jueves, 3 de julio de 2008

El encanto, tendajón mixto


Como parte de un desarrollo que tenía como base la Ecuación tonal que el Mtro. Luis de Tavira difundía como reguero de polvora dentro de las fronteras de la puesta en escena del teatro mexicano, algunos actores que proveníamos del desaparecido TIET (Taller de Investigación y Exploración Teatral) nos propusimos abordar la complejidad del Realismo Mágico del teatro de Elena Garro. Por eso, realizamos este montaje de: El encanto, tendajón mixto.

En ese entonces declarábamos en el programa de mano:
"La mayoría de quienes formamos parte de este elenco pertenecimos y pertenecemos al anhelo de investigar y experimentar en el complicado universo del quehacer humano y artístico. Es bajo ese ánimo, anhelos y afanes, por un teatro que se refleje simplemente sobre la escena que dedicamos, como homenaje póstumo, a Claudia Cecilia Alatorre y Rodrigo Villamil esta realización".

jueves, 26 de junio de 2008

Matrimonio, mortaja a quien le baja...






Guillermo Wusterhaus captó estas imágenes del estreno de Matrimonio, mortaja a quien le baja... durante el homenaje póstumo al Mtro. Emilio Carballido en el marco de la Muestra Estatal de Teatro 2008 y que se presentó en el Teatro Ocampo de la ciudad de Morelia, el pasado 23 de junio.
Además de una decena de actores, participaron el grupo de Poets Becam Silent que crearon la atmósfera metalera y en el diseño de imagen el Grupo Aux. Dirección de Arnulfo Martínez.

jueves, 12 de junio de 2008

Matrimonio, mortaja a quien le baja...


Este es el texto de nuestro programa de mano que presentaremos en lectura dramatizada el próximo lunes 23 de junio en el Teatro Ocampo en el marco de la Muestra Estatal de Teatro 2008:

Veracruzano de nacimiento, dramaturgo de profesión e incansable promotor de la literatura mexicana del siglo XX Emilio Carballido legó a la República del Teatro obras magníficas que definieron las colindancias de la comarca del quehacer teatral mexicano, en el mismo momento venturoso de su resurrección.
A decir del mismo autor Matrimonio, mortaja a quien le baja… es una pequeña farsa cómica donde los excesos de los personajes nos provoca -espectadores al fin-, en un tono desenfadado, pícaro y cargado de alusiones sexuales una forma de juzgar y reflexionar sobre el mundo al cual pertenecemos y que, a través del arma que es la risa, nos invita a transformar.
De ahí que al abordar este texto nos unamos al homenaje que justamente se merece el autor de Rosalba y los llaveros, El día que se escaparon los leones, Te juro Juana que tengo ganas, Felicidad y poco más de 400 obras más.

Echados a la legua, andando por los andurriales de la comarca del teatro, venimos con este proyecto escénico a buscarte, Oh público….

Valga pues.

Nuestros dramaturgos

ENSAYO PRESAGIO DE LIBERTAD


Lo dedico a Emilia Polet y a Omar Germánico; mis hijos.



"Un teatro sin contacto con el público carece de sentido."


