jueves, 6 de febrero de 2014

Póstumo

Ayer, hace treinta años ya, decidiste irte a otro plano de la existencia. Mal haría si dijera que a “la eternidad”, esa, la eternidad, ya la habías ganado de a poquito, andando sin salpicar sobre las aguas alborotadas y turbias de todos los días, durante décadas. Te fuiste sin tapa, como quien lanza un escupitajo al mar, sin esperar respuesta, dejando atónitos a todos… cabizbajos, nostálgicos… enterándonos de que eras Rodolfo Guzmán Huerta.




Pienso que la eternidad la ganaste a base de trompones, mandobles, patadas, topes voladores, llaves y contra llaves. Pienso que fue esa primera vez que calzaste en tu rostro la tapa plateada que te identificaba como un ser calmo, de bondad y probidad… aunque en el bando de los rudos: -uno pensaría que a lo mejor hacías una manda sanadora para iniciar el camino-. Pero ese día, ante las marrullería de la novateada que te propinaba el adversario, los alaridos soeces, estridentes, chillones, majaderos y ciertamente mentadores de progenitora que te escupía “el respetable”, y es más, lo injusto de la justicia representada por el tercero en el rin: ¿quién podría aguantar tanta basura en tan corto tramo? ¿quién? ¿dónde un prohombre ajeno a tanta podredumbre? Ni un Santo… Así, luego de un feo lance que te azotó entre las gradas de la audiencia, en respuesta a tanto improperio en seguidilla, armaste la de Dios padre a base de sopla mocos, topes, patines saca muelas, jalones de greñas y demás lindeces… tanto que tubo que intervenir la gendarmería con razones, con palabras, con mentadas, con toletes y macanas… las cruces para cargar tanto herido, y las julias, para echar a los rijosos al botiquín. Reprimenda y multa: “no lo vuelva hacer, joven”.




Sobre el pancracio mexicano se fundió parte de tu historia. Otro de elemento fue tu campeonato universal de peso medio y el que jamás, nunca perdiste la máscara con todo y que te llegaron a poner unas de padre y señor mío. La invencibilidad de tu tapa plateada fue tu marca. Pero a la par, otra vertiente de tu inconmensurable fama creció en los puesto de periódico… si bien el mexicano nunca ha leído, y es analfabeto funcional por autonomacia, las historietas en color sepia y con magníficos dibujos fueron forjando parte de tu culto… el imbatible justiciero, el cabestro jijo de su contra la injusticia, el incorruptible en una sociedad llena de defectos –la corrupción, el malevaje y la desigualdad: “me suena, me suena”- fueron parte del triunfo. Mejor que la pandilla de Marvel que aparte es gringa, ganaba en las noche de sudor y saliva sobre el cuadrilátero, y ganaba en los días de historieta entre romances, asombrosas hazañas y gloriosas recompensas sólo dignas de un héroe.




Un buen día, tus aventuras enigmáticas y logros insuperables, empezaron a proliferar en el celuloide haciendo más grande tu fama y presencia en el imaginario del “respetable” que por supuesto apretujaba las salas de exhibición. Ya no sólo eras el icono de carne y hueso que se batía sobre la tarima noche a noche con el Dr. Wagner, Gori Guerrero o el Cavernario Galindo, entre otros; ni el héroe de historieta que encontraba sus adversario en Drácula o el Hombre Lobo en parajes fantasmagóricos; ahora, con voz de Víctor Alcocer o Narciso Busquet, acompañado de voluptuosas nenas, villanos desalmados y artefactos increíbles para la época: –luego utilizados a la nausea por el espía británico del M6 con “permiso para matar”-. Y así, montado y al galope del corcel de la posteridad, hiciste factible los sueños y las pesadillas de muchos.






Hace apenas unas dos décadas, de la mano de moneros jalisquillos Jis y Trino, el Santos v.s la Tetona Mendoza, con un humor ácido, escatológico y virulento, vinieron a complementar en la reserva patriótica del imaginario colectivo y la prensa nacional, el tapiz del suelo de tus andanzas. Y ahí estabas porque nunca, como tu máscara, te habías ido.




Ayer acaso debí recordarte y hacer un paréntesis, calzarme la tapa plateada, asomarme al balcón y ondear la bandera tricolor como si fuera un quince de septiembre cualquiera cantando tu alabanza: “¡Santo, Santo, Santo!”.



lunes, 3 de febrero de 2014

Día de la Candelaria



Cuando los españoles pisaron estas tierras, seguramente uno piensa que encontraron poblaciones desnutridas, famélicas y llenas de necesidades alimenticias y espirituales. Pues la cosa no fue de esa manera. Encontraron personas con prácticas alimenticias diferentes, distintas a las prácticas comunes de la soldadesca y farfulleros hispanos que venían en la expedición de Hernán Cortez. Nada de desnutrición: maíz, frijol y chile (que contienen juntos 20 de los 22 nutrientes básicos y esenciales para la vida) era la base de alimentación, complementada con peces, aves y yerbas de gran variedad y elementos nutricionales.



