplanos de la montaña, llegando a la “ciudad de la eterna primavera” colombiana con el día.

“Terminal del norte”: desorientación, carreras, bullicio, bullanga y una llovizna pausada que da la bienvenida a los viajeros. Corto trecho desentumeciendo las piernas y el metro plus en la “Estación caribe”.

“Villa de nuestra señora de la Candelaria de Medellín” fue el nombre que le dieron en 1616 cuando los españoles la fundaron en lo que se llamó antiguamente, en épocas  precolombinas, el Valle de Aburrá. Igual que en el caso de Cartagena, el nombre de Medellín, fue tomado de otra ciudad existente desde el año 75 a. C. en la península Ibérica llamada Metellinum y que actualmente se conoce como Medellín de Extremadura, en la provincia de Badajoz. La actual Medellín en Antioquia Colombia, muestra su mejor sonrisa tras un hermoso arcoiris que pone límite al chubasco y deja resbalosas las calles.

Decidimos mi flaquita morocha y un servidor ser náufragos en una cuidad tan basta, tan cálida, tan soberbiamente amiga, Viajeros sin timón ni vela, cáscaras de nuez en mitad de las marejadas sensuales más abrumadoras por su calidez, la largueza de su emotividad hospitalaria, la constancia de su desapego, de su franqueza sin coto. Medellín abruma con su sinceridad, su lozana presencia franca, su multiculturalidad resalta en cada arista y conmueve en su marejada de costumbrismos: en su castellaño que atrapa en red de granos de café, aguardiente, canela y coco.

Pablo Escobar fue el coco de muchos, el villano favorito de los pasquines, el enemigo de las virtudes, la reencarnación del mal vivito y coleando. Mientras que para otros en estas latitudes, muchos otros la reencarnación del benefactor, el mecenas bien amado, el “Robin Hood” latinoamérica moderno, arquetipo de héroe y forajido sanguinario que enfrentó al sistema e inundó de “polvo blanco” las narices de los norteamericanos ávidos, insaciables, glotones, ricos… Difícil resulta no treparse al tabique de la moralina. Más todavía sabiendo de los 26 mil muertos de su guerra contra el Estado colombiano… ¿Pero cuál la posición ante los 70 mil cercanos sepulcros del sexenio de Calderón?

Imposible en Antioquia substraerse a una “bandeja paisa”: fríjoles, arroz, plátano, chorizo, carne, huevos, aguacate y arepa. Imposible substraerse a un “tinto”, a un “guarapo”. Pero aún más imposible substraerse a un trato, a un negocio, a un trueque de algo, de lo que sea, con antioqueños siempre deseosos y dispuestos a realizar un regateo, una escaramuza verbal que tiene como objeto un negocio, un arreglo, un trato.

Los monumentos de Botero están por toda Colombia tumbados, sentados, de pie. Sus rubicundas presencias invaden el paisaje urbano con el desparpajo celebrante de la dicha, la vida, la alegría y ese airecillo de sensualidad morbosa. Imposible escapar a su presencia física, magnificencia, magnetismo. Es como la sutil presencia de Macondo que todo lo impregna, lame, embadurna, empolva y carcome transgrediendo la mágica presencia de la realidad que invita a suponer que en cualquier esquina nos podemos encontrar con “Remedios la bella” o tal vez, uno de los muchos Buendía, deambulando por éstas comarcas y rincones. Me afano a describir al detalle lo ante dicho en la libreta de viaje, a tres mesas de la mía, disfrutando un tintito el Coronel Buendía espera una carta que nadie enviará…

lunes, 9 de septiembre de 2013

Intouchables


En días pasados, por razones de trabajo, viajaba en un cómodo autobús con la pesadez “normalita” de un trayecto largo que a toda fuerza es molesto e incómodo por muy amigable que trate de ser el ambiente y uno se abandone al sueño.