Es obvio que cuando nos interesamos en una obra de literatura dramática -para leerla o montarla- es porque hemos encontrado en ella algo que queremos decir. El afamado director y dramaturgo alemán Bertolt Brecht definió, tal vez como nadie, con las siguientes palabras lo que debería ser la dirección teatral: "Contar una historia interesante, en forma de acción dramática, lo más claramente posible, y a un público determinado". Tal vez, esta definición del hacer teatro sea la mejor manera de encarar el texto que esta noche nos presenta el dramaturgo michoacano Fernando López Alaníz: Presagio de Libertad.
Contar una historia interesante; ¿qué más interesante que la historia nacional?; sus hechos y sus héroes. En forma de acción dramática; es decir, representando situaciones y eventos por medio de acciones. Lo más claramente posible; una representación teatral es recibida por el público una vez nada más. Aún en el caso de que regresara la misma persona como espectador, a la misma obra, en la misma sala, siempre se encontrará con dos funciones diferentes. Es necesaria, entonces, la claridad absoluta para comunicar la historia que se cuenta. En este sentido, el espectador de teatro por la misma condición del arte no puede, tal como lo haría el lector con un párrafo obscuro, releer lo que le resulta difícil de comprender. Lo que pasó, pasó y ha de ser entendido claramente por el espectador. Ahora bien, la cuarta premisa es a un público determinado; no todas las historias son interesantes para todos los públicos. Dicho en forma más precisa, no todas las historias tienen el mismo grado de interés para todos los públicos. Una historia interesante para un pueblo que construye en la paz, no necesariamente es interesante para un pueblo que se debate en la guerra. De ahí que estos primeros planteamientos nos lleven a replantearnos la jerarquización de la obra de un dramaturgo, sus condiciones y sus intereses generales en la perspectiva histórica. Asimismo, podríamos afirmar que el drama escrito es un fenómeno complejo que incide individual y socialmente, pues el hombre es un ser social; pero, también es individuo.
En otros momentos he mencionado que tal vez la obra más característica de un intelectual michoacano, cuya estética se halla profundamente arraigada en nuestra sólida tradición cultural, sea la realizada hasta hoy en día por Fernando López Alaníz. Su escritura, sobre el teatro y la escena, ha transitado libremente de los textos de orientación como: "Teatro en la Escuela" o sus pequeñas obras de interés social tales como: "El Huerto" o ese manuscrito sobre el abigeato que alguna vez conocí. Sin embargo, creo que la parte fuerte siempre se ha caracterizado por sus textos de reconstrucción histórica; donde su material son los eventos y sus héroes, son los pasajes cotidianos de seres de carne y hueso. Y que cumplen con creces la definición arriba descrita.
Su obra, como es característico de las obras perdurables, está entrañablemente imbricada a la labor de otro destacado creador de la escena michoacana, el maestro José Manuel Alvarez -quien ya tuvo ocasión de llevar a la escena el texto que hoy nos ocupa-. Como es de conocimiento público la mancuerna López Alaníz-Alvarez, ha cosechado triunfos célebres con títulos tales como: "Turátame", "Cuanícuti"; ambas ubicadas firmemente en las tradiciones y leyendas purépechas recopiladas por Don Eduardo Ruiz, en el siglo pasado. Y que señalan un parteaguas en la intención por divulgar costumbres y particularidades culturales que en la época señalada de los estrenos, significaban un mundo casi desconocido incluso para los propios michoacanos. Y que al parecer, en otro plano, significaban sólo un paso en la dirección señalada con respecto a lo realizado por otro michoacano universal, sobre la cultura azteca, Sergio Magaña.
La sola fecha del estreno de su "José María" que coincide con el Sesquicentenario del cambio de nombre de Valladolid por Morelia, el 3 de junio de 1978, nos va mostrando que la visión del dramaturgo López Alaníz es presentarnos un Morelos héroe, un Morelos hombre, un Morelos universal; un ser humano privilegiado cuyas circunstancias extraordinarias lo habrán de encumbrar a las alturas distantes del mito que "la historia de bronce" pondera y exige como único modo de enaltecer la figura romántica nacional de la historia oficialista. En este sentido, siguiendo el legado aristotélico, su teatro no pretende manifestarse como una expresión culta, lejana de sus raíces populares, que lo sitúen por debajo del divertimento, ya que él se aparta de este destino gracias a que logra presentarnos figuras consistentes, vivas, acontecimientos humanos ocurridos o inventados pero precisos, debido esencialmente al estudio profundo de la historia que el autor va realizando. Habrá quien afirme que este -su teatro- se inscribe dentro de la corriente del Teatro Documento que Vicente Leñero propició éxitosamente a partir de sus textos: "Pueblo rechazado", "Compañero", "El juicio" y, finalmente, "El Martirio de Morelos". Pero la sola presentación de las fechas de estreno aclararían dicho mal entendido, ya que "el Martirio" no se estrenó sino hasta 1982.