De esa tradición prehispánica nos llega al presente el gusto por el tamal y los atoles. En México solamente, se cuantifican de 500 a 5,000 las variedades de tamales que existen; debiendo aclarar que el tamal no tiene carta de naturalización y que se consume, con nombres distintos e ingredientes, en todos los rincones del continente. La forma del envoltorio y cocimiento varia: azados, al vapor, en las brazas, etc.
Básicamente el tamal, es un envoltorio de hojas que contiene una masa (maíz o trigo inclusive), con un relleno dulce o salado. Los rellenos son tan variados como la imaginación y los productos permitan, sin embargo lo común, para el grueso de la población en general es que se cocinen de pollo (verde), o cerdo y res (rojo), el color de las salsas y su sabor varia conforme los ingredientes sean utilizados, y los hay también de queso, rajas... En el pasado prehispánico los tamales eran de venado, jabalí, garza, guajolote, chapulines, huevera de hormigas, etc.
Una "guajolota" es una tradición muy del distrito federal mexicano: torta de tamal, un bolillo con su relleno de rojo o verde.


Ya de las muchas conmemoraciones de la tradición judeo-cristiana que se impuso en la mayoría del territorio del continente recién descubierto, nos llegan las tradiciones de procesiones, vírgenes y santos, razón por la cual organizaciones civiles cercanas a la Iglesia, amigos y creyentes se disponen a festejar anualmente -y siendo que "la niña es risueña y le hacen cosquillas"- y al mexicano le encantan los pretextos para hacer fiesta, pues la fiesta de la Candelaria que se festeja el 2 de febrero da marco idóneo para que se organice la tamaliza y el atole a razón de que partimos la Rosca de Reyes el 6 de enero pasado, y alguien sacó el niño y a "ese alguien" le toca, le toca.
El pretexto es congregarse con los amigos y la familia, platicar, echar relajo, comer tamales, una bailadita, tomarse un traguito y disipar las angustias de una vida que día con día es más caótica.

BUUUUUU!!!! INCHE PARTIDITO



Que ayer 2 de febrero: "Super Domingo". Lo que pasó realmente fue un bodrio a la gringa que tumbó las nutridas apuestas. Dos equipos sin una tradición verdadera de mucha audiencia y arraigo. Ya en el juego, una suerte de paliza, plagada de errores recurrentes, tan recurrentes que no puede tomarse como errores simplemente.

viernes, 31 de enero de 2014

El texto de un amigo (la Jornada Michoacán)



El acuerdo de Tepalcatepec: alcance e institucionalización de las autodefensas
Gustavo Ogarrio