Si se recuerda, en contraste con los viejos -no muy lejanos- vehículos de pasaje terrestre, los modernos transportes han implementado una serie de comodidades que buscan hacer del trayecto algo menos latoso, menos molesto… Entre los cambios más visibles hay un mayor espacio para piernas y rodillas, asientos menos angostos, baños, lonches y refrescos, películas y la posibilidad de sintonizar música de manera independiente. Pero la materia de éste texto no son los cambios en los automotores. Sólo agregare que en los diversos trayectos similares a esté, en otros momentos, he tenido oportunidad -como cualquier cristiano que se precie-, de ver innumerables refritos cinematográficos, en algunas ocasiones en recorridos distintos, hasta dos o tres veces la misma cinta al hastío; normalmente, de acción, de cine norteamericano, cosa que me da muchísima flojera con los stalone o los willis en seguidilla constante…Los audífonos y mirar para afuera da la oportunidad de olvidar la película en la pantalla.

Sin embargo, esta vez la cosa fue diferente y he aquí la razón de escribir estas líneas. En la pantalla inicia una escena nocturna veloz: un auto volando propiamente sobre el asfalto de una vía rápida que lentamente nos vamos enterando se ubica en la ciudad francesa de Paris. Dos personajes, al volante un morenazo y un blanco como pasajero, irrumpen desaforados en los carriles de esa vía rápida, es más, van divertidos escuchando música a fuerte volumen; después de una larga escena de alocada carrera y rebases múltiples, la policía los acorrala y bajan del auto al morenazo quien se resiste, pues es el chofer de “un enfermo tetrapléjico en crisis” y argumenta que se dirigen al hospital; al revisar al copiloto, efectivamente se ve como la crisis inicia y avanza haciendo escupir saliva y ponerse lívido al enfermo; los policías se espantan, se perturban, no saben que decidir ante el cuadro sorpresivo y los gritos desaforrados del chofer quien les intimida al punto de que se ofrecen a abrir paso al auto rumbo a su destino; al abordar y reiniciar la marcha del bello Renault –como conclusión de la escena-, vemos como estos dos malandros ríen de buena gana disfrutando su osadía, abriéndose paso tras las sirenas de las patrullas…


 Así inicia la cinta Intouchables de los franceses: Olivier Nakache y Éric Toledano. Filme delicioso que narra, basada en una historia real, un pasaje de la vida de Philippe Pozzo di Borgo, autor del libro Le Second souffle, tetrapléjico desde el año de 1993 y de su relación con Abdel Yasmin Sellou, su asistente a domicilio. Personajes interpretados en el filme por los actores François Cluzet y Omar Sy.

En esencia la anécdota es sencilla pero altamente gratificante: Philippe, un aristócrata que ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente contrata como enfermero a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque a primera vista no parece la persona más indicada para cuidarlo, juntos aprenden a convivir arrastrando los resabios y litaciones de un cuerpo endeble tanto como la vitalidad insospechada de la ignorancia, ejemplificado esto en la mezcla de la música de Vivaldi con el soul de Earth, Wind & Fire; moviéndose los parámetros entre la dicción elegante y el mundo del arte, con la jerga callejera… Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada.

Esta película que contiene una comedia fina, se convirtió rápidamente en un fenómeno cultural en Francia, donde fue votada como el evento cultural del año 2011 por el 52 % de los franceses. Además, la cinta volvió a popularizar el clásico: Boogie Wonderland, de Earth, Wind & Fire que es el motor de una escena vital y vigorosamente mordaz al celebrar el cumpleaños de Phillippe...

Vale la pena buscarla y disfrutarla.


martes, 3 de septiembre de 2013

Floresta


En aquella mañana, a penas despuntando el alba, Labrocha se frotó enérgico los brazos, el tronco, el sexo, las piernas y los tobillos sin salir de la sábana. Corrió la cobija y le tapo las piernas turgentes para que no se enfriara. Se lavó la cara y enjuagó la boca con un gran buche. Se puso el pantalón, camiseta, suéter y unos desvencijados tenis de aspecto famélico que para el caso resultaban ideales. La beso en la boca y tomó la correa. Aguantó a pie firme el embate de las expresiones de contento y alegría del cachorro que de la noche anterior a la amanecida estaba más fuerte, más crecido y vigoroso.