Conocedor de las figuras michoacanas, de los hitos históricos, su "Manifiesto a la Nación", no es otra cosa que la oportunidad de ahondar en la presencia humana del general Lázaro Cárdenas del Río. En ella nos demuestra también que el interés del dramaturgo no es mostrar la historia como un museo suspendido, aletargado, sino como un ente vivo que rescata del pasado aquello que el discurso oficial ha pretendido engañosamente ocultar. En su teatro recupera así la historia como una realidad que acontece de nuevo, trayéndonos a la memoria fechas y datos, como algo que pasa ante nuestros ojos, como algo esencialmente vivo.
Ahora bien, desde siempre la figura del Don Miguel Hidalgo, El Padre de la Patria, ha significado un reto para quienes lo han tratado de llevar a la escena: por su carácter; por su lucidez intelectual; por sus hechos de conocimiento público; por sus dotes polémicos; por su acartonada imagen de héroe y prócer universal; por la coyuntura histórica que su propia figura encarna. Por las omisiones y obscuridades que la reconstrucción historiográfica no ha logrado rehacer. De ahí que no sean pocas las obras que nos traten de mostrar un retrato si no fiel, si cercano a la imaginación, a la reconstrucción costumbrista de época y ubicación geográfica. Sin ir tan lejos ahí está la alegoría del monólogo "Hidalgo" de Emilio Carballido, o el personaje del que se habla constantemente en "Vientos de Libertad" de Don Eduardo Ruiz, del siglo pasado, o en las mofas petulantes, recién iniciadas las jornadas independentistas, que un tal Agustín Pomposo Fernández de San Salvador hace en "Las fazañas de Hidalgo, Quixote de nuevo cuño, facedor de entuertos". Y otros muchos trabajos realizados por infinidad de autores. Todos con la misma intención de acercar al espectador a una parte de la figura del prócer de la patria, Miguel Hidalgo.
Esto como hemos visto nos abre paso al análisis de la obra que hoy nos convoca: Presagio de Libertad. Desde las primeras líneas, dadas las características del texto que sitúa la acción en Valladolid provincia de Michoacán, Virreynato de la Nueva España, en febrero de 1782. Sus personajes son ubicados y pertenecen al realismo, su tono es neutro o dicho de otra manera, cotidiano, y el material de que se sirve es probable, entendiendo esto como: la representación típica de las más importantes actitudes y características humanas que el protagonista representa; asimismo, la anécdota es la configuración dinámica del choque, es decir, los movimientos sociales, morales y psicológicos que producen y resuelven la colisión del drama a que se refiere. Dicho de otra manera, lo probable, significa algo que sucede continuamente "o sucede así siempre" o nos referimos a características y actitudes humanas que han sido así a través del tiempo. La toma de conciencia de una razón histórica, la congruencia con una forma de pensar y actuar, el enfrentamiento de dos modos distintos de explicarse el mundo: ¿No es acaso esto lo que va mostrándonos a lo largo de este texto Miguel Hidalgo?
Al iniciar este breve ensayo cite a Bertlol Brecht, no fue una cita fortuita como se entenderá, encuentro un gran paralelismo entre la obra del Michoacano Alaníz y el Galileo Galilei del autor alemán. ¿A qué me refiero? En el cuadro Noveno dice el astrónomo a uno de sus discípulos:
Galileo.- ..Mi intención no es demostrar que yo he tenido la razón hasta ahora sino buscar si estoy verdaderamente en lo cierto.
Del mismo modo, Miguel Hidalgo, el rector del Colegio de San Nicolás se expresa, en el acto segundo, delante de su discípulo José María Morelos al tiempo que se deleitan con aguardiente:
Hidalgo.- El sistema es perfecto y total; ahora yo lo ataco en uno de sus flancos más fuertes: la teología. No triunfaré; pero no puedo detenerme. Caeré, pero caeré con la razón de mi parte; lo que hará más visible la imposición de la suya.
En el siglo anterior nace la tragedia moderna como género teatral. Tragedia porque se asemeja en muchos rasgo a esta y moderna porque hace su aparición a finales del siglo XIX. Sin embargo, la crítica dramática contemporánea ha considerado que los dramas escritos desde este período tienen una diferencia de intención muy clara con respecto a la tragedia y que, por lo tanto, se hacía necesario catalogar y describir las características de estos dramas dentro de una estructura perteneciente a un género aparte: La Pieza.
La tragedia de cualquier época, está estructurada en base a constantes tales que permiten la demostración de un juicio de valor universal.