El pasado lunes 27 de enero los grupos de autodefensa de Tierra Caliente, el gobierno federal y el gobierno de Michoacán firmaron un acuerdo en el que las autodefensas se comprometieron a incorporarse a los Cuerpos de Defensa Rurales. Al inicio de dicho documento se puede leer: “las autodefensas se institucionalizan al incorporarse a los cuerpos de defensa rurales”. El acuerdo consta de ocho puntos, en los cuales se decreta, además de esta institucionalización (que será temporal), la elaboración de un registro de integrantes y de armas de las autodefensas, así como tenues medidas contra la situación global de violencia en términos estructurales: auditorías a municipios de la Tierra Caliente; rotación de ministerios públicos, federales y locales; aplicar “todo el peso de la ley” a aquellos servidores públicos municipales y estatales “que tengan responsabilidad penal o administrativa, y que se encuentre totalmente acreditada”, entre otros.
Ninguna palabra sobre la responsabilidad del Estado en lo que se refiere a su estrategia “integral” contra el crimen organizado, ni siquiera una leve mención a sus posibles compromisos para impulsar el “desarrollo integral de la región”, a su actuación no sólo policiaca y militar en la perspectiva global de la violencia. Quizás es mejor que no se mencione la concepción desarrollista del Estado, arcaica, cuando la realpolitik del sistema político mexicano camina bajo el imperativo de la aplicación, ya sea intensa o gradual, del neoliberalismo. El acuerdo no tiene nada de “integral”, es quizás una mínima contención “institucional” de las autodefensas, aunque éstas sigan con esa avalancha de municipios que se suman al poder regional que está adquiriendo la posibilidad de ponerse a salvo del crimen organizado. Tampoco hay una sola palabra en relación a desmontar la profunda simbiosis entre el aparato político del Estado y su corporativización por parte del crimen organizado. Los gobiernos tanto de Michoacán como federal salen prácticamente intocados en este acuerdo, es decir, sus acciones y omisiones respecto a la metástasis de la violencia en los últimos años es invisible, no se expresa esa perspectiva que le da sentido y legitimidad a los levantamientos de las autodefensas: la ausencia y complicidad del Estado en lo que se refiere a la violencia estructural. Las autodefensas no lograron arrancarle al Estado mexicano ningún compromiso de gran calado, ningún aviso de replanteamiento de su condición actual, mucho menos alguna expresión que saliera de la lógica de la política entendida como espectáculo y que firma acuerdos para que se divulguen a nivel nacional e internacional y puedan revertir la “imagen negativa” de México en el exterior.
Las fotos del acuerdo de Tepalcatepec, en las que los líderes de las autodefensas se abrazan con el gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, y con el comisionado federal, Alfredo Castillo, son las imágenes de la ausencia de conflicto y, de alguna manera, significan el triunfo fugaz del despojo institucional de una causa legítima de sobrevivencia y autodefensa. Además, el crimen organizado es el otro gran ausente en los términos en los que se plantea y justifica el acuerdo, en su condición de poder de vida perversamente asalariada y de muerte, como el objeto principal que articula la violencia en su ejercicio más deshumanizado y de barbarie. Si se lee el acuerdo de manera descontextualizada, tal parece que la presencia de las autodefensas carece de legitimidad y de razones de sobrevivencia, tal parece que son ellas el problema de seguridad y no ese tronco de corrupción institucional desmedida, propiciado y tolerado por el Estado, en un contexto de crecimiento capitalista del crimen organizado.
¿Cómo se puede interpretar este acuerdo sin caer en el triunfalismo exasperante de los gobiernos involucrados y de la destrozada clase política michoacana, sin advertir que más bien abre las puertas, otra vez, a un tipo de simulación por parte del Estado y que simplemente hará asimilables todo lo que las autodefensas habían logrado cuestionar con su sola presencia? ¿Hasta dónde la institucionalización de las autodefensas de Tierra Caliente simplemente nos señala que cualquier gesto de sobrevivencia organizada será rápidamente asimilado por la articulación entre la retórica militar y policiaca del Estado y la intocabilidad de la estructura profunda del crimen organizado?
Más allá de comprender el surgimiento y el avance de las autodefensas como la posible salvación de un pueblo o una comunidad ante el naufragio del Estado y ante la ampliación y diversificación económica del narcotráfico, es también posible entenderlas como una articulación sumamente heterogénea de miedos y de sujetos, una mezcla de situaciones y de razonesque en los últimos días ha sido documentada: genuinos miedos de pueblos y comunidades que formaron una organización armada de sobrevivencia con una raíz agraria y popular; “desclasamientos” templarios de franjas media y bajas; articulación defensiva de propietarios, productores, líderes de comunidad y guardias espontáneos. Es obvio que para este momento de crecimiento de las autodefensas –ellos dicen que son 25 mil–, el acuerdo con el gobierno federal quizás resuelve una crisis de crecimiento, es decir, puede significar una manera de preguntarse por el alcance de sus acciones. De esto dependerá si su irrupción de sobrevivencia se transformará en una articulación política que llevará hasta sus últimas consecuencias esta “rebelión de las víctimas”. La magnitud de lo que en los últimos años creció como violencia funcional al capitalismo auténticamente salvaje en regiones como Michoacán es casi imposible de hacer consciente, la irrupción de las autodefensas, por más que no obtenga “triunfos” espectaculares o que termine asimilada por el Estado, ha sido ya una respuesta de sobrevivencia al exterminio y de justicia simbolizada, quizás en algunos casos hasta inconsciente en su proyección y recepción; una contención del crimen organizado en su contexto regional, un cuestionamiento radical de los fundamentos actuales de la política y del Estado;una articulación de sujetos en situaciones de aniquilación y que todavía están por definir el alcance social, político e ideológico de su irrupción.


miércoles, 15 de enero de 2014

IMPOSIBLE NEGARLO

¿Por qué escribir aquí de esto? Porque todo conflicto tiene siempre dos o tres caras y no siempre la cara lavada de los medios masivos es la legítima. En nuestro país estamos tan acostumbrados a aquello que los medios masivos dicen, hablan, pregonan estridentemente pero poco nos importa de donde viene el mensaje y sus implicaciones. Sin embargo, esta vez, conozco de primera mano la problemática y la entiendo.






Revista PROCESO

Michoacán, la guerra mediática y la demoscópica
Jenaro Villamil
14 de enero de 2014.

MÉXICO, D.F. .- Inició la guerra. De eso no hay duda. El problema es cómo llamarla. Atinadamente la portada de la revista Proceso que circula esta semana la titula: “Michoacán, la Guerra de Peña Nieto”. Y el operativo de control mediático del gobierno federal trata, sin mucho éxito, de evitar que el término “guerra” sea utilizado en el anuncio del despliegue masivo de fuerzas armadas del Ejército, policías y cuerpos especiales en la Tierra Caliente de Michoacán.

Las dos grandes televisoras, Televisa y TV Azteca, marcan la pauta de la inducción de una versión oficial poco creíble y aceptada: las fuerzas federales van a restaurar el orden y desarmar a todos los grupos.

El Noticiero, con Joaquín López Dóriga, privilegió la versión y los discursos oficiales: desde el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hasta el de un nada amable procurador general Jesús Murillo Karam, pero en su emisión del lunes 13 evitó la transmisión en vivo de imágenes desde la zona del conflicto.

Hechos de TV Azteca, aún más oficioso, trató de minimizar el grado de conflicto y prefirió continuar con una serie de infomerciales sobre entidades antes azotadas por el narcotráfico y ahora casi paradisíacas, como Durango.