Fue al portón y salió al sendero, no sin marcarle “sentado” antes de abrir la puerta y dar la salida. El can apaciguó su ansia, se quedo quieto y espero la señal convenida: y salió volando, agitando con el viento las orejas y paseando de lado a lado el rabo como banderola desplegada en fragata beligerante: “¡Todo a babor! ¡Todos a cubierta! ¡Todo a estribor!” Labrocha cerró el portón, miró a izquierda y derecha curioso antes de iniciar la caminata matutina. Subió la cuesta seguido, alcanzado y rebasado por el cachorro que de trecho en trecho esperaba vigilante al andarín de paso monótono.

Llegaron al bosquecito y el can hizo sus tradicionales tres paradas de rigor, las revolcadas en la tierra suelta y húmeda de la brisa matinal, las olisqueadas en los lugares comunes y los apapachos vigorosos al andarín que sentado en una roca trataba de escribir los versos consistentes, sustantivos y amorosos que le leería a ella al compás de la cuchara parsimoniosa en la taza de café. A sus pies el perro esperó la resolución del dilema. Él quedo satisfecho tras largos instantes de deliberar. Compartió con el bicho un trozo de carne seca que saco del bolso de cuero que pendía de una correa pasada por su hombro, luego de unos momentos echaron a caminar, siguiendo el rumbo marcado por una línea imaginaria a través de las grandes rocas de piel de obsidiana tiradas al vuelo sobre esos lomeríos salpicados de amplias arboledas.

Ya el sol acariciaba con los largos tentáculos las puntas de los árboles tupidos. Ya la naturaleza se agitaba en sus cantos melódicos y sus ritmos diarios. Llegaron al claro que marcaba el ascenso a la troje ubicada en la loma larga de aquel caserío donde esperaba el café, el desayuno humeante y ella. De súbito el can silencioso se paro de golpe. Labrocha apercibido sin dejar sus interiores pensamientos le miró los ojos, puesta la mirada en algún punto ahora indescifrable pero signo inequívoco de advertencia. Recorrió, como quien sigue una línea punteada paso a paso, la distancia visual del can avanzando de su origen al sitio de termino. Ahí estaba, dibujando su silueta en los recortes florales escasos de los troncos añosos que como emblemáticos batallones de infantes salidos de una contienda esperan la carga del rival. Blonda cola erguida, puntiagudo hocico, orejas paradas y esbelta figurilla atlética. Un zorro. Un caza gallinas. Un engaña canes más diestros. Una aparición rojiza en un fondo de todas las coloraturas del verde pensables e impensables. Una ráfaga que no miraba nada y al tiempo atisba todo; nada escapa, nada se pierde.

Duró la aparición diez o escasos quince segundos, una eternidad dentro de la brevedad de la eternidad y el suspiro acaso. E igual de súbito desapareció, dando dos o tres saltitos ágiles,  todo volvió a la normalidad. Supo Labrocha que todo fue cierto porque por una fracción impensable, eterna y breve, el ritmo de las cosas en el bosque se detuvo, paró, cesó.

El can miró nuevamente en presente, observó la cara de perplejidad de su dueño, y cómplice caminó dando ladridos subiendo la cuesta a la troje.




lunes, 2 de septiembre de 2013

¿PARA QUÉ TANTO BRINCO ESTANDO EL SUELO TAN PAREJO?