La tragedia va a sintetizar todo aquello que representa la colisión histórica tras de la cual surgió el nuevo orden o sistema.
La complejidad de carácter del héroe trágico radica en que debe representar una acabada síntesis de las cualidades del hombre de su época, es un individuo histórico, que vive en un contexto histórico y social que llamamos orden cósmico o sistema ideológico; y un orden humano o sistema legal que justifica las relaciones de productividad.
En la pieza todo ocurre de diferente manera. En primer lugar pretende una demostración menos universal que la de la tragedia, pues en la tragedia queda comprendida toda la sociedad de determinado momento histórico; en la pieza, sólo una clase social va hacer sintetizada por el personaje. De esta manera, cada uno de los personajes de la pieza -llámense: Hidalgo, Morelos, Riaño, Abad y Queypo o Fray Antonio de San Miguel- representará a las distintas fuerzas sociales que entrarán en conflicto. El personaje de la pieza es la más acabada síntesis de las cualidades del hombre de cierta clase social, lo que muestra una mayor particularización con respecto al personaje trágico.
Como todo género realista, la pieza va a representar el marco histórico en que viven los personajes, pero, por un camino muy diferente al de la tragedia. La pieza va a situar todo lo relativo a la infraestructura de una sociedad como el "plano cósmico" y lo que se refiere al sistema ideológico u orden cósmico trágico, queda representado a través de la conducta e ideas de cada uno de los personajes.
Pieza y tragedia sólo tienen en común ser catárticas. Que ambas tengan catarsis no demuestra que, únicamente los géneros donde se intenta una síntesis completa de la realidad lograrán la catarsis. La catarsis es una energía que se libera en forma de sentimientos; pero, ha sido generada por una reflexión profunda y compleja de la realidad circundante del espectador.
La tragedia representa el cambio, la pieza, por su parte, es la calma que precede a la tormenta, muestra la lenta agonía de un sistema que no termina de morir; pero que ya muestra las fuerzas que van a sustituir a la clase que ha perdido la razón histórica de su existencia.
La pieza es un género que propone una visión macrocósmica del individuo determinado por la clase a la que pertenece, para resaltar lo anodino de un destino individual ligado indisolublemente a las circunstancias de clase y cuyo fin se aproxima.
Una nueva forma de vida se impondrá y no todos están dispuestos a cambiar para adaptarse a la transformación histórica; sólo unos cuantos entienden el reto y deciden actuar en consecuencia.
En síntesis: Presagio de libertad, de Fernando López Alaníz, no es otra cosa que el alumbramiento de una visión que el personaje Hidalgo se va formando con respecto al orden virreynal decadente -en todos sus planos: social, humanos y de conocimiento-. La pieza es un género dramático que contiene, en apariencia, muy poca acción o sea, su anécdota nos muestra un conflicto cotidiano que, a pesar de ser mínimo en apariencia y frecuente, el personaje extrae de él conclusiones importantes que transformarán su vida, su entorno, su tiempo; siendo éste el núcleo central de la acción del género aquí descrito.
El centro temático de Presagio de libertad lo constituye la demostración de la progresiva inamovilidad de una clase que se ha rezagado históricamente y que está condenada a la extinción irremediable. En otras palabras, tenía que suceder la decadencia, la emancipación de las ideas y de las relaciones sociales, porque dichos valores determinan el sentido del movimiento en la pieza. ¿Qué lo es si no la lucha permanente entre el liberalismo y el conservadurismo más recalcitrante, en todos los sentidos?
Lo primero que se observa en una obra de este género es la densidad del subtexto; todo sirve para ampliar el concepto de algo o alguien: las pausas, la mirada, la intención emotiva, los olores, etc.
Texto y subtexto sirven para conformar una estremecedora representación de la muy cercana revolución de independencia que hará desaparecer, como clase en el poder, a la aristocracia española que sigue aferrada a un modo de vida privilegiado y en franca decadencia, y a un deseo de que todo permanezca inamovible a costa de los demás.
No quiero concluir este breve ensayo sin agradecer antes la oportunidad que se me brindó de presentar mis conclusiones con respecto a la obra de mi amigo del Don Fernando. Invitación que por supuesto me halaga y enriquece.
Por último agregaré que, si de la obra de Vicente Leñero se ha dicho que "tiene un pie puesto en el teatro documento de Peter Weiss, pero que se ha enriquecido con el realismo pinteriano", creo, y no falto a la verdad, pues la razón me la da la cronología, que estos mismos juicios se pueden aplicar perfectamente a la obra del autor michoacano aquí presente.

