sábado, 18 de mayo de 2013

Réquiem por Miguel



Por distintos medios me han pedido que escriba algunas palabras en derredor de quien fue en vida Miguel Estrada, ¿por qué me lo piden?, será porque soy viejo y desde los siete años de mi edad he sido testigo del nacimiento y desarrollo de los muchos artistas y personajes, en campos diversos, de la ciudad que me vió nacer. Será también porque me ha tocado participar en pasajes interesantes e importantes de esa convivencia. No lo sé. Pero intentaré escribir dos o tres párrafos al respecto.

Hará unos 28 o 29 años que conocí a Miguel Estrada, en el seno de nuestras profesiones y vidas públicas comunes, el teatro. Lo conocí siendo él muy joven, de aspecto agradable, un aspecto que salvo embarnecer, nunca cambió. Un humor chispeante, locuaz y estridente como signo distintivo de su persona. No puedo decir, a costa de mentir, que le conozco interiormente, profundamente… O que me precio de ser su grande amigo. No. Pero tuve siempre la impresión en dos aspectos que trataré a continuación de describir.

Desde el principio de mi conocencia de Estrada, me pareció un tipo congruente, como ya he dicho, pulcro y con una extraña sinceridad –sinceridad extraña si se toma en consideración el grupo de artistas al que pretendía pertenecer, sabiendo que la mayoría de los hombres y mujeres de teatro son muy dados a la impostura y el cinismo- que mantuvo como una constante a mi persona, una suerte de respetuoso trato, cosa que agradezco.

En el terreno de su trabajo profesional tuve a bien observar muchos de sus papeles, direcciones y más de un texto escrito por él. Siempre mantuve la impresión de que esa bis cómica trasminaba lúdica y alegremente su proceder. Muchas veces encontré rasgos cachirulescos –se lo dije con todo el sentido de las palabras más de una ocasión- que llenaba de matices sutiles, agradables y sencillos que no redundaban en lo simplón y cargado, tan propio de las malas copias que pululan en nuestros tablados.

Creo que una perdida tan prematura siempre es dolorosa, pues deja truncas las muchas cosas que pudo hacer y mejorar. Descansa ya de tus aflicciones Miguel Estrada que pronto nos encontraremos saltimbaqueando en algún tablado… Vale.



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