martes, 16 de octubre de 2012

UNA MAS…


Lo he dicho antes: Michoacán, nuestro estado ha sido permanentemente un laboratorio político donde la caterva de sectas (ex porros de la UMSNH unidos en agrupaciones afines al PRI) han plantado sus reales. Jamás buenos en nada relativo a lo profesional: salvo en depredar los fondos públicos, las esperanzas y promesas a una sociedad siempre indignada pero pasiva y tolerante. Por años los ha tolerado a “ellos”, sus triquiñuelas, sus raterías, sus promesas incumplidas siempre 
Nací en un tiempo de turbulencia, anterior al emblemático 2 de octubre nacional que todos mencionan, polverada moreliana premonitoria de esa fecha que convulsionó a esta ciudad y Estado de la República. Tiempo de bullanga y protesta legítima que permitió -una vez más- el apropiamiento hegemónico por la fuerza de la gendarmería y la soldadesca del reinante PRI. Con Arriaga Rivera no sólo se apropiaron de la universidad michoacana y evitaron su posible desarrollo a futuro sino que descabezaron cualquier protesta e indignación al tiempo que controlaron -los porros, futuros políticos de el ahora-, la dirigencia de aquellos grupos de porros en espera y en embrión; la nueva dirigencia partidista se planto con pompa y boato hasta la eternidad de los tiempos.

Con Martínez Villicaña el descabezamiento del naciente PRD se dio en las calles, en las oficinas burocráticas, en las aulas... a contrapelo del movimiento sentimental y nostálgico de las fuerzas vivas del ámbito más hambriento de la urbe y el campo. Su naturaleza cardenista propició y justificó que en el feudo del “Tata” se buscara la limpieza al tiempo que la resistencia tomó forma. No hubo lugar donde no se escarbara ni rompieran las estructuras reemplazándolas por otras afines, dóciles e igual de corrompidas. Como evidencia inmediata las calles de la capital empezaron a conocer la invasión de los vendedores ambulantes que pegados a facciones partidistas activas jugaron su juego en la política ratonera local; cuyo inicio del clímax apareció con el advenimiento del primer perredista Presidente Municipal de Morelia y el priísta Gobernador Interino; años después –risible sólo imaginado en Michoacán- candidato perredista al Solio de Ocampo.

Por supuesto en este gran laboratorio las esperanzas siempre truncadas han tenido sus momentos bajos y altos –como señala el canon para cualquier romance que se precie en serlo-. Y los años de perredismo fueron de la expectativa esperanzadoras a la decepción más burda. Jamás satisfecha, jamás cumplido un mínimo anhelo; solo descalabros en las raterías del erario publico en negocios familiares nunca cuantificados, nunca penalizados ni siquiera comprobados porque ese caciquismo del “Tata” y su progenie sigue … y seguirá presente cual mancha corrosiva.

Así, tras un fallido encuentro con las políticas federales encabezadas por un ilustre hijo de estas tierras -derrotado antes aquí mismo por el porrismo priista-, nadando en la corriente, a compraventa de votos por kilos de cemento dimos paso de regreso al nepotismo, al caciquismo, a los grupos hegemónicos de choque, “la mano dura” e igual el negocio de familia y el fascismo de clase de la mano del viejo porrismo partidista nicolaita más soberbio, más descabellado e ilustremente ignorante…

Y este fragmento de columna publicada en la prensa nacional sólo describe la triste parte de un problema de décadas.


Astillas
Fausto Vallejo está decidido a hacerse valer a golpes como gobernador. Se enfrenta a una situación delicada, pues grupos estudiantiles altamente politizados pelean por reivindicaciones diversas mediante métodos como las tomas de edificios escolares, la apropiación de vehículos oficiales y la beligerante protesta pública que en otras ocasiones les han permitido desembocar en arreglos aceptables para ambas partes. Pero Vallejo ha decidido hacer a un lado las estrategias políticas y sustituirlas por el código penal y las fuerzas policiacas. El resultado es alarmante: más de 170 normalistas han sido detenidos; otros, golpeados; vehículos, incendiados, y se vive en Michoacán una tensa expectativa respecto a la capacidad política de ese gobierno de por sí endeble. Las imágenes de jóvenes ensangrentados, y de policías en gozoso ejercicio de la represión impune, enmarcan la frase de diazordacismo desesperado de Vallejo: no habrá tolerancia para grupos radicales. Irónico es, además, que en una entidad tomada bajo control férreo por grupos de narcotraficantes, sin respeto alguno por leyes ni instituciones, el gobernador Vallejo y los empresarios locales invoquen el estado de derecho como algo que debe ser defendido a sangre y fuego pero contra estudiantes de normales rurales... ¡Hasta mañana!

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