Ah, el circo!!!


A principios del siglo XX, durante el Porfiriato, los circos tuvieron que afrontar en la capital del país, la dura competencia de las compañías de zarzuela y las teatrales: las tandas del Principal o las del Apolo, por ejemplo, pero sobre todo la de una novedad extraordinaria: el cinematógrafo.
Entre 1930 y 1940 existieron tres importantes circos en nuestro país, hoy desaparecidos: el Beas y Modelo, fundado por Francisco Beas; el Circo Fernandi, que fue el primero en presentar en México números con camellos, y el Circo Argentino -que se llamaba así porque los colores de su carpa recordaban a los de la bandera Argentina-, dirigido por el domador Felipe del Castillo.
A lo largo del siglo, muchos circos han aparecido y desaparecido, pero sigue siendo indudable la vitalidad del circo en México. Varias familias y empresarios continúan llevando el Circo por todo el país, divirtiendo por igual a los niños o los adultos, y los artistas mexicanos continúan presentándose, año con año, en las grandes carpas de México y del extranjero.
Las aportaciones innovadoras que han hecho los acróbatas mexicanos a lo largo del siglo, particularmente en las artes de las barras y el trapecio, son tan incontables como ignoradas.
Tan sólo dos ejemplos altamente significativos: el primer hombre en la historia del mundo que logró un éxito constante ejecutando un triple salto mortal en el trapecio volante, fue un mexicano: Alfredo Codona; el primero en ejecutar un cuádruple salto fue otro acróbata nacional: Miguel Angel Vázquez. Y en otras disciplinas, la historia está aun por escribirse.