Es evidente que la estrategia del gobierno de Enrique Peña Nieto de callar, ocultar o evadir el tema de la violencia derivada por los enfrentamientos con el narco y el crimen organizado ya no podrá ser mantenida por un año más. De nuevo, el Mexican Moment cede el paso al Narco Moment, y la administración federal cae en el mismo error del gobierno de Felipe Calderón: jugarse su credibilidad con medidas espectaculares de fuerza en otro Operativo Michoacán más.

Los titulares de los cinco principales periódicos de circulación en el Distrito Federal nos dan una idea de cómo pretende “gestionarse” el control informativo:

-El Universal: “Inicia desarme de las autodefensas”.

-La Jornada: “Asume el gobierno federal la seguridad de Tierra Caliente”.

-Reforma: “Chocan Ejército y autodefensas”. Fue el único periódico que mencionó en su nota principal el desmentido de José Manuel Mireles, presunto líder de las autodefensas, a una declaración transmitida en Televisa. El doctor dijo que no depondrían las armas si antes no detenían a los siete cabecillas de Los Caballeros Templarios.

-Milenio Diario: “Osorio: seremos ‘severos; Fausto pide exterminio”.

-Nuevo Excélsior: “Ultimátum a autodefensas”.

La gran mayoría de los noticiarios radiofónicos matutinos de este martes, al menos en el Distrito Federal, abrieron sus noticiarios privilegiando el reporte oficial. En muy pocos casos dieron voz a los líderes de las autodefensas. En MVS, Carmen Aristegui transmitió la entrevista simultánea con sólo cinco medios que Mireles concedió. Desmintió claramente la versión de Grupo Televisa.

La explosión más clara de versiones fue en redes sociales. La gran diferencia con 2007 –cuando inició la “guerra” calderonista en Michoacán– es el protagonismo de la información simultánea y horizontal que se está generando en Facebook, en Twitter y a través de decenas de blogs y sitios informativos on line, cuya cobertura es más amplia y crítica, como son los casos de SinEmbargo, Animal Político, La Silla Rota, Proceso, y las propias versiones digitales de los periódicos.

En Facebook, la página Valor por Michoacán se convierte en el auténtico termómetro de las versiones favorables a las autodefensas. En menos de medio día pasa de 10 mil a 12 mil 758 seguidores. Suben un video grabado en teléfono celular donde presuntamente elementos del Ejército disparan contra la población civil en su operativo “anti-autodefensas”.

Para la tarde de este martes, ya era otra guerra por las cifras y la percepción: el Ejército y la Secretaría de Gobernación admiten que hubo dos muertos en los operativos iniciales, pero la CNDH acredita versiones locales donde mencionan a cuatro muertos en Antúnez, incluyendo a un menor de 11 años, civil.

El despliegue de dos mil elementos federales en Uruapan y Apatzingán es la segunda nota en importancia. Los “federales” patrullan estos dos municipios emblemáticos. De acuerdo a su promesa, el gobernador Fausto Vallejo va a comenzar a despachar en Apatzingán, a partir de este miércoles 15.

Lo único que no han presentado es a un líder o dirigente de Los Caballeros Templarios detenido.

El apoyo a las autodefensas

El actor novedoso en este escenario, a diferencia de 2007 con el operativo de Calderón, son los grupos de autodefensa. Desde febrero de 2013 civiles armados tomaron el control de varios municipios de la Tierra Caliente de Michoacán y han logrado un apoyo social, dentro y fuera del estado, que no se había visto antes.

Aun con las múltiples y legítimas dudas que existen sobre la forma de armarse, de entrenarse, de financiarse y de organizarse, las autodefensas michoacanas ya se convirtieron en el eje de esta disputa.

La encuesta levantada el lunes 13 entre 900 personas por el Gabinete de Comunicación Estratégica, entre michoacanos y población nacional abierta, hablan de un claro apoyo, más entre mexicanos que no viven en la zona de conflicto.

Por ejemplo, en Michoacán 49% de los entrevistados se manifestó a favor de que los ciudadanos se armen y se organicen para defenderse del crimen organizado, mientras a nivel nacional el porcentaje se elevó a 53.5%.

El 64.9% de los entrevistados a nivel nacional apoyan a los autodefensas michoacanos, mientras sólo 31.4% se manifestó en contra.

En tanto, 46.7% de los michoacanos consideran falso que las autodefensas sólo pretendan restablecer la seguridad, contra 37.6% que lo consideró cierto.

Cuestionados sobre qué debe hacer el gobierno con dichos grupos, 33.1% de los habitantes de Michoacán dijo que deberían desarmarlos con amnistía y sin proceso legal, 23.1% pide dejarlos operar y sólo 14.7% considera que deben ser detenidos y encarcelados.

A nivel nacional, 33.9% opinó que deberían dejarlos operar, 24.4% consideró que las autodefensas deben ser desarmadas con amnistía, y menos de 10% abogó por que sean detenidos y encarcelados.