A FINAL DE CUENTAS LAS PRÁCTICAS ANTIGUAS DEL FASCISMO MÁS RANCIO SE LLEVARON A CABO RELIGIOSAMENTE: LA CAMPAÑA MEDIÁTICA DE LOS COMPINCHES ABONANDO AL HASTÍO Y EL HARTAZGO, LAS MANIOBRAS DISTRACTORAS DE LOS "PACTISTAS POR MÉXICO" Y LA POSTERIOR APROBACIÓN DE LAS LEYES SECUNDARIAS AL VAPOR, LOS GRUPOS INFILTRADOS DE RIGOSOS APUNTALANDO EL DESCONTENTO PUNTILLOSO... EN FIN, TODO AQUELLO QUE COMPONE EL BIEN TRAMADO EJERCICIO DE LA POLÍTICA A LA MEXICANA SIEMPRE AUSENTE, INDIGNA, INCONGRUENTE A TODO AQUELLO QUE NO SEA "SU BIEN" Y NO OTRO.
¡BENDITO SEAS TLATOANI! ¡BENDITOS SEAN TUS ESBIRROS!
¡QUE ZANAHORIA Y PALO NOS COMPLACE EN ESTE SINUOSO CAMINO EN APARIENCIA SIN REMEDIO!

*** Lo que realmente lastima es la forma sucia, oscura y turbia de hacer siempre las cosas "bajo la mesa" que pone en evidencia la presencia del "verdadero" crimen organizado.

jueves, 29 de agosto de 2013

Pensando al vuelo.



A mis 54 años nada me sorprende. Por x o z razones he transitado bastante como para estar desengañado y conocer los pasajes “normalitos” de lo bueno, lo malo y lo regular de la vida social a la mexicana.

Bombardeado como cualquiera por todas las formas: televisivas, radiales, periodísticas, rumorológicas; de sesudos intelectos parlantes que defienden una posición con la misma intrépida audacia como lo hace un gato cuando tiene hambre. ¿Recuerdan la profundidad anchurosa, cuasi mística, de las mesas de debate del futbol soccer en tertulias o programas radiales o televisivos? Así, con esa fiereza escatológica… Sin embargo, esta vez, la materia del embate polemista es la educación, sus mentores, acciones y despropósitos en un país de derecho y soñadores donde la ley de la oferta y la demanda capea sin empacho.

Habría que empezar diciendo que el sistema reformista en andas, se tambalea en algo tan espiritual –por efímero- y a la vez tan concreto, como lo es la legitimidad. Nadie en sus cabales puede olvidar –“aunque te hagas guey compadre”-, del cómo, la forma y la manera en que te subiste –contigo tus iguales- a la silla. Lo mismo en el ámbito federal que en el ámbito estatal o en el municipal. Eso parece que no le importa a nadie. Siempre hay una cobija grandota que puede esconder al fantasmón del llamado “crimen organizado” a quien culpar, aunque los viejos dirían: “gato escondido con la cola de fuera”. O los rumores del desastre económico o las bototas lustrosas del centenario ejercito “siempre fiel”.

El caso es que hoy, el priísmo fascista, acostumbrado a tomar las decisiones en “los bueyes de su compadre”, decide decidir en las mejoras “convenientes” del futuro. Sin análisis, sin discusión, sin miramientos ya trazaron la ruta, y ya trazada, empieza la gran maquinaria a caminar llevando por fogoneros en la vanguardia a los legítimos patriarcas de la razón y el buen decir: los medios masivos que miran en el principio vital de la empresa y su utilidad la esencia misma de su “velda”. “Reditúa más callar que hablar”. Por lo tanto, el valor no radica en explorar las profundas verdades de la realidad, si no en ocultarlas. Así la autocensura, el cerco noticioso, la maledicencia, el silente golpismo patético al desgaste, la desinformación son banderolas, aliados y cómplices de un juego “normalito, común y monolítico”. Ya don Porfirio -precursor de la herencia-, compraba periódicos que de día le tapaban la sombra y de noche le velaban el sueño.

Hoy el gran tema, la gran batalla, es la educación institucionalizada. Las concentraciones enormes que desquician los derechos de terceros, sus movilizaciones, el ausentismo laboral en las aulas y aquello que resulta más grave: el bajísimo nivel educativo de una gran parte de la infancia de éste país. He leído que doctos maestros se quejan del rendimiento pésimo de sus alumnos en niveles de prepa, licenciatura, maestría y doctorado. El crecimiento enorme de los “ninis” yendo y viniendo por calles y callejones. Lo que no se considera es que la educación institucionalizada es sólo una parte del problema: parte equitativamente proporcional a la educación que los padres aportan en la casa; parte proporcional a la educación que los niños, jóvenes y adultos reciben e imprimen en la dinámica en el entorno del barrio, comunidad o estrato social al que pertenecen. El problema de la educación en cualquier parte del mundo es una conflictividad más compleja, amplia y diversa de lo que a simple vista se puede juzgar. No es un asunto simple de sindicalizados, patrones y usuarios. Cualquier proceso unilateral, por decreto, esta destinado al fracaso como ya de suyo lo ha sido en los últimos treinta y cinco años.