jueves, 15 de mayo de 2008

Ensayo sobre el teatro michoacano

Bosquejo breve de la dramaturgia michoacana

"El teatro, en nuestro país, es un género poco conocido, casi nunca leído, ya que entraña una forma más abstracta y sintética que el ensayo o la narrativa, es palabra escrita para decirse en voz alta y escucharse en compañía, requiere, por tanto, de la comunicación colectiva”.

A pesar de las frecuentes visitas que a la ciudad de Morelia y el Estado de Michoacán han hecho, a lo largo de su historia, las distintas compañías teatrales y los esfuerzos de dramaturgos y teatreros locales, de sus relativas largas temporadas y éxitos, a pesar de ello, el público potencial, en todos sus niveles sociales y épocas, a sido más aficionado a la música. Tal vez ese gusto obedece a la fuerte tradición musical de la población de las comunidades indígenas, en esas profundas raíces. También, desde el siglo XVI: en el traslado de la sede episcopal cuya Catedral contó siempre con buenos cantores y músicos; en el establecimiento del Conservatorio de las Rosas y la Escuela Superior de Música Sacra en la ciudad de Morelia, con la actividad de compositores y maestros que a él llegaron a dar cátedra; con el Colegio de Infantes y con la presencia en la primera mitad del siglo XIX de compositores y pedagogos como Elizaga y Loreto; ya en éste siglo, con el denodado esfuerzo del canónigo José María Villaseñor y el maestro Bernal Jiménez que culmina una etapa en la llegada a la ciudad, en 1949, de Romano Picutti, quien inicialmente viene a impartir un curso vocal con duración de diez meses y que pronto se transformaría en el establecimiento de los Niños Cantores de Morelia.
Con todo ello, y contra esa fuerte tradición musical, autores como: Sergio Magaña, Wilebaldo López, Alfredo Mendoza, Fernando López Alanís, José Manuel Alvares, José Luis Rodríguez Avalos, Bernardo Villarreal, Neftalí Coria, G. L. Conrado, Alberto Valencia Cuin, Sergio Camacho, Jorge Gutiérrez, Sergio Monreal, Gustavo Jiménez, Arnulfo Martínez, Alan Delgado; intentan consolidar, a traves de su dramaturgia, en los años más recientes un movimiento teatral vivo y de características propias que corresponda a las necesidades de su medio y refleje el bullicioso interés por describirlo.
En un salto rápido al pasado, tratando de realizar un bosquejo que nos situé en el presente. A lo largo de la dominación española, dentro de la sociedad novohispana, subyace un acento extraordinario entre la desproporción económica y de clases que después determinó el carácter de los grupos, en cuanto a los partidarios de un proyecto de nación: por una parte, el conservadurismo a ultranza que busca mantener los privilegios históricos de los terratenientes feudales incluso la iglesia y, en el extremo contrario, quiénes deseaban la transformación de las fuerzas y contradicciones sociales, un estado progresista que aboliera la marginación existente y que se autodefinen así mismos como liberales.
"En nuestro país describe Jaime Chabaud en un artículo periodístico de 1997 , cuando México todavía no era México, aunque estaba en camino de conseguirlo. Al padre de la patria, Miguel Hidalgo, podemos considerarlo teatrero, entre otras cosas por haber traducido y representado a Moliere y a Racine en su curato". En un sentido estricto las ideas de la Ilustración animan de forma poderosa la participación activa en la vida social y política que se manifiesta en el arte, lo que nos hace suponer que, intramuros , la vida artística cohabita a sus anchas junto a otras expresiones intelectuales durante esa última parte de la colonia: actividad vital donde el rico comerciante, el español peninsular, el criollo acomodado, encontraban un espacio en donde divertirse fuera del cinturón ajustado de la moralidad eclesiástica existente, espacio intrínseco, donde florecen y se desarrollan las ideas revolucionarias de la Ilustración. Ello se refuerza cuando se sabe que unos meses después del alzamiento independentista por parte del cura Miguel Hidalgo ya corrían y se representaban textos como "Las fazañas de Hidalgo, Quixote de nuevo cuño, Facedor de tuertos &.C" del conservador Agustín Pomposo Fernández de San Salvador tratando, como es obvio, de descalificar y vituperar al cura, a sus capitanes y partidarios. En ese sentido, los atrios y las plazuelas asumirán con vitalidad extraordinaria una postura, de cualquiera de los lados del conflicto, con respecto al movimiento independentista. En los años posteriores a su consumación la imagen del héroe será un tema recurrente.
En este sentido, la sociedad michoacana se ve enfrascada en una lucha intestina, cruel, entre dos bandos irreconciliables, entre clases dominantes deseosas de protagonismo y predominio. El siglo XIX se presenta a nuestra vista como una lucha de proyectos sociales y productivos antagónicos. Dicho enfrentamiento, en el terreno ideológico, como en el pasado, se encona y recrudece en dos instituciones de la ciudad capital: el Seminario Conciliar que representa las aspiraciones centralistas y conservadoras y, el Colegio de San Nicolás de Hidalgo como justo balance opositor, progresista y liberal. Ambos espacios ideológicos y políticos albergan entorno a sí a los más destacados valores de las letras michoacanas, de ambos lados del campo. Por otra parte, los planteles fueron cerrados en la época de la independencia y en tanto el Seminario, es reabierto en la primera década del siglo XIX, el Colegio esperará tres décadas más para ser reabierto por el gobernador Melchor Ocampo.
La iniciación de los trabajos de la Academia Literaria del Seminario de Michoacán, en 1833, primera agrupación formada por un buen número de jóvenes seminaristas entorno al arte de la literatura, nombres y obras como las de Clemente de Jesús Munguía, Ignacio Aguilar y Morocho, José Guadalupe Romero, Florentino Mercado y Pelagio, Antonio de Labastida y Dávalos, entre otros: obra, por supuesto, de acentrado sentido clasista, centralista y conservador, "distinguidos en su mayoría más nos dice la Historia General de Michoacán como oradores y polemistas más que como poetas, sus versos, de una clara tendencia neoclásica, resultado sin lugar a dudas de la educación recibida". Y que posteriormente fueron secundados, en la época de la Intervención, por otros como: José Antonio del Río, Rafael Gómez, Tirso Rafael Córdova.