En otras palabras, a pesar de tener en contra a los medios masivos e institucionales, por ahora la guerra de la percepción pública la van ganando las autodefensas



lunes, 13 de enero de 2014

DOMINGO 12, MÉXICO D.F.











jueves, 9 de enero de 2014

La vida secreta de Walter Mitty



Tarde fría de principio de año, cuesta de enero, últimos quintos del aguinaldo: como otras tantas veces esta tarde asistí al cine. Realmente no sabia que encontraría en la cartelera normalmente, siendo la “capital del cine”, existen muchas salas abiertas y dispuestas a abrazar a cinéfilos en ciernes o al simple desocupado que casi termina el periodo vacacional en busca de un rato de entretenimiento sin culpa; mucha oferta de salas, poca oferta real de películas; dieciséis o diecisiete recintos, siete u ocho filmes repetidos hasta el hartazgo; eso si, filas interminables, en la dulcería.





Compré boleto para el horario más cercano, lugar en la zona más lejana a la pantalla y ¡oh sorpresa..! The Secret Life of Walter Mitty, dirección de Ben Stiller, producción (entre otros) de la 20th Century Fox; guión de Steve Conrad y en el reparto figuran Ben Stiller, Kristen Wiig, Sean Penn, Adam Scott, Patton Oswalt, Shirley MacLaine, Kathryn Hahn, Efraiem Hanna, Terence Bernie Hines, Joey Slotnick, Adrian Martinez, Jonathan C. Daly, Jennifer Leigh Mann, Barbara Vincent y Alex Kruz como regalo inesperado de Reyes Magos.





La historia a contar se podría sintetizar de la siguiente forma: Walter Mitty (Ben Stiller el protagonista) es la versión moderna de una persona atomizada-individualista que sueña despierta, el editor fotográfico corriente y común de una revista que con cierta regularidad se toma unas vacaciones mentales, evadiéndose así de su tediosa existencia, saltando sin empachos de un mundo crudo y poco satisfactorio a otro maravilloso, de fantasía, iluminado por un gallardo heroísmo, haciendo posible aquello que reza “vale más una imagen que mil palabras”, viajes inconmensurables, amores apasionados, triunfando constante sobre el riesgo, el temor, el peligro y su misma amorfa existencia en pos de una efímera epifanía. El centro del conflicto se presenta cuando se extravía una imagen crucial para la publicación, imagen que cerrará un ciclo importante, es entonces que Walter Mitty hace –en la realidad- lo inimaginable, lo extraordinario pasando de veras a la acción, embarcándose en una aventura sorprendente en busca de aquél bien extraordinario extraviado aparentemente.





La revista Life, esa celebrada publicación norteamericana cuya esencia fue por décadas el fotoperiodismo, es el motivo fundamental de la construcción iconográfica de la plástica del filme. La filosofía esencial de la publicación en cuestión, motor del filme como he dicho, fue que la imagen por sí misma contaba una historia y no sólo era el aderezo o complemento ilustrativo de la noticia. Hay un homenaje fastuoso, intrínseco, patente en cada rinconcillo de la cinta. Desde la arquitectura urbana, su reconstrucción minuciosa, pasando por el mobiliario, vestuario y cuanto detalle se mencione, hasta los esplendorosos paisajes silvestres logrando una magnificencia deslumbradora que vale mucho la pena disfrutar. Habrá quien crea que exagero, pero les invito a echarse un chapuzón por el grandísimo acervo iconográfico de la publicación de la que hablo.





Yo no sé si los Limière o quiénes inventaron y desarrollaron las tecnologías que hacen posible el cine entendieron en su momento, comprendían conforme avanzaban y buscan hoy en día amalgamar utilidad y arte. No lo sé… Pero si me salta de pronto, acosando, la pregunta de siempre: ¿y para qué sirve el cine? Para esto… Será la respuesta obvia. Para congelar en el tiempo el tiempo. Para permitir ver, constatar, llevarnos de la mano a ser parte, en los límites acotados de la lente y el tiempo de un instante, de un esplendoroso instante al espectar un mundo insólito, glorioso, maravilloso, un momento efímero de epifanía, una diminuta pincelada de “quintaesencia”. Como ese momento, casi pincelada en que Sean Penn, interpretando a un aventurero incontenible, intrépido fotógrafo que capta la imagen de ese “tigre fantasma” en las quebradas serranas de los Himalayas y no aprieta el obturador, guardando para sí mismo, Mitty y el vouyerista espectador el instante momentáneo, de lo eterno.





domingo, 5 de enero de 2014

¡¡Trinchen… Reyes!!


“¡Móndrigos! ¡¡Y siempre móndrigos… inches hermanos Reyes!!”