Vivimos dentro y atrapados en una compleja red compuesta por palabrerías tendenciosas, maliciosas, de intereses creados donde la no verdad, el callar y la sumisión, es motivo suficiente para dividir, exasperar y alarmar.


jueves, 20 de junio de 2013

A Los Soprano


Hoy nada más abro el Internet y me sorprende la noticia: “a los 51 años de edad, estando en Roma de vacaciones, muere el actor James Gandolfini”. ¿Pero quien era James Gandolfini y por qué mi revuelo? James Gandolfini encarno al popular personaje de Tony Soprano, padrino de la serie The Sopranos, serie televisiva norteamericana que se proyectara de 1999 a 2007 (seis temporadas y un total de 86 capítulos) y que en aquellas latitudes recibiera toda la gama posible de premios y galardones.



Escrita por David Chase la serie cuenta los afanes, las conflictivas, las vicisitudes, los gozos simples de una familia norteamericana típica, salvo que es Italoamericana con conexiones muy pero muy profundas en las tradiciones y raíces italianas. Es la impostura, entre lo obvio (aquello que es oficialmente correcto) y lo clandestino, un motor sugerente.



El universo en el que se mueven los personajes esta ubicado en Nueva Jersey: “la familia” de Tony Soprano y la otra familia del mismo Tony; todo bajo reglas no escritas que permanentemente ponen al boss en situación de stress constante, tanto así que necesita terapia en mitad de esta conflictiva capitaneada por su progenitora. Al tiempo, la historia también narra los inconvenientes y contrastes que abrazan a Carmela (Edie Falco) y los hijos de Tony, tanto como los afanes de Christopher Moltisanti (Michael Imperio), sobrino de Tony y por ratos escritor frustrado.



La serie de seis temporadas es un compendio de buen hacer televisión, existe un cuidado extremo –desde el primer capitulo-, en todos los rubros de la producción. La urdimbre del guión es compleja, sin caer en los recursos obvios del enredo sencillo que después se desmadeja por sí mismo; debes seguir consumiendo capítulos para encontrar las respuestas a la siguiente encrucijada. Explora con soltura la naturaleza de la violencia, la ambigüedad de la impostura y la identidad italoamericana sujeta a tradiciones no escritas pero palpables. Permea el cuidado de un respeto que no se ve para otras culturas. Las actuaciones por otra parte, son creíbles, genuinas. No existe el cliché típico, la grotesca manifestación, la vileza de la violencia aflora debido principalmente a su aparente ausencia.

Gandolfini, esta suerte de oso en reposo, fue y será –como la serie completa- un icono de la televisión en su personaje de Tony Soprano. Así lo recordaré. Descanse en paz.




viernes, 14 de junio de 2013

The Fast and the Furious


Torbellino en la dulcería, donde los muchachitos en uniforme se multiplican tras el mostrador al tiempo que una acelerada audiencia interpela a la caza de palomitas y gaseosas; las campañas contra la obesidad del gobierno mexicano aquí encuentran su punto y coma. Sala atestada de mozalbetes y jóvenes en su mayoría que responden con risas destempladas o silencios conmovedores al código establecido. La convocatoria del sexto pasaje de la saga de Rápido y furioso tiene respuesta.

Al igual que la historia de otros episódicos compendios de aventuras cinematográficas –recuerdo a James Bond, por ejemplo-, la anécdota no es muy complicada ni compleja, por más enredada que parezca. Ken Li y Gary Scott Thompson no se reburujaron mucho la existencia al escribir éste choremón acrobático: los personajes de Toretto (Vin Diessel) y O´Conner (Paul Walker) son “hombres de honor”, a la manera del “Padrino”.