Como era de suponerse, la contrapartida, formada por la primera generación de exalumnos del Colegio de San Nicolás no se hizo esperar, en ella destacan nombres como Ramón Alvarez, Jesús Echaíz, Vicente Moreno y les sigue Gabino Ortiz "el preferido de la juventud" como señala en su sabrosa obra: Morelia en la Epoca de la República Restaurada, Xavier Tavera Alfaro : "de esta generación sus versos son sonoros, vibrantes, identificados por completo con la corriente romántica y el nacionalismo patriótico, acorde a la realidad mexicana del momento". También les siguen Justo Mendoza, Eduardo Ruiz, Mariano de Jesús Torres "el Pingo" y Alipio Gaytán: además de hacer poesía, este grupo incursionó en otros géneros como la novela costumbrista de carácter histórico, el periodismo, el teatro y el ensayo.
En este punto, quiero dar un salto que deseo no resulte tan violento pero, es realmente en la segunda mitad del siglo XX, cuando los autores dramáticos michoacanos buscan consolidar y sistematizar conscientemente un movimiento teatral que se origine desde una dramaturgia y temáticas propias. Sergio Magaña, es la evidencia más desarrollada de esta labor. Nacido en Tepalcatepec, Mich. Magaña se busca a sí mismo a través de una lúcida inteligencia. Contradictorio como los jóvenes de su tiempo, es el más representativo de la generación de los dramaturgos mexicanos llevados a escena a mediados de siglo. En 1951 se da a conocer en Los signos del Zodíaco, quizá la obra más vital de la literatura dramática mexicana. Magaña plasma un orden moral y social de pretensiones y rechazos, de frustraciones y recelos, otorgándole una forma verbal cerrada y justa, un hálito melodramático que es la única salida a que estos personajes pueden aspirar. Magaña comprendió que el melodrama es, en la etapa presente de una colectividad como la mexicana, su estilización posible, el grado concebible de teatralización de las circunstancias cotidianas, la vía de acceso a los placeres del sufrimiento. En 1954 estrena Moctezuma II y salta a la tragedia desdeñando los procedimientos clásicos para señalar al México prehispánico, debilitado como el de hoy por la desunión de los mexicanos, proyecta a un Moctezuma elegido de los dioses que necesariamente habrá de ser destruido por adelantarse a su tiempo.
En otros momentos he mencionado que tal vez la obra más característica de un intelectual michoacano, cuya estética se halla profundamente arraigada en nuestra sólida tradición cultural, sea la realizada hasta hoy en día, por el zitacuarense Fernando López Alanís. Su escritura, sobre el teatro y la escena, ha transitado libremente de los textos de orientación como "Teatro en la Escuela" o sus pequeñas obras de interés social tales como "El Huerto". Sin embargo, creo que la parte fuerte siempre se ha caracterizado por sus textos de reconstrucción histórica: donde su material son los eventos y sus héroes; son los pasajes cotidianos de seres de carne y hueso que escriben con sus acciones la historia patria.
Su obra dramatúrgica, como es característico de las obras teatrales perdurables, está entrañablemente imbricada a la labor de otro destacado creador de la escena michoacana, el santaclarense José Manuel Alvarez. Como es de conocimiento público la mancuerna López Alanís-Alvarez, cosechó triunfos nacionales célebres con títulos tales como: "Turátame", "Cuanícuti"; ambas ubicadas firmemente en las tradiciones y leyendas purépechas recopiladas por Don Eduardo Ruiz, en el siglo XIX. Y que señalan un parteaguas en la intención por divulgar costumbres y particularidades culturales que en la época de sus estrenos, significaban un mundo casi desconocido, incluso, para los propios michoacanos. Y que al parecer, en otro plano, eran sólo un paso en la dirección señalada con respecto a lo realizado, sobre la cultura azteca, por Sergio Magaña.
"El teatro -dice Yolanda Argudín, en la Introducción de Historia del teatro en México- es suma de las disciplinas artísticas que el hombre ha descubierto para trasmitir sus vivencias: es manifestación de la interacción armónica de dibujo, pintura, escultura, arquitectura, danza, música y literatura, reunión permanente y efímera de las formas de arte que activan la creatividad, susceptible de generar paisajes, estados emocionales y construcciones intelectuales por medio de la palabra, el silencio, el gesto, el desplazamiento que contienen las aproximaciones y los rechazos; los colores, las luces y las sombras que habitan los espacios, siempre didácticos; y las voces y los silencios imaginados para que las "personas teatrales" (autor, director, actor, escenógrafo y público) produzcan espectáculos generadores de imágenes como otras tantas posibilidades de la vida".
Si lo dicho por Yolanda Argudín es cierto, el teatro michoacano hoy espera sus mejores momentos de realización. Los autores arriba mencionados son sólo la punta del iceberg. Un bloque cuya base es muchísimo más amplia y vigorosa, pues su principal capital es la juventud y la cantidad de los mismos. Esto se pone en relieve en las realizaciones que recientemente presentaron Neftalí Coria, Sergio Camacho, Arnulfo Martínez, Sergio Monreal, Gustavo Jiménez; textos poseídos por un lenguaje poético cuya sonoridad e imágenes alcanzan matices antes no construidos en la literatura dramática michoacana. Y que por supuesto, advierten el vigor de una búsqueda intensa que pronto habrá de evidenciar las luces y las sombras de un teatro que pretende mostrarse a sí mismo, de cara y en contra sentido a otras tradiciones imperantes. Y que por otra parte encuentra, en la poca oportunidad de publicaciones destinadas al teatro y su distribución amplia, su principal lastre. Sólo como un comentario adicional, el colectivo Artístico Morelia ha logrado superar el centenar de obras de teatro que publica en una colección titulada: Libretos.

