martes, 14 de junio de 2011

Memorias del perro 5


Mediando unas cuantas cervezas, estas largas conversaciones memoriosas con mi buen amigo el Perro, siguen adelante surgiendo indudablemente del recuerdo del viejo, ya viejo entonces, cine Buñuel. Vino el comentario ácido después de ver algunos de los muchos portales cibernéticos que, seguramente jóvenes, han abierto hablando de la ciudad de Morelia. Portales diversos, documentados algunos en materias novedosas como el turismo: hoteles, cuartos, paraderos, cantinitas del centro histórico karaoke incluido, como algunas actividades culturales relacionadas, etc. Sin embargo, cuando hablan de materias no más antiguas de diez o veinte años atrás, se quedan cortos y son insustanciales. Por ejemplo, algo que enervó al Perro fue un comentario, en uno de esos portales, donde se refieren al actual cine Arcadia, misma ubicación del otrora cine Buñuel, como el “cine de la pornografía”.


                      
Silvia Kristel

Ubicado en la calle Eduardo Ruíz, casi esquina con Guadalupe Victoria dentro del sector Reforma, por muchos años estuvo al amparo de la Central Camionera que bullía de personal foráneo o local, cerquititas de la famosa Cueva de Chucho galerón propicio para la tragadera las veinticuatro horas del día. Es verdad que el Arcadia ha sido relacionado con el cine porno y erótico de más baja estofa, sin embargo en sus inicios, cuando el cine era conocido como “el Buñuel” las películas que ahí se exhibían se distinguían por ofertar una cinematografía diferente al circulo -en ciernes ya- que comercialmente empezaba a identificarse en salas como el Morelia o el Morelos, hoy matrices iniciales de lo que es actualmente Cinépolis.


                      



Muchas fueron las buenas películas que se presentaron en la sala del Buñuel. Mucho cine mexicano de discurso lento, de intenciones profundas cercanas al cine francés e italiano; de inmensos discursos psicológicos tanto en lo verbal como en las imágenes, con silencio kilométricos y pausas eternas que pretendían dejar en el espectador la intención de deducir y pensar. Ese cine de los años sesenta y setenta de Juan García Ponce, Gabriel García Márquez, Juan José Gurrola, Rubén Gaméz, Alberto Isaac, Juan Ibáñez, Miguel Barbachano Ponce, Alfonso Arau, Fernando Pérez Gavilan, Raúl Araiza, Gustavo Alatriste, Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo, José de Jesús Treviño, etc. Ese cine antecedente fidedigno del cinito de ficheras. El buñuel ofreció mucho de ese cine mexicano, anterior a la ruina que significaron Margarita López Portillo y su hermanito, guardián lacrimógeno de nuestras instituciones.


                        

De ahí el enojo y las menciones de mauser del Perro, por la falta de respeto a los muchos blasones que ese recinto ofreció con creces a quienes, jóvenes entonces como nosotros, gustamos del séptimo arte. ¿En qué momento se transformó el Buñuel en ese cinito de pornos XXX región 14.5?  Cuando las salas de los otros cines, principalmente el Morelia y el Morelos, se tragaron a los otros cines vallisoletanos y se impuso la cartelera comercial que hoy, en la matriz de la llamada ciudad del cine, padecemos con poquísimas variantes. Y sí, mientras que los otros cinitos se homogenizaban en una seguidllla de carteleras iguales e imperaba la programación del cine norteamericano del gacho, el Buñuel cambió de nombre y se le puso Arcadia abriéndose paso en un filón comercial hasta ese momento poco explotado en Morelia. Después se hizo nido de sus propias faunas y miserias.

             
Emmanuel

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