El primer indicio del fenómeno fílmico es una película de 1991 que no mucha gente conoce: Point Break with Cars, de donde Rápido y Furioso rescata la trama del policía infiltrado entre delincuentes (en este caso autos y otros trebejos) pero que se enamora de la hermana del líder de la banda.




Varios elementos son indispensables y necesarios en el éxito: la belleza de las féminas, el estruendo de la cinta sonora, las sorprendentes acrobacias y sobretodo, la fosforescencia de los autos empleados en las secuencias de persecuciones y carreras donde los protagonistas –siempre al filo de la vida-, se juegan el pellejo y la existencia muchas veces salvadas al tris del fantástico milagro.

De las actuaciones no hay mucho que decir, realmente no hay mucho que esperar, son simples esbozos supeditados a la acción y al cliché. Gusta sin embargo las acrobacias imposibles sin el apoyo de la tecnología y las herramientas del cine actual, La trama episódica va desarrollándose desde el esbozo primario en la cinta original: Toretto y Letty (Michelle Rodríguez) y O´Conner y Mia (Jordana Brewster) son parejas sentimentales entrelazadas por el lazo del parentesco familiar pero cuyo código de honor esta intacto y es piedra de toque de la acción. Un aire de farsa pulula en todos los diálogos, incluso en aquellos donde los malos atentan con sus crueles acciones.




jueves, 6 de junio de 2013

The Great Gastby


Deseoso de conocer una más de las adaptaciones fílmicas realizadas entorno de la novela homónima de F. Scott Fiztgerald, publicada en 1925 y de la cual realizadas, desde el año de 1926 y hasta ahora en el 2013, van cinco versiones distintas y al mismo tiempo paradójicamente similares por el hilo conductos de la anécdota de lujo y mezquindad humana subyacente.

Herbert Brenon (1926) fue el primer cineasta que se intereso en el tema a un año escaso de la publicación de la novela y realizó la primera versión en la época en la que el cine sonoro aún no irrumpía con su estrépito en las salas. Sin embargo, la más celebrada y quizás la que todos recordamos sea la realización de Jack Clayton (1974), llevando en los estelares a Robert Redford y Mia Farrow; corto me quedaría de tanto elogio por esta realización que vi –afortunadamente- en un cine de la ciudad de México en aquella década.






Tal vez también con este morbo asistí a la exhibición de la actual versión de Baz Luhrmann, el reparto es muy bueno en el papel, Tobey Maguire (Carraway), Joel Edgerton (Buchanan), Isla Fisher (Mytler), Carey Mulligan (Daisy) y Leonardo DiCaprio (Gatsby) junto a otros muy buenos actores. Debo destacar que hace algún tiempo he considerado que DiCaprio va mostrando un enorme desarrollo de su talento, que vez tras vez, me convence más como un actor que ha dejado “la cara bonita” para convertirse de a poco en un mejor intérprete que vale la pena disfrutar.

Al gozar de esta nueva versión de la novela, no deja de asombrarme las distintas lecturas que una misma historia puede propiciar. Recuerdo que alguna vez leí en algún lado como F. Scott Fiztgerald el novelista, había tomado como fondo, transformando como elemento principal de la misma los hechos relacionados con un hombre igual de extraño que el personaje principal de su historia, habitante misterioso de “la gran manzana” y relacionado con Lucky Luciano, Meyer Lansky y Bugsy Siegel, quienes a la larga habrán de reinar sobre la Mafia de aquella ciudad y país. Esos motores mitad mito, mitad fantasía, parecen fueron igual de extravagantes y misteriosos como la narración en derredor de Gastby.




La versión 2013 es digan de ser disfrutada, gozada en su magnificencia sólo posible con los medios de hoy y tal vez, beneficiaria de algún reconocimiento futuro de la gran industria norteamericana. Yo por ahora quedo satisfecho. Vale.