Sumario:
La dramaturgia michoacana se enfrenta al gusto acentrado por una tradición añeja, la música. Pero su mejor apuesta, son sus profundas raíces culturales, una bulliciosa y contradictoria tradición, siempre fluctuando entre el anacronismo conservador y el liberalismo desdeñante, y en otro sentido, un lenguaje dramático propio que empiezan a perfilar sus autores como en ningún otro momento de su historia.

Resumen:
Se describe la base de una tradición intelectual añeja en Michoacán y la búsqueda de caminos para consolidarse desde la dramaturgia.

martes, 13 de mayo de 2008

Teatro Rubén Romero



Este pequeño recinto universitario está ubicado a un costado del jardín de las Rosas, en donde fuera la rectoría y frente al Cine Morelia. Durante muchos años ha permitido el desarrollo del gusto por el teatro en muchas generaciones de estudiantes, principalmente, por los programas que constantemente realizan grupos y montajes organizados por la Mtra. Chela Morales.
Fue en las décadas de los años setenta y ochenta cuando se fortalecieron los programas que estimulaban la realización de temporaditas en ese teatro, primero impulsadas por Humberto Urquiza Marín (tiempo después el primer director del extinto Instituto Michoacano de Cultura) y fortalecidos posteriormente por el poeta Gaspar Aguilera.
El Teatro Rubén Romero, a pesar de las muchas limitaciones técnicas que posee en su estructura arquitectónica, a significado para la difusión del arte escénico y los intereses de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, un sitio importantísimo que se ha mantenido a base de perseveración.
En las imágenes muestran el recinto del teatro visto desde su entrada y una evidencia de escenografía durante un festival denominado de la Risa.

martes, 6 de mayo de 2008

Una entrega de reconocimientos


Durante las venturosas décadas de los años sesenta y setenta el Mtro. José Manuel Álvares, a la usanza de la época, instituyó una entrega de reconocimientos a lo más sobresaliente del teatro local y nacional. Los grupos locales de disputaban el honor. Por el escenario del Teatro Ocampo o del Seguro Social (que entonces no se llamaba Stella Inda, como ahora se denomina), anduvieron personalidades de lo más granado de la escena nacional.
En esta imagen vemos a la Mtra. Dalia Coria -presea en mano seguramente por "Cuanícuti" de López Alanís-, a la celebre villana de telenovelas María Teresa Rivas (Gutiérritos/ septiembre de 1958 la segunda telenovela mexicana trasmitida por el Canal 4), y por supuesto, a la primera actriz michoacana Lilia Prado.

Centro Cultural Universitario



Ubicado sobre la Avenida Madero, frente al legendario Colegio de San Nicolás; Alma Mater de la Universidad Michoacana, el Centro Cultural Universitario es una serie de recintos dedicados a la promoción de distintos quehaceres culturales de la vida universitaria. En su interior se encuentra un auditorio que si bien carece de muchas herramientas escénicas para definirlo como teatro, si permite montar pequeñas obras.
En las imágenes se muestra el foro con una escenografía que en la otra imagen retoca el Mtro. Miguel Alemán, quien a más de ser un excelente guitarrista, es también un artísta plástico que gusta de las artes escénicas.

El futuro de este edificio


Ubicado en el mismísimo corazón de la ciudad de Morelia, frente a un costado de la Catedral, de por medio la Plaza de los Mártires y la Plaza de Arma, originalmente fue un recinto llamado: Cine Colonial.
Con el pasar de los años el deterioro del inmueble obligó a los dueños a venderlo. Se dijo que se haría una tienda de ropa y artículos varios. Sin embargo, a petición y propuesta de muchos ciudadanos -un conato de incendio afortunadamente sofocado más que a tiempo-, tanto el gobierno estatal como el municipal lo compraron con la promesa de hacer de este el Teatro de la Ciudad.
Hoy la notica es que las negociaciones y proyecto van muy adelantadas y que para el Bicentenario de la Independencia se inaugurará.