Entran a hurtadillas, de puntitas, ocultándose con el entorno de la noche espesa y las luces de la calle… Meneándose en sigilo, cual camaleones en avanzada, cambiando de forma y camuflaje: deteniendo el paso, mirando de soslayo, retrocediendo un poco, respirando por los poros, redirigiendo la mirada a otro sitio, midiendo el paso, avanzando... Reptando como sierpes... Silencitos como gatos con guantes al acecho… “¡¡¡Fuuuuuuaaaaahh!!!” Botaron los cerrojos de puertas y ventanas: y tentando acá, manoseando allá, picoteando ahí, pellizcando a cuya, palpando meneito; olisqueando, soplando, lengüeteando, mirando, atisbando, escudriñando, probando… en fin, metiendo la nariz –literalmente-, en todo a mano… La táctica, la usual de siempre dirán los enterados en asuntos de guerras, asaltos, robos, espionaje, sedición belicosa, vigilancia de personalidades… En formación Diamante: Melchor, Raspar y Basaltár en la vanguardia; el Caballo, el Camello y el Gordofante sus compinches, en la retaguardia. Listos a responder, desaparecer, transformarse, mimetizarse; a ocultarse en resquicios, muebles, cortinajes, lo que esté a mano... ¡Cual ninjas tortugonas!

Cuatro inviernos hace ya que hasta la primavera del siguiente año la Nenuca y éste Emilio la pasamos en las Europas. Deleitándonos de los manjares de la estación sombría que no gusta a muchas personas, por tanto, nos ocupa poco las anuales visitas a nuestra casa residencia de la horda de los hermanitos Reyes y su secuacería de gañañunflas. Como he dicho, semanas antes del solsticio, antes de comenzar el maratón Guadalupe-Reyes, andamos por aquellas áridas regiones primer mundistas tirando galanura: guantes, abrigo, bufanda y mochila en ristre; deleitando alegrías en paseos, vinos, quesos, potajes, cobertores de plumas de ganso, chocolate, brandy y brindis, castañas en fuegos de chimeneas chispeantes; abetos, renos, muérdago, enanos, adiposos mofletudos timbones de atuendos colorados. Por ello, ¿quién se puede ocupar con seriedad de estos tristes gatos desaliñados de barrio que a hurtadillas, de imperceptible manera, entran en busca de migas a las casas residencias acaso una vez al año, corriendo el riesgo inminente de ser sorprendidos, atrapados, vapuleados, sometidos y remitidos a la justa justicia que al año siguiente habrá de soltarles el hilito, cual mayates atados de una pata, para atarantarles y atraparles nuevamente? Nuestro país y el sistema tan recurrente en repetir los errores históricos, lo consiente y lo consentimos…

Este año sin embargo, endurecidos los timbres migratorios primer mundistas: “Sepa la razón: ¿o por qué?” Siendo muy claros para la chocolatina media africana y muy oscuros para la colorante blanquiruches nórdica nos echaron, cual centroamericanos apaleados en buque, ingreso ominoso a las calidas fronteras trasatlánticas mexicas: “sin Bestia… a pesar del “Rey” de José Alfredo y de aquello “de que de piedra a de ser la cama” de Cuco Sánchez”. Mochilas, gorras, sacos, guantes… arrastrados por pasarelas y galpones... “¡Unos inches caminantes del éxodo nahuatlaco: de los andurriales de Aztlán a los “caminos de Michoacán” el bonito!”.

Así, de esa manera, maltrechos y en ayunas, desembarcamos de éste sueño soñador en la ciudad de canteras rosadas y calles abiertas en canal, antes de navidades y fines de año… “!!!Bubububuuuuuu!!!!” La tristeza dibujada como pegote, marchita de tanto usarse: con la alegría extinta en la mirada, con el fuego apagado, con la fiesta interna solitaria; desolada, ajena al gozo, la dicha, la sensualidad, ausente del rumor de la algaraza… “¿Quién quiere visitar amigos? ¿Familia? ¿Quién busca el consuelo en otros y otras? ¿Quién puede alzar la copa que no sea de hiel amarga y sabor a centavo? ¿Cómo no partir en trizas la dicha con el filo filudo del velo de la obsidiana?”.

“Cerrad cortinajes. Echad cerrojos. Apagad luces. Ahogad y callad ruidos… Sentaos el culete en algún rincón ominoso de la casa residencia, tumbad los codos sobre las rodillas suspirando, gimoteando en imperceptible bisbiseo, chapoteando en el indecible y la torturante melodía del silencio por los siglos de los siglos…”

El tiempo no tiene historia, va delineando su perfil a golpe de cincel. Seis contornos extraños. Seis figurantes en gris intenso y blanco platino deambulando por las aristas de una cosa que se deshace en la efímera línea imperceptible de una realidad inconsistente. Irreal. Zigzagueante.  La vigilia, la desolación, la zozobra hace que todo se vea acuoso… Seis vahos que se desahogan con parsimonia en la bruma de la noche espesa, helada. Doce manos que tentalean, apachurran, acarician, frotan y repiten el apretón, el tentaleo, el agarrón… Seis intenciones, dos desconsuelos desorientados, un pensamiento rector… “¡Déjate de mamaaa..rrachadas, ése! ¡Afloja, Nenuca! ¿Qué tanto es tantito, ésa? ¡Abre las orejas que no oyen! ¡El tiempo es una raíz agarrada! ¡Garra que aprieta y no se desgarra con una hamburguesa desdentada! ¡¡Entiende lo que es entendible!! ¡¡¡Están acá!!! ¡¡Montados en el tobogán!! ¡¡Parados en el hollín y el flotante polvo cósmico!! ¡Polvo de estrellas! ¡Picos, piñatas y colores de papel picado! ¡Sabores a caña, tejocote, mandarina! ¡Confeti! ¡Espanta suegras! ¡¡Presta pa´ la orquesta…!! ¡¡Saca petaca!! ¡¡Saca que apesta!! ¡¡¡Saca muelas y poninas dijo popochas!!!   ¡¡¡Jajajajajajajajajajajajaja!!!”

Una lata de frijoles refritos en aceite, cebolla y chile picado. Ocho pedazos tristes de queso. Mendrugos y petadazos duros de bolillo sin lama de alguna noche sin fecha. Unos tragos de Sidra en vasos desechables, oculta y resguardada por el polvo, las telarañas y libros caídos por accidente hace meses, años. La santiguada promesa de que el Hulefante y el Raspar pagaran los tamales por sacar al Niño de la rosca que el Caballo hurtó de la panadería… Lagrimas de risa, bailongo y la noche que se extingue melancólica con las luces de la amanecida y el rumor de los primeros escuincles en los triciclos y los patines...

Los contornos de la Nenuca me abrazan desnudos, se frotan contra mi carne cálidos, bajo las sábanas que usamos para tapar los muebles del polvo...



Morelia. Enero, 2014.

viernes, 27 de diciembre de 2013






A TODOS LOS LECTORES:

SE LES AGRADECE SINCERAMENTE LA COMPAÑIA DURANTE EL AÑO QUE TERMINA, SE LES DESEA QUE SUS LOGROS Y DESEOS SE CUMPLAN AMPLIAMENTE EN 2014. 

UN ABRAZO. VALGA PUES.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Visando el camino

 

“Cartagena de Indias” le llamaron los españoles. Aunque Pedro de Heredia al fundarla en 1533 le llamara San Sebastián de Calamar, ubicándola en la costa norte de Mar Caribe colombiano y con el pasar del tiempo el puerto tomó el nombre actual, convirtiéndose después, en la capital del departamento de Bolívar.

Los españoles le llamaron Cartagena de Indias para diferenciarla de “Cartagena de Levante” que los cartagineses en sus guerras púnicas con los romanos fundaron en la costa ibérica de Murcia.

En tiempos de la colonia española con el puerto colombiano, Portobello y Veracruz, formaron el trampolín de lanzamientos de grandes fortunas en lingotes y especies que nutrían las arcas de los países europeos: ya de manera legitima, gracias a los buques españoles y ordenanzas de la Corona, o de forma mañosa, gracias al contrabando, saqueos, abordajes y rapiñas navales piratas. Constancia de esa forja calamitosa, se conservan parte de la fortificación amurallada, los castillos de San Felipe y San Fernando, los fuertes de San Lorenzo y Pastelillo, el Convento de la Popa, el Palacio de la Inquisición.

Me gusta este Emilio nuevo, el que camina por las callejuelas y los recovecos respirando los yodos ácidos y salobres de este mar caribe tantas veces transitado por buques, galeones y fragatas de todos los calados y naciones. Me gusta este Emilio a mitad del tercer lustro del milenio nuevo: sin adicciones, sin grandes tempestades humanitarias a cuestas, sin amistades oscuras; sin tablas, credos, misterios; tres quintos en la faldriquera, un libro de viajes, una matraca arrítmica en el pecho, unos huesos carcomidos, una pluma y la respectiva barra de tinta china. Me encanta el Emilio, por escalinatas que suben y bajan en barriadas coloridas, cual juego de serpientes y escaleras.

También me seduce esta batalla momentánea con el “cartañol” pegajoso, grosero, picante, hilarante… A ratos, inexpugnable en esa jerga caribeña sin traducción pero que igual embarra, estruja, conmueve y logra articular un discurso de salves y quien vives trepidantes, gozosos, mareantes. Estoy en el vórtice de otro hito del gran castellano. Parado, haciendo equilibrio. Articulando alguna parte que no busca ser “el manito”, la jerga hibrida e histórica del cine mexicano de los años cuarenta y cincuenta que en estas latitudes adquirió naturalidad y etiqueta, o el intragable lenguaje dizque mexica de Viruta y Capulina, achacable en su totalidad al Chespiro del Chavo, el Chapulín, el Botija… Me disculpo, busco urgente una letrina para vomitar a mis anchas.

Una arepa de huevo para abrir. Sancocho de sábalo, arroz con coco, plátano freído. Dos cervezas Aguila y un ron oscuro. El café es innegociable. Siguiendo con la escritura de la opípara comilona me preguntarán: ¿qué es una arepa de huevo? El platillo es muy simple si tenemos gusto por la cocina y sus secretos: una gordita de masa de maíz freída, doblemente freída, porque la fritura lleva un huevo o doblemente azada si esa es la forma del cocimiento. Freída una vez para que la masa cruda adquiera la forma de una gordita consistente, partida por mitad donde se inserta un huevo crudo que habrá de freírse en un segundo paso, antes de consumirlo.

Casi tres millones de personas se disputan un trozo de Cartagena. La diversidad cultural de las razas se mira a simple vista en la fisonomía de los habitantes: rasgos indígenas caribeños, europeos, africanos costeros mediterráneos, mulatos y mulatas que guardan las características y rasgos de un pasado esclavista no tan distante, donde el puerto fungió de paso obligado. Subyace sin embargo, un hilo invisible, homogéneo, perceptible que se mezcla y une las cosas en los bundes, fandangos y cumbiambas donde el tambor, las gaitas y demás instrumentos recuerdan un antiquísimo crisol donde se baten a fuego lento culturas tan diversas como sólidas melazas albaricoqueadas.

Esta mexicanidad se pone a prueba, como diría un sabio vallisoletano, no soy humilde. Veo desde un balcón el puerto en la amanecida y pienso en la contaminación de centurias. Escribo dos o tres líneas tratando de hallar un poco de esencia, de ambrosía, de polvo de musas en estos garabatos. Nada… Se tragan mis sentidos en el paisaje, la temperatura, la melodía lejana de la bachata. la flaquita morocha que sin disgusto de desviste frente a la ventana abierta… Nada… Cartagena de Indias le llamaron los españoles.


2.

“Cuando pases por Medellín me saludas a Pablo Escobar”.

Abordamos el bus en la tarde noche. Mochilas en el maletero, itacate surtido, suculento, agua embotellada, un termo inflado de “tintito” para consumir a sorbos cortos y lo mínimo en el bolso de viaje personal (documentos, diario, pluma y dinero). El trayecto a Medellín es de poco más de doce horas a riñón, monotonía y dormir a ratos mientras el paisaje de playas y marisma tropicales del Caribe cambia a los altiplanos de la montaña, llegando a la “ciudad de la eterna primavera” colombiana con el día.

“Terminal del norte”: desorientación, carreras, bullicio, bullanga y una llovizna pausada que da la bienvenida a los viajeros. Corto trecho desentumeciendo las piernas y el metro plus en la “Estación caribe”.

“Villa de nuestra señora de la Candelaria de Medellín” fue el nombre que le dieron en 1616 cuando los españoles la fundaron en lo que se llamó antiguamente, en épocas  precolombinas, el Valle de Aburrá. Igual que en el caso de Cartagena, el nombre de Medellín, fue tomado de otra ciudad existente desde el año 75 a. C. en la península Ibérica llamada Metellinum y que actualmente se conoce como Medellín de Extremadura, en la provincia de Badajoz. La actual Medellín en Antioquia Colombia, muestra su mejor sonrisa tras un hermoso arcoiris que pone límite al chubasco y deja resbalosas las calles.

Decidimos mi flaquita morocha y un servidor ser náufragos en una cuidad tan basta, tan cálida, tan soberbiamente amiga, Viajeros sin timón ni vela, cáscaras de nuez en mitad de las marejadas sensuales más abrumadoras por su calidez, la largueza de su emotividad hospitalaria, la constancia de su desapego, de su franqueza sin coto. Medellín abruma con su sinceridad, su lozana presencia franca, su multiculturalidad resalta en cada arista y conmueve en su marejada de costumbrismos: en su castellaño que atrapa en red de granos de café, aguardiente, canela y coco.

Pablo Escobar fue el coco de muchos, el villano favorito de los pasquines, el enemigo de las virtudes, la reencarnación del mal vivito y coleando. Mientras que para otros en estas latitudes, muchos otros la reencarnación del benefactor, el mecenas bien amado, el “Robin Hood” latinoamérica moderno, arquetipo de héroe y forajido sanguinario que enfrentó al sistema e inundó de “polvo blanco” las narices de los norteamericanos ávidos, insaciables, glotones, ricos… Difícil resulta no treparse al tabique de la moralina. Más todavía sabiendo de los 26 mil muertos de su guerra contra el Estado colombiano… ¿Pero cuál la posición ante los 70 mil cercanos sepulcros del sexenio de Calderón?

Imposible en Antioquia substraerse a una “bandeja paisa”: fríjoles, arroz, plátano, chorizo, carne, huevos, aguacate y arepa. Imposible substraerse a un “tinto”, a un “guarapo”. Pero aún más imposible substraerse a un trato, a un negocio, a un trueque de algo, de lo que sea, con antioqueños siempre deseosos y dispuestos a realizar un regateo, una escaramuza verbal que tiene como objeto un negocio, un arreglo, un trato.

Los monumentos de Botero están por toda Colombia tumbados, sentados, de pie. Sus rubicundas presencias invaden el paisaje urbano con el desparpajo celebrante de la dicha, la vida, la alegría y ese airecillo de sensualidad morbosa. Imposible escapar a su presencia física, magnificencia, magnetismo. Es como la sutil presencia de Macondo que todo lo impregna, lame, embadurna, empolva y carcome transgrediendo la mágica presencia de la realidad que invita a suponer que en cualquier esquina nos podemos encontrar con “Remedios la bella” o tal vez, uno de los muchos Buendía, deambulando por éstas comarcas y rincones. Me afano a describir al detalle lo ante dicho en la libreta de viaje, a tres mesas de la mía, disfrutando un tintito el Coronel Buendía espera una carta que nadie